UNA ABSOLUCIÓN COMPLETA

"¿Quién acusará á los escogidos de Dios? Dios es el que justifica."
(Romanos 8:33)

Ah, ¡para saber que hemos sido absueltos completamente de toda nuestra culpa antes Dios hasta el punto que nunca, seremos jamás acusados de cualquier cosa antes de Él! No sólo eso, pero también "ser declarado justos" por Él "como si" nunca habíamos pecado contra Él. Es decir, amados, porque todos nuestros pecados han sido pagados por la muerte expíadora de Su amado Hijo, el Señor Jesucristo, nunca podemos ser condenados por cualquier pecado; y además, por siendo "justificados" somos tratados como si nunca hubiéramos quebrado la Ley de Dios sino que la habíamos obedecido completamente. Eso, por supuesto, ¡es sólo verdad si somos uno de los elegidos de Dios!

Note que se hace la pregunta: "¿Quién acusará á los escogidos de Dios?”  Ese quien tiene referencia a cualquiera; y eso, mis queridos amigos, ¡incluye a Dios mismo! La respuesta, por supuesto, se da en seguida: "Dios es el que justifica”. Entonces, eso quiere decir que ya que Dios es el QUIEN nos ha declarado justos, es decir, nos justificó por la fe en Su Hijo, en quien hemos sido “hechos justicia de Dios en él" (2 Corintios 5:21); y por supuesto, es una "justicia eterna" (Salmo 119:142), ¡nunca podemos ser condenados! Esto se aclara en el verso que sigue nuestro texto: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien además está á la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros." (Romanos 8:34). Él que tiene todo el derecho de condenarnos por nuestros pecados nunca lo hará porque no sólo murió Él para ellos, pero también ya que Él resucitó de los muertos y está a la diestra de Dios, Él esta intercediendo por nosotros en suplicando Su Sangre y Justicia por nosotros. ¡Podemos gritar un tronante ALELUYA!

Sea asegurado, santo de Dios, cuando aún su propio corazón se levanta para encargarlo con sus muchos fracasos y acusarlo de sus pecados; o cuando el mundo le llama un hipócrita cuando usted falla como un cristiano; o aún cuando el diablo le cuchichea en la oreja que realmente usted no es salvado porque ha hecho algo que no debería haber hecho, (otro que el Espíritu Santo esté convenciéndole de Su desobediencia al Padre celestial), ellos, quiero decir, el corazón, el mundo, y el diablo, no tienen derecho de cargarle con nada. Por supuesto, esta verdad maravillosa no nos da la libertad a vivir de cualquier manera que escogemos para el pecado y en el pecado; al contrario, esta Palabra preciosa de Dios debe de obrar eficazmente en nuestras vidas para que lo siguiente sea verdad de nosotros: "Hijitos, no os engañe ninguno: el que hace justicia, es justo, como él también es justo" (1 Juan 3:7). Pero otra vez, esto sólo puede ser verdad si somos uno de los elegidos de Dios que "según nos escogió en (Cristo) antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor" (Efesios 1:4). Amén.