El Amor de Dios y la Intención de la Expiación

Por
D. A. Carson,

Profesor Investigador de Nuevo Testamento en Trinity Evangelical Divinity School en Deerfield, Illinois.

Traducido por Lasaro Flores

Aquí deseo ver si los enfoques que hemos estado siguiendo con respecto al amor de Dios pueden soltar alguna luz en otra área conectada con la soberanía de Dios – el propósito de la Expiación.

La etiqueta de "la expiación limitada" es singularmente infortunado por dos razones. Primero, es una expresión defensiva y restrictiva: aquí está la expiación, y luego alguien quiere limitarlo. La noción de limitar algo tan glorioso como la Expiación es intrínsecamente ofensivo. Segundo, aún cuando inspeccionado más con serenidad, "la expiación limitada" descamina objetivamente. Cada vista de la Expiación es “limitada” en alguna manera, salvo la vista del universalista entera. Por ejemplo, el arminiano limita la Expiación como solamente potencial para todos; el calvinista considera la Expiación como definido y efectivo (es decir, ésos por quienes Cristo murió ciertamente serán salvos), pero limita esta eficacia a los elegidos; el amiraldiano limita la Expiación en mucho de la misma manera que los arminianos, aunque las estructuras de ceñir por debajo son diferentes.

Por lo tanto, puede ser menos perjudicial, en distinguirse la expiación general y la expiación definida, en vez que la expiación ilimitada y la expiación limitada. El arminiano (y el amiraldiano, a quienes amontonaré juntos para esta discusión) sostienen que la Expiación es general, es decir, suficiente para todos, disponible para todos, en la condición de fe; el calvinista tiene que la Expiación es definida, es decir, intentada por Dios para ser efectivo para los elegidos.

Por lo menos parte del argumento a favor de la expiación definida corre como en seguida. Permítanos otorgar, por el argumento, la verdad de la elección. [Nota al pie 1: Si alguien niega la elección incondicional, como un arminiano informado (pero no un amiraldiano) hace, la mayoría de los calvinistas querrían comenzar más atrás]. Eso es un punto donde esta discusión se cruza con lo que fue dicho en el tercer capítulo acerca de la soberanía de Dios y su amor eligiente. En ese caso la pregunta puede ser encuadrada de esta manera: Cuando Dios envió a su Hijo a la cruz, ¿pensó Dios diferente en el efecto de la cruz con respecto a Sus elegidos de forma distinta de la manera que Él pensó del efecto de la cruz con respecto a todos de los demás? Si uno contesta negativamente, es muy difícil ver en verdad a ése sosteniendo de todo a una doctrina de elección; si uno contesta positivamente, entonces uno se ha virado hacia alguna noción de la expiación definida. La claridad de la Expiación gira más bien sobre el intento de Dios en la obra de la cruz de Cristo que en la mera extensión de su significado.

Pero el asunto no es solamente uno de lógica dependiente sobre la elección. Los que defienden la expiación definida citan textos. Jesús salvará a Su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21) – no a todos. Cristo se dio a sí mismo “por nosotros”, es decir, por nosotros el pueblo del nuevo pacto (Tito 2:14), “para redimirnos de toda iniquidad, y purificar para sí un pueblo peculiar, celoso de buenas obras”. Además, en su muerte Cristo no solamente hizo provisión adecuada para los elegido, sino Él logró realmente el resultado deseado (Romanos 5:6-10; Efesios 2:15-16). El Hijo de Hombre vino a dar “su vida en rescate para muchos” (Mateo 20:28; Marcos 10:45; compare Isaías 53:10-12). “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25).

Sin embargo, el arminiano responde que hay simplemente textos demasiados en el otro lado del asunto. Dios “de tal manera amó al mundo” que Él dio a Su Hijo (Juan 3:16). Los dispositivos listos exegéticos que hacen "el mundo" una etiqueta para referirse a los elegidos no son muy convencedores. Jesucristo “es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2). Y mucho más de lo mismo.  

Así que, ¿cómo forjaremos adelante? Los argumentos formados en ambos lados son, por supuesto, más numerosos y más sofisticados que he indicado en este dibujo de miniatura. Pero recuerda por un momento el resumen que proporcioné en el primer capítulo de las varias maneras que la Biblia habla acercas del amor de Dios: (1) el amor dentro-trinitario de Dios, (2) el amor de Dios demostrado en su cuidado providencial, (3) la invitación y el anhelo de advertencia de Dios a todos seres humanos en invitándolos y mandándoles a arrepentirse y creer, (4) el amor especial de Dios hacia los elegidos, y (5) el amor condicional de Dios hacia Su pueblo del pacto al hablarles en la idioma de disciplina. Yo he indicado que si usted absolutiza cualquiera de estas maneras en las que la Biblia habla del amor de Dios, usted engendrará un sistema falso que exprime otras cosas importantes que la Biblia dice, y así por último retorciendo su visión de Dios.

En este caso, si adoptamos el cuarto de estas maneras de hablar del amor de Dios (a saber, el amor efectivo y particular de Dios hacia los elegidos), e insistir que esto es la única manera que la Biblia habla del amor de Dios, entonces la expiación definida es exonerada, pero al costo de otros textos que no quedan fácilmente en este molde y al costo de no poder decir que hay algún sentido en que Dios demuestra una postura amorosa, anhelosa, y salvifica hacia el mundo entero. Aún más, entonces no podría haber sentido en que la Expiación es suficiente para todos sin excepción. Alternativamente, si usted pone todos sus huevos teológicos en la tercera cesta y piensa de el amor de Dios exclusivamente en términos de una invitación abierta a todo ser humano, uno no sólo ha excluido la expiación definida como un teológico construye, pero también una cuerda de pasajes que, leídos más naturalmente, significa que Jesucristo si murió en alguna manera especial por Su propio pueblo y que Dios con el conocimiento perfecto de los elegidos vio la muerte de Cristo con respecto a los elegidos en una manera diferente que en ver la muerte de Cristo con respecto a los demás.

Seguramente sería mejor en no introducir disyunciones donde Dios mismo no los ha introducido. Si uno sostiene que la Expiación es suficiente para todos y efectivo para los elegidos, entonces ambos conjuntos de textos y preocupaciones son acomodados. Por lo visto, un texto como 1 Juan 2:2 indica algo acerca de la anchura potencial de la Expiación. Según como comprendo el contexto histórico, los adversarios de los primeros gnósticos que Juan enfrentó que se pensaban de sí mismos como un élite ontológico que disfrutaban del vestigio interior con Dios a causa de la penetración especial que ellos habían recibido. [Nota de pie 2: He defendido esto como el fondo, en alguna longitud, en mi comentario venidero en las Epístolas del apóstol Juan en el Nuevo Testamento griego Internacional Comentario (NIGTC).] Pero cuando Jesucristo murió, John vuelve a responder, no fue por, dice, los judíos sólo o, ahora, de algún grupo, el gnóstico o de otro modo, que se levanta como intrínsecamente superior. Muy lejos de ello. No fue sólo por nuestros pecados, sino también por los pecados del mundo entero. El contexto, entonces, comprende que esto significar algo como "potencialmente por todos sin distinción" antes que "efectivamente por todos sin excepción" – porque en el último caso todos sin excepción deben ser seguramente salvados, y Juan no supone que eso sucederá. Esto está en línea, entonces, con pasajes que hablan del amor de Dios en el tercer sentido listado anteriormente. Pero es difícil de ver por qué esto debe excluir el cuarto sentido en los otros pasajes.  

En los últimos años yo he tratado de leer ambas fuentes primarias y secundarias en la doctrina de la Expiación de Calvin [Nota de pie 3: Uno de los últimos tratamientos es G. Michael Thomas, La extensión de la Expiación: Un Dilema para la Teología Reformada de Calvin del Consenso (1536-1675), Monografías Bíblicas y Teológicas Paternóster (Carlisle: Paternóster, 1997). Uno de mis impresiones más fuertes es que las categorías del debate gradualmente cambian con tiempo de modo para forzar disyunción donde un pedacito ligeramente diferente de pregunta-encuadrar permitiría síntesis. Corrigiendo esto, sugería, soy uno de las cosas útiles que podemos lograr de un estudio adecuado del amor de Dios en las Sagradas Escrituras. Porque Dios es una persona. Seguramente es nada sorprendente que si el amor que lo caracteriza como una persona es manifiesto en una variedad de maneras hacia otras personas. Pero es siempre amor, por todo eso.

Razono, entonces, que tanto los arminianos como los calvinistas deben afirmar correctamente que Cristo si murió por todos, en el sentido que la muerte de Cristo fue suficiente para todos y que la Escritura representa a Dios como invitando, mandando, y deseando la salvación de todos, por amor (en el tercer sentido desarrollado en el primer capítulo). Aún más, todos los cristianos deben también confesar que, en un sentido ligeramente diferente, Jesucristo, en la intención de Dios, murió efectivamente solo por los elegidos, de acuerdo con la manera que la Biblia habla del amor especial selectivo de Dios para los elegidos (en el cuarto sentido desarrollado en el primer capítulo).

Pastoralmente, hay muchas implicaciones importantes. Menciono sólo dos.

(1) Este enfoque, en contenido, debe venir seguramente como un alivio a los jóvenes predicadores en la tradición Reformada que tienen hambre para predicar el Evangelio efectivamente pero que no saben cuán lejos ellos pueden ir en decir cosas como "Dios te ama” a los incrédulos. Cuándo yo he predicado o dado una lectura en círculos Reformados, frecuentemente se me hace la pregunta, "¿Se siente libre decirle a los incrédulos que Dios los ama?” Sin duda la pregunta me es puesta porque yo todavía hago más de poco de evangelismo, y las gentes desean modelos. Históricamente, la teología Reformada en su mejor forma nunca ha sido lenta en el evangelismo. Pregunte a George Whitefield, por ejemplo, o virtualmente a todas las luces principales en la Convención Bautista del Sur hasta el fin del siglo pasado. Desde lo que yo ya he dicho, es obvio que no tengo vacilación en contestar esta pregunta de jóvenes predicadores Reformados afirmativamente: Por supuesto yo le digo a los inconversos que Dios los ama.

No por un momento estoy sugiriendo que cuando uno predica evangelísticamente, uno debía retirarse a pasajes del tercer tipo (arriba), deteniéndose en el cuarto tipo hasta que después que una persona sea convertida. Hay algo sórdido acercas de ese tipo de enfoque. Ciertamente es posible predicar evangelísticamente cuando tratando con un pasaje que enseña explícitamente la elección. Spurgeon hacía este tipo de cosa regularmente. Pero yo digo que, con tal que hay un compromiso honesto en predicar todo el consejo de Dios, los predicadores en la tradición Reformada no deben vacilar por un instante en declarar el amor de Dios para un mundo perdido, para individuos perdidos. Las maneras de la Biblia de hablar acerca del amor de Dios son suficiente completas no sólo para permitir esto sino también mandarlo. [Nota de pie 4: Compare reflejos casi semejantes por Hywel R. Jones, "¿Es Dios Amor?” en Banner of Truth Magazine 412 (1998 de enero), 10-16.]

(2) Al mismo tiempo, para preservar la noción de la redención particular se prueba importante pastoralmente por muchas razones. Si Cristo murió por todas las personas con exactamente la misma intención, como medido en cualquier eje, entonces es seguramente imposible evitar la conclusión que la última marca distinta entre los que son salvados y los que no son es su propio albedrío. Eso es seguramente base para la jactancia. Este argumento no imputa al Arminiano con ninguna comprensión de la gracia. Después de todo, el Arminiano cree que la cruz es el fundamento de la aceptación del cristiano ante Dios; el escoger en creer no es en ningún sentido la base. Todavía, esta vista de gracia requiere seguramente la conclusión que la última distinción entre el creyente y del incrédulo está, por último, en los seres humanos mismos. Eso trae consigo una comprensión de la gracia bastante diferente, y en mi opinión mucho más limitado, que la vista que traza la última distinción atrás a los propósitos de Dios, incluyendo sus propósitos en la cruz. Las implicaciones pastorales son muchas y obvias.

D. A. Carson, The Difficult Doctrine of the Love of God (Wheaton, Ill: Crossway Books, 2000), 73-79.