ASEGURAR SU RELACIÓN CON DIOS

“Procurad tanto más hacer firme vuestro llamamiento y elección” (2 Pedro 1:10)

Por Lasaro Flores 

En estos tiempos de "fácil creerísmo", temo que hay multitudes de cristianos profesos que han sido engañados en pensar que todo lo que se necesita para ser cristiano es simplemente reclamar que ellos "creen en Jesucristo". Aunque sea muy verdad que para que uno sea salvo ellos tienen que “creer en el Señor Jesucristo” (Hechos 16:31), como el apóstol Pablo le dijo al carcelero filipenses, mas tenemos que decir que lo que Pablo significó por “creer” no es lo mismo como es utilizado hoy. Usted mismo puede probar esto en preguntar a cualquier miembro de iglesia que usted conoce si ellos creen en Cristo; y sin duda ellos contestarán afirmativamente. Pero si hubiese de examinar sus vidas por lAa Palabra de Dios, USTED tendría que decir que sus vidas contradicen lo que ellos profesan. En otras palabras, su "creer en Jesús" no ha cambiado realmente sus vidas. Por lo tanto, diciendo simplemente que "yo creo en Jesús" no me asegura que tengo una relación correcta con Dios, que debe ser manifestada en mi vida si creo verdaderamente en el Señor Jesucristo como mi Salvador. 

Ahora, por favor no me mal entienda: Yo no implico en ningún sentido de la palabra que nuestra relación salvadora con Dios es dependiente en cualquier cosa que hacemos como cristianos, es decir en que hacemos esto o sea aquello, o no hacemos esto o sea aquello. No, ¡es basado únicamente SÓLO en Jesucristo, SÓLO por Gracia, y SÓLO mediante la Fe! Pero como veremos que creer en Jesucristo implica más que solamente el "asentimiento intelectual" a las verdades “del evangelio de la gracia de Dios" (Hechos 20:24). Eso, amados, es lo que temo es el peligro en que se encuentran multitudes de cristianos profesos en las iglesias porque ellos "creen". Quizás en su niñez asistieron a la Escuela Dominical, al Catecismo, o a alguna clase de Biblia, y han aceptado lo que ellos han oído ser verdad y han "creído". Luego hay ésos que han hecho "una decisión para Cristo" en responder a la invitación del altar que es practicada generalmente en muchas iglesias y ahora ellos "creen". Pero ¿es esto lo que el apóstol Pablo significó cuando dijo, “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú” (Hechos 16:31)? 

Cualquier estudio serio de las Escrituras nos mostrará que la fe salvadora implica mucho más que simplemente "creer"; y eso siendo el caso, sería para nuestro beneficio en saber lo que verdaderamente significa “creer en el Señor Jesucristo” y ser salvo. Así que, con eso en cuenta, vamos a considerar lo que el apóstol Pedro nos está diciendo en que debemos de “procurad tanto más hacer firme nuestro llamamiento y elección” (2 Pedro 1:10) si reclamamos ser cristianos. Desde el principio, esta exhortación lo hace muy claro que no debemos de tomar nuestra profesión de fe como creyentes del Señor Jesucristo de por supuesto. A través de las Escrituras, somos advertidos acerca de ser presuntuosos y de asumir simplemente porque ya "creemos". El apóstol Pablo también nos advierte que cristianos profesos pueden “creer en vano” (1 Corintios 15:2); y no se olvide de ésos a quienes el Señor Jesús les dijo que Él “nunca os conoció” (Mateo 7:23) aunque ¡ellos profetizaron, echaron fuera demonios, y hicieron muchos milagros en Su Nombre (v.22)! ¿No consideraría usted a estos individuos de ser "creyentes" y todavía están perdidos? Oh, ¿cuántos están en las iglesias que "creen en Jesús" y por supuesto lo están sirviendo y todavía están perdidos? 

Creo que una de las razones trágicas muchos son engañados acercas de su relación con Dios en Jesucristo es porque no han “aprendido así a Cristo” (Efesios 4:20), es decir, ellos no han aprendido la verdad de lo que significa de ser un seguidor de Cristo; y esto porque no "lo han oído (como predicado por Sus siervos), y haber sido por Él enseñados (por Su Espíritu) de cómo la verdad está en Jesús” (v.21). Para entrar en una relación salvadora con Él uno tiene que oír la verdad de la Palabra de Dios para saber lo que es de creer en Su Hijo; porque la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Además, esta fe que viene por oír la Palabra de Dios (que “es verdad” [Juan 17:17]) trae al oyente a la “salvación, por la santificación del Espíritu y la fe en la verdad (2 Tesalonicenses 2:13). Por lo tanto, amados, la necesidad absoluta para uno que ha hecho una profesión de fe en Jesucristo de continuar en la verdad; de otro modo, su "creer en Jesús" puede ser fundada en arena hundimiento, y al fin de todo, su "fe" se disipará como la niebla con el calor del sol creciente. Sigue, entonces, que necesitamos de asegurar nuestra relación con Dios; y esto únicamente en la base de que Él “nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:6), es decir, en Su Hijo, el Señor Jesucristo. 

Ahora, nuestro texto nos dice que debemos de “procurad tanto más hacer firme nuestro llamamiento y elección”, es decir literalmente, “utilizar la velocidad (eso es, hacer el esfuerzo, sed pronto o diligente) para hacer la invitación y la selección en cuanto a ti estable” (Diccionario griego de Strong’s). En estas pocas palabras, amados, hay un par de doctrinas fundamentales de “la una fe que ha sido una vez dada a los santos” (Efesios 4:5; Judas v. 3) que son muy raramente, si de todo, oído del púlpito o en la clase en estos días degenerados de la apostasía. Tendría que decir que el cristiano profeso promedio no sabe nada acercas de ser llamado y elegido por Dios para la salvación; y si por casualidad, han oído algo acerca de estas doctrinas; es probablemente muy superficial y contradictorio a la verdad de la Palabra de Dios. Pero es el llamamiento de Dios y Su elección que asegura nuestra salvación; porque como Jonás dice, “la salvación pertenece a Jehová” (2:9). Además, el apóstol Pablo lo pone de esta manera: “Porque (Dios) a Moisés dice: Tendré misericordia, del que yo tenga misericordia; y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia (Romanos 9:15, 16). 

Pero permíteme a este punto insertar lo siguiente: Puedo creer que habrán algunos que leerán estas palabras y quizás sentirse desalentado, o aún confusos, porque hasta ahora ellos han creído que para ser un cristiano es simplemente "creer en Jesús". A ellos puedo decirles: Es verdad que la vida cristiana verdadera es una de fe (Romanos 1:17; Habacuc 2:4; Gálatas 3:11; Hebreos 10:38); no obstante, “es por la fe, para que sea por gracia” (Romanos 4:16); y es esa gracia que nos llevará hasta al fin para que puédanos “obtener la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna” (2 Timoteo 2:10). Todavía, desde del momento en que “creímos en el Señor Jesucristo” debemos de “perseverar en la doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42) para que seamos “nutridos en las palabras de la fe y de la buena doctrina” (1 Timoteo 4:6). Son estas verdades gloriosas de las doctrinas fundamentales “del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) que solidifican nuestra certeza de la salvación. Por el otro lado, si no tenemos el conocimiento de ellos; y para ahora, del llamamiento y de la elección de Dios con respecto a nosotros, ¿cómo podemos justificar nuestro "creer en Jesús" de ser verdad si yo no puedo decir que Dios me ha llamado (2 Timoteo 1:9) y elegido para salvación (2 Tesalonicenses 2:13)? Seguramente, estas verdades harán por lo menos dos cosas: Ellas confirmarán su salvación en Jesucristo; o ellas revelarán que todo lo que tienes es una profesión de fe, pero no una posesión de la fe que cree verdaderamente en Jesucristo para la salvación. ¿No querría usted saber la verdad de su relación con Dios en Jesucristo AHORA antes que sea demasiado tarde?

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Ahora, consideraremos las dos doctrinas que tienen que ver con Asegurar Su Relación Con Dios; que son mostrados por nuestro texto: “Procurad tanto más hacer firme vuestro llamamiento y elección”. Veremos que nos mostrarán que para tener una relación salvadora con Dios y verdaderamente conocerle en una manera íntima y personal implica más que sólo simplemente decir, "Yo creo en Jesús"; o yendo al frente para hacer una "decisión para Cristo". Como dije antes, "creer en Jesús" es más que simplemente sólo consentir a la verdad del Señor Jesucristo y Su Evangelio; porque hay un "creer en Jesús" que no es una fe salvadora en Él. Refiérase a Lucas 4:34; 8:28; o como lo pone Santiago 2:19: “Tú crees que hay un Dios; bien haces; también los demonios creen y tiemblan” (la misma palabra griega – "pisteuo"). Por lo tanto, "creer en Jesús" no es garantía de la fe salvadora a menos que sea respaldada con la Palabra inerrante de Dios. Aquí es donde veremos que el Llamamiento y la Elección son verdades esenciales de la Fe salvadora en el Señor Jesucristo.

Pero permíteme explicar aún más esto en caso de que quizás haya alguien que mal entienda lo que digo. Yo no estoy diciendo que uno tiene que ser doctrinalmente correcto (hasta cierto punto) para creer verdaderamente en el Señor Jesucristo para ser salvo. De hecho, al momento de salvación, el creyente arrepentido quizás sea totalmente ignorante de las doctrinas del Llamamiento y Elección de Dios; y todavía ser salvo porque la fe salvadora es fijada sobre el Señor Jesucristo y el Evangelio, que es “que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:3. 4). Pero el nuevo converso no ha de quedarse ignorante de las verdades gloriosas “del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24); porque ellos han de “desear, como niños recién nacidos, la leche no adulterada de la palabra, para que por ella crezcáis; si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 Pedro 2:2, 3). Esto, por supuesto, incluye en ser “nutrido en las palabras de la fe y de la buena doctrina (1 Timoteo 4:6); de otro modo, ellos podrían haber “creído en vano” (1 Corintios 15:2) en el evangelio que salva (vv.1, 2). Por lo tanto, es de la importancia suprema para el nuevo creyente profeso de obtener una base doctrinal sólida para saber, no sólo en "Quien" ellos creen, pero también en lo “Que" ellos creen. 

Yo sé que en este tiempo y edad, hay aquellos que piensan es ser muy noble decir, "Yo no predico doctrina, sino sólo a Cristo"; o reclaman que la doctrina divide en vez de traer a los "cristianos" en unidad. A tales, sólo les digo, si usted no predica la doctrina; y por "doctrina", yo significo las doctrinas Bíblicas, ¿cómo podemos diferenciar si usted no “predica otro Jesús”, o tiene “otro espíritu” y trae “otro evangelio” de que el apóstol Pablo advierte (2 Corintios 11:4), si usted no predica la doctrina? Usted quizás sólo le dirá a otros en "Quién" creer, pero ¿"Que" han de creer? ¡Parece que usted se ha olvidado que el Evangelio que salva consiste de las doctrinas de la Persona del Señor Jesucristo y del plan de salvación de Dios desde el principio hasta al fin! Considere muy gravemente con lo que el apóstol Pablo exhorta a Timoteo en su primera epístola a él: Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello; pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren(4:16). Para hacer de otro modo, es de apostatar; por que es la apostasía, sino de "caerse" de las doctrinas verdaderas “del evangelio de Cristo” que “es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16); cuál salvación viene a aquellos a quienes “Dios…haya escogido desde el principio para salvación, por la santificación del Espíritu y la fe en (o, de) la verdad(2 Tesalonicenses 2:13).

Otra cosa, es verdad que la doctrina divide; y ¡esa es la razón que tenemos tantas "iglesias" diferentes y denominaciones! Sin embargo, somos responsables en enseñar y predicar la doctrina al pueblo de Dios; y esto es mostrado muy claro en Efesios 4: “A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos en la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error. Antes hablando la verdad en amor, crezcamos en todas las cosas, en Aquél que es la cabeza, en Cristo; de quien todo el cuerpo bien ligado entre sí, y unido por lo que cada coyuntura suple, conforme a la eficacia y medida de cada miembro, hace que el cuerpo crezca para la edificación de sí mismo en amor” (vv.12-16). Note que la doctrina es la base para la fe y la práctica y para la comunión en Jesucristo para el cristiano; y donde esto no es verdad, ¡habrá las divisiones simplemente porque las doctrinas que sostenemos hacen la diferencia! 

Esto, por supuesto, será mostrado por lo que enseñamos con respecto a las doctrinas del Llamamiento y la Elección de Dios, de lo que el apóstol Pedro se refiere en nuestro texto. No obstante, la seriedad de Asegurar Su, o Nuestra, Relación con Dios lo hace imprescindible que sepamos y comprendemos lo que estas doctrinas significan; especialmente debido al peligro del "creerísmo fácil" de hoy; y que yo, o cualquier otro cristiano debemos tener el amor y concernir para el bienestar eterno de cualquier cristiano profeso para asegurar que ellos estén en la fe; o como el apóstol Pablo exhorta a los creyentes de Corinto: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿No os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que seáis reprobados?” (2:13:5). Note que “la fe” aquí no es simplemente por la cual creemos, sino lo que creemos; es decir las doctrinas del “una fe” (Efesios 4:5), por las cuales debemos “unánimes combatir juntos” (Filipenses 1:27). Por lo tanto, lo que el apóstol Pedro nos dice es que necesitamos comprender lo que es el Llamamiento y la Elección de Dios; de otro modo ¿cómo podemos "procurad tanto más hacerlas firme” para nosotros? 

Además, es también muy importante que hagamos la conexión con las palabras anteriores de nuestro texto; y con las siguientes palabras. Note que es dicho: “Por lo cual, hermanos”; o "Consecuentemente más en un grado mayor, hermanos…" En otras palabras, en consecuente de lo que es dicho antes, debemos, en un grado mayor de concierne por nuestra salvación, utilizar la velocidad para asegurarnos de nuestro Llamamiento y Elección de Dios, es decir ser pronto y serio para ello. Eso significa que no debemos de tomarlo de por sí sino de basarlo en la base sólida de la Palabra de Dios; porque es sólo allí que podemos hacerlo “firme” o "estable", o inmovible. Note las siguientes palabras de nuestro texto: “Porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”; o literalmente, "la razón es que si haces estas cosas, tú en absoluto nunca tropezarás jamás, es decir fallaras de la salvación". Por lo tanto, amados, “estas cosas” de las cuales Pedro se refiere son de las que los vv.3-9 nos dice han de ser encontradas en la vida del creyente; y ellas son las “cosas mejores…que acompañan la salvación” (Hebreos 6:9); y consecuentemente, ellas afirman nuestro Llamamiento y Elección de Dios, no simplemente porque "creemos en Jesús" o hicimos alguna "decisión para Cristo" u oramos lo que es llamado comúnmente la "oración del pecador", sino porque “como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de Aquél que nos ha llamado a gloria y virtud; por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fuésemos hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia” (1 Pedro 1:3, 4). Pero como veremos, la certeza de nuestra fe salvadora en el Señor Jesucristo será solidificada por nuestro Llamamiento y Elección por Dios a esta fe en Su amado Hijo, quien vino a salvar “a Su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). ¡Aleluya!

Ahora, antes de tratar más directamente con las doctrinas del Llamamiento y la Elección de Dios, permíteme dar una palabra de consolación y ánimo al hijo de Dios que quizás esté en mucha duda y temor acercas de su relación con Él. Por supuesto, hay tiempos que cristianos verdaderos quizás no tengan la certeza plena de fe con respecto a su salvación; y de hecho, quizás experimenten a lo que Isaías se refiere en el capítulo 50:10 – “¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz. Por alguna razón, aunque ellos tienen verdaderamente un temor de Dios y son obedientes al Señor, todavía ha sido su suerte de andar en tal oscuridad que previene la luz de alcanzarlos. Parece que su Dios los ha abandonado y no pueden ver Su rostro; y no tienen los consuelos y alegrías de una relación cercana con su Salvador. Las razones pueden ser muchas; inclusive los malentendidos de las doctrinas profundas de Su Palabra. Yo sé que ellas pueden causarnos de cuestionar nuestra fe en preguntarnos, "¿Verdaderamente Dios me ha llamado a ser Suyo"? o "¿Cómo puedo estar seguro que en verdad soy uno de Sus elegidos?" Tales preguntas, temo, vienen porque muchas veces un hijo de Dios no ha sido enseñado las verdades maravillosas del evangelio de la gracia de Dios. Pero cualquier que sean las razones, tome a Dios en Su Palabra: “Confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios”. Por lo tanto, amados, no mira sólo a las doctrinas simplemente como doctrinas, sino las doctrinas que revelan la grandeza de la Gracia Libre y Soberana de nuestro Dios que nos es dada en Su Hijo precioso, el Señor Jesucristo; y usted encontrará que disipará toda oscuridad con Su Luz gloriosa; porque “en (Su) luz veremos la luz” (Salmo 36:9); porque “el principio (o, abertura) de (Sus) palabras alumbra; hace entender a los simples” (119:130). Amén.

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A este tiempo, consideraremos la doctrina del Llamamiento de Dios; y cómo esto es conectado con asegurar nuestra relación salvadora con Dios. Como he indicado anteriormente en varias veces, la certeza de la salvación es mucho más que decir simplemente " Yo creo en Jesús"; o solamente consintiendo a las verdades del evangelio de Jesucristo. Todavía, temo, que muchos, sí, muchos cristianos profesos se basan su relación con Dios sobre su "profesión de fe" y no en procurar en hacer su llamamiento y elección firmes, cuales dos cosas son esenciales para nuestra salvación; y la razón es que sólo ésos que son llamados de Dios y escogidos por Él son los únicos que pueden tener una relación salvadora con Él en Jesucristo.

Preguntase, ¿por qué diría el apóstol Pedro a nosotros los creyentes de procurar hacer nuestro llamamiento y elección firmes si ellos no son importantes para nuestra certeza? Es verdad que creyentes verdaderos pueden pasar sus vidas cristianas sin la certeza plena de fe como el Obispo Juan C. Ryle lo explica tan aptamente (ve); no obstante, somos responsables “desead, como niños recién nacidos, la leche no adulterada de la palabra, para que por ella crezcáis” (1 Pedro 2:2) para que como el apóstol Pablo le dijo a Timoteo ser “nutrido en las palabras de la fe y de la buena doctrina” (1 Timoteo 4:6) también sea verdad de nosotros.

Ahora, al considerar el Llamamiento de Dios con respecto a nuestra relación con El, necesitamos comprender lo que significa. Literalmente, la palabra significa simplemente "llamar", pero también "invitar" con la idea de "por nombre" (palabras del hebreo y del griego). Esto al principio nos dice, entonces, que los llamados por Dios a una relación con Él, no sólo es específico pero también es personal. En otras palabras, amados, implica el llamamiento de ciertas personas particulares y Él lo hace en una manera personal de que no hay error de los que Él llama a Él. Lo que Dios dijo a Jeremías es verdad de cada creyente: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que salieses de la matriz te santifiqué…” (1:5); y también del apóstol Pablo: “Mas cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia” (Gálatas 1:15), que puede ser interpretado no sólo ser llamado para Su servicio, pero también a la salvación. De cualquier manera Dios tiene que hacer el llamamiento; porque “no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16), a “cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:39) 

Pero ¿cómo podemos hacer nuestro llamamiento seguro; y por lo tanto, asegurar nuestra relación con Dios? Creo que podemos hacer esto en brevemente considerar algunas de las características del llamamiento de Dios, que debe confirmar mi relación con Él. Estas cosas particulares deben existir y deben de ser verdad de uno que profesa ser cristiano; de otro modo como hemos notado antes que podría ser dicho de nosotros como el mismo Señor dijo a los de Sardis: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto” (Apocalipsis 3:1). ¿Cómo puedo saber yo que soy llamado de Dios? Bueno, en ninguna orden particular, pero considere primero que el llamamiento de Dios es uno de santidad, “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo…” (2 Timoteo 1:9). ¡Sería una contradicción para uno reclamar una relación con Dios y luego no ser santo! Es dicho: “Porque no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1 Tesalonicenses 4:7); y el apóstol Pedro agrega aún más: “Así como Aquél que os llamó es santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra manera de vivir” (1:1:15). Pueblo de Dios, hay “camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino…, para que caminen los redimidos” (Isaías 35:8, 9). No yerre acerca de esto: La santidad es uno de las pruebas de nuestra relación con Dios. También, no me entiende mal: Yo no me refiero a una perfecta impecabilidad; porque aún el santo más fiel puede pecar, y peca, a la vez u otra. Pero tiene que haber un continuo “perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1) en la vida del creyente en que ellos han sido “predestinados para que fuesen conforme a la imagen de Su Hijo” (Romanos 8:29). ¿Es esto verdad de mí?

En segundo lugar, encontramos que el llamamiento de Dios es por Su gracia. El apóstol Pablo lo pone así: “Mas cuando agradó a Dios…, y me llamó por su gracia (Gálatas 1:15). En otras palabras, esto significa simplemente que en ser llamado por Dios a una relación con Él, o sea en salvarnos o para servirle, no es dependiente en nosotros haciendo nada para merecerlo o que lo merecemos; porque como Romanos 11:6 lo declara: “Y si por gracia, ya no es por obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”. El apóstol Pablo le dijo a Timoteo y a todos los creyentes que en salvarnos Dios con un llamamiento santo, Él lo hizo “según su propósito y gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús desde antes del principio de los siglos (2 Timoteo 1:9). Por lo tanto, sólo mirando SOLO a la gracia de Dios nos asegurará que tenemos una relación con El; y que por esta gracia SOLA nos llamó a Él en Jesucristo; porque esel Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna por Cristo Jesús…” (1 Peter 5:10). Para uno asumir que Dios lo ha llamado a una relación con Él por ser "bueno" o "religioso" es de perder totalmente “la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:14). ¿Estoy mirando SOLO a la gracia de Dios? 

Terceramente, también el llamamiento de Dios es por los medios del evangelio. Note que Pablo le dice a los creyentes de Tesalónica que la salvación que obtuvieron fue porque Dios “los llamó por nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 2:14). En ningún lugar de las Sagradas Escrituras es dado jamás la esperanza de cualquiera ser llamado por Dios aparte del evangelio de Jesucristo. Todo lo que el evangelio es, según 1 Corintios 15:1-4, son LOS UNICOS MEDIOS por cual Dios llamará a cualquier pecador a una relación con Él; porque es creer verdaderamente en la muerte, la sepultura y la resurrección del Señor Jesucristo que salvará a cualquiera de nosotros. Omita algo de este evangelio glorioso, por minúsculo que quizás parezca para algunos, no hay esperanza de una relación salvadora y eterna con Dios; y por lo tanto, no tienen base de la certeza que ellos han sido llamados de Dios. No piense ni por un momento que esto no es importante; porque como el apóstol Pablo advierte: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis traspasado del que os llamó a la gracia de Cristo, a otro evangelio: No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban, y quieren pervertir el evangelio de Cristo (Gálatas 1:6, 7). ¡Confirme que USTED cree el evangelio verdadero para que pueda saber que es llamado de Dios! ¿Verdaderamente lo creo yo? 

Luego, en el cuarto lugar, el llamamiento de Dios tiene que ser aplicado por el Espíritu Santo. El apóstol Pablo declara: “Nuestro evangelio llegó a vosotros no sólo en palabra, sino también en poder, y en el Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 1:5); y Pedro nos dice que ellos “predicaban el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo…” (1 Pedro 1:12). Por lo tanto, es obvio que para que el predicar del evangelio sea eficaz en ésos que lo oyen el Espíritu Santo participa en llamar a esos a quienes Dios salvará. Para ilustrar: Dos pecadores perdidos oyen el evangelio predicado, pero sólo uno responde con “arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). ¿Por qué? La única respuesta que podemos dar es que el Espíritu Santo capacita al uno mientras deja al otro muerto en sus pecados. ¿Recuerda a los dos ladrones crucificados al lado del Señor Jesucristo? Sólo uno “dijo a Jesús: Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42). Otra vez, ¡fue el poder del Espíritu Santo que lo capacitó a ver y creer en el Señor Jesucristo! Nunca se olvide: Todos nosotros estamos muertos espiritualmente en nuestros pecados y a menos que seamos “nacido del Espíritu” (Juan 3:6, 8, no responderemos al “llamamiento”, es decir, a la "invitación" por Dios a una relación con Él en Jesucristo. Por lo tanto, ¿puedo asegurarme que yo tengo verdaderamente esta relación con Él porque yo he “recibido el Espíritu de adopción, por el cual (clamo): Abba Padre”; y como resultado el Espíritu mismo da testimonio a (mi) espíritu que (soy) hijos de Dios” (Romanos 8:15, 16)?

Además, en quinto lugar, vemos que el llamamiento de Dios sólo puede ser verdad en el Señor Jesucristo. Todos los creyentes verdaderos son “los llamados de Jesucristo” (Romanos 1:6) y que fuimos “llamados a la comunión de su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:9) y “a su gloria eterna por Cristo Jesús” (1 Pedro 5:10). ¿Qué significa esto? Simplemente esto, amados, que Dios no llamará a nadie a una relación con Él aparte de Su amado Hijo. Por lo tanto, sólo ésos que han creído y vienen verdaderamente al Señor Jesucristo como su Salvador son los únicos que pueden asegurar su relación con Dios. No es simplemente decir "Yo creo en Jesús", lo cual temo que muchos cristianos profesos pueden decir, sino que es “conocerlo” verdaderamente en una manera íntima y personal (Juan 10:14 – “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen; y en el versículo 27 leemos: Mi oveja oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen). Para ponerlo en otra manera: Recuerde cuando el Señor Jesús llamó a Lázaro fuera de la tumba: “Clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!” (Juan 11:43). Note que Él llamó a Lázaro por su nombre; y él es el único quien salió de la tumba al oído de Su voz. Esto significa, entonces, cuando Dios llama cualquiera de los Suyos que Él “escogió en (Cristo) antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4), siempre que ellos oigan la voz de su Salvador, ellos saldrán de su tumba de la muerte y del pecado y seguirán a su Señor a la eternidad. ¡Tales son los que pueden asegurarse su llamamiento firme en Jesucristo! ¿He oído la voz de mi Salvador precioso y AHORA lo sigo?-

Podríamos agregar aún más de las características del Llamamiento de Dios pero sea suficiente para ahora que los anteriores cinco puntos nos muestran cómo podemos asegurar nuestro llamamiento. Note que ellos no son simplemente argumentos abstractos e "intelectuales" de esta doctrina; al contrario, ellos son muy prácticos. El creyente verdadero puede tomar estas verdades y aplicarlos a su vida y asegurar su relación con Dios. Pero no es porque simplemente consienten a ellos y creen que son verdaderos; no, es porque son verdaderos en su vida cotidiana. Es verdad que debido al pecado en sus vidas ellos quizás no puedan verlos (como el apóstol Pedro se refiere a esto en el versículo 9 antes de nuestro texto); mas sabemos que Dios nunca abandonará a cualquiera de los Suyos y que de Su gracia y misericordia Él los traerá para atrás a Él. Pero no vamos a presumir sino ser obediente a Su exhortación: Por lo cual, hermanos, procurad tanto más hacer firme vuestro llamamiento y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Amén.

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Ahora, permitidnos que consideremos en este momento cómo podemos asegurar nuestra relación con Dios en hacer nuestra elección firme, como exhortado por nuestro texto: “Procurad tanto más hacer firme vuestra…elección”. Esto, al principio, nos dice que nuestra relación salvadora con Dios tiene una conexión definida con la elección; pero permítame decir que esta elección tiene absolutamente nada que ver con nosotros "escogiendo" a Cristo de ser nuestro Salvador con hacer 'una decisión por Él', como tan popularmente es creído y practicado en estos días degenerados. La elección aquí en nuestro texto es esa verdad gloriosa del evangelio de la gracia de Dios por la cual Él “nos escogió en (Cristo) antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4) “para salvación” (2 Tesalonicenses 2:13). Por lo tanto, veremos, por el beneplácito de Dios, en hacer nuestra elección firme, nos mostrará que somos uno de Sus elegidos en Su amado Hijo y que Él lo hizo incondicionalmente sin consideración a cuán bueno o malo habíamos sido, o éramos (Romanos 9:11), sino simplemente porque le complació escogernos para ser de Él, ¡aún antes de la existencia del universo! ¡Bendito sea Él quien es Todo-Sabio! ¡Amén! 

Lo que queremos hacer es mirar a algunas de las características de la Elección como nos es presentado de las Sagradas Escrituras y compararlas con nuestra profesión y práctica como cristianos en nuestras vidas diarias. Encontraremos que si meditamos devotamente en el contexto de nuestro texto, tiene que ver con cómo vivimos como cristianos. No es simplemente teológico sino práctico. Así que en “procurad tanto más hacer firme nuestra…elección” quiere decir, entonces, que no debemos de dar por sentado que tenemos una relación con Dios simplemente a causa de algún "llamado del altar y pasar al frente", o de "levantar la mano", o "repetir la oración del pecador"; o ¡algo como eso! De hecho, ¡aún no debemos de depender en que nacimos de padres cristianos, crecimos en la iglesia, o porque oramos, leemos la Biblia; e incluso que fuimos "bautizados"! Temo que hay muchos en las iglesias que reclama "creer en Jesús", y todavía no puede hacer firme su elección. Verdaderamente, ¡cuán trágico será para muchos que se pararan ante Cristo y le llamarán “Señor, Señor”; y todavía oirán esas palabras atroces de los labios de Aquél quienes ellos profesaron en creer, “Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad” (Mateo 7:23)! 

Habiendo dicho eso, vamos a ver a algunas cosas con respecto a la Elección, mientras teniendo presente al mismo tiempo que la Elección es un hecho soberano de Dios, por lo cual Él asegura la salvación de los elegidos. En otras palabras, ¡todos esos escogidos en Cristo serán salvados! Pero eso no significa que los elegidos pueden vivir en cualquier manera que ellos quieren simplemente porque tienen la certeza de la salvación. Las características de la elección no permite eso. Como veremos, la elección demanda un tipo particular de vida que demuestra que uno ha sido escogido de Dios; y por lo tanto, es necesario para nosotros que profesamos el Nombre de Cristo de ser diligentes acerca de ello; de otro modo, hay el peligro de caer de nuestra profesión si no es conforme con la elección. Por supuesto, eso no significa que los elegidos no pueden, o nunca pecan. Cada uno de los elegidos de Dios son propensos a pecar, pero la doctrina de la elección nos mostrará que ellos no pueden continuar en el pecado y por lo último ser perdidos. Por el otro lado, la doctrina de elección nos enseñará que si nuestras vidas son conformes con sus enseñanzas, entonces podemos asegurar nuestra relación con Dios. ¡Aleluya!!!

Primero, notamos que la Elección tiene que ver con la Gracia; y en Romanos 11 es llamada “la elección de gracia” (v.5). Esto significa, amados, ¡que TODOS los beneficios de la elección es TODO DE GRACIA! En otras palabras, Dios, según Su voluntad soberana y buen placer fue complacido de escogernos en Cristo y a todo que incluye “las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7). No tuvo nada que ver con algo que hicimos, o nuestras “obras”: “Y si por gracia, ya no es por obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra” (Romanos 11:6). Por lo tanto, en la elección Dios propuso de derramar sobre nosotros Su gracia en Jesucristo para traernos a una relación con Él, y no porque Él vio "algo" en nosotros que lo causaría que trate con nosotros con Su gracia. Así que, en “hacer firme nuestra…elección”, tenemos que hacerlo en la luz gloriosa de la Gracia Libre y Soberana de Dios; y si nos osamos "agregar" cualquier cosa a ello, encontraremos que no tendremos ninguna certeza de una relación salvadora con Dios en Jesucristo. Mire a la Elección por sus Obras, usted caerá; pero mire a la Elección por la Gracia de Dios, usted puede estar seguro de esto: “El Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10), no sólo te sostendrá para que seas salvo (Salmo 119:117), pero ¡“abajo los brazos eternos” (Deuteronomio 33:27) que te sostendrán para siempre! Amén.  

En segundo lugar, vemos que la Elección tiene que ver con la Santidad. Considere lo que Efesios 1:4 nos dice: “Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él…” En otro lugar leemos: "Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia…..” (Colosenses 3:12). “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido; para que anunciéis las virtudes de Aquél que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Peter 2:9). No podemos perder la verdad de este punto particular: ¡Que los elegidos de Dios han de ser un pueblo santo! Pero como tantas otras veces he dicho: La santidad no significa que somos impecable; pero por el otro lado, significa que los elegidos han sido "separados" del mundo y del pecado; y así por lo tanto, los elegidos han de vivir tal vida que será visto que ellos han sido "separados" para Dios en la elección. De hecho, aunque hay muchas cosas que son verdad en la vida del elegido; no obstante, la belleza de santidad es algo que nosotros que profesamos a Cristo no podemos evitar; porque somos exhortados de “seguir…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Seguramente, desde ya que pertenecemos a Él en la elección, si nos desviamos del Señor en el pecado y la desobediencia, Él “nos castigará…para lo que nos es provechoso, a fin de que participemos de su santidad” (v.10). 

Pero luego, vemos terceramente que la Elección tiene que ver con la salvación. En 2 Tesalonicenses 2:13 leemos “que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, por la santificación del Espíritu y la fe en la verdad”. Esto es muy humillante en saber que si somos de ser salvos “no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). En otras palabras, amados, la única esperanza que tenemos para la salvación es que Dios ha sido complacido de incluir a cualquiera de nosotros en Su “elección de gracia” (11:5); porque como es indicado en otro lugar: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros; pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8, 9). Por lo tanto, si hemos de asegurarnos que tenemos una relación salvadora con Dios en Jesucristo, tenemos que ser diligentes en hacer nuestra elección en Él inamovible; y la manera que hacemos esto es por la manera que vivimos como referido en los versículos anteriores, 'eso es, ellos habían de actuar de tal manera para hacerlo cierto a sí mismos que habían sido escogidos, y fueron verdaderamente llamados al reino de Dios' (Comentario de Barnes, mi traducción). La certeza de nuestra salvación a causa de la Elección es como lo pone Pedro: “Porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (v.10), es decir 'errar, fallar (de la salvación)' (Diccionario griego de Strong, mi traducción).

En el cuarto lugar, la Elección tiene que ver con la Soberanía de Dios. Ahora, si hay un aspecto de la Elección que causa realmente que el pelo se pare es de ser dicho que si habemos de tener alguna esperanza de ser escogido para la salvación, Dios tiene que hacerlo únicamente porque es Su "decisión" de hacerlo; ¡y no nosotros! El Señor Jesús lo pone así: “No me elegisteis vosotros a mí; sino que yo os elegí a vosotros…” (Juan 15:16). Esto, por supuesto, fue una "decisión" hecha cuando fuimos “escogidos en Él antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4); y no tuvimos ninguna parte cualesquiera para que como fue dicho de Jacob y Esaú, es también verdad de todos los elegidos: “(aunque aún no habían nacido…, ni habían hecho bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese…” (Romanos 9:11). Por lo tanto, amados, la certeza de nuestra relación con Dios es basada, no en las arenas de nuestro tal llamado "libre albedrío", sino en la roca sólida de la voluntad soberana inamovible e inmutable de Dios para que no sea posible que cualquiera de los elegidos de Dios perezcan (Mateo 24:24; Juan 10:28). ¿Cómo podemos hacer nuestra elección firme? Mirando SOLO a Dios, que será evidenciado por los efectos y los frutos del Evangelio en nuestras vidas como los menciona el apóstol Pablo en 1 Tesalonicenses 1:3-5. 

Luego, en quinto lugar, la Elección tiene que ver con el Señor Jesucristo. Somos dichos específicamente que Dios “nos escogió en (Cristo)” (Efesios 1:4). Lo qué esta verdad traer a luz es que para cualquiera de nosotros ha de “hacer firme nuestra…elección”, entonces tenemos que asegurar que estamos en Jesucristo; y que tenemos una relación personal con Él como nuestro Salvador. Ya ven, amados, cuando Dios nos mira, aunque Él nos vea en una manera individual y personal, todavía en todo lo que Él hace para nuestro bien, Él lo hace como Él nos ve en Cristo; y ¡esto aún antes de la fundación del mundo! Lea devotamente Efesios 1 y regocijase al ver lo que Dios hizo, o hace, para usted por amor de Cristo. Note que Él lo bendice con todas las bendiciones espirituales en Él, en amor lo predestinó para adopción por Él, Él le hizo aceptó en Él, usted tiene la redención por Su sangre, y habiendo confiado en Él es sellado con el Espíritu Santo de la promesa. Pero éstos son los resultados de haber sido escogido en Cristo; y de hecho, aparte de la elección no podemos tener una relación salvadora con Dios. De ahí somos exhortados por Pedro de “hacer firme nuestra…elección”; no obstante, no debemos sólo de hacerlo tanto teológicamente, sino prácticamente. En otras palabras, uno puede aceptar que esta doctrina es verdad, pero la vida personal del "creyente en Jesús" profeso puede contradecir la verdad de la elección por la manera que ellos viven. 

Oh, podría pasar y enumerar algunas más cosas con respecto a la Elección, pero que sea suficiente que los cinco puntos presentados hagan muy claro la importancia inmensa de “hacer firme nuestra…elección”. No podemos sólo asumir que porque reclamamos "creer en Jesús" que todo esta bien en nuestra relación con Dios. Recuerde que lo que Santiago dice en su epístola es todavía verdad para nosotros hoy: “Tú crees que hay un Dios; bien haces; también los demonios creen y tiemblan” (2:19). También, el Señor Jesús nos dice que “no todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo” (Mateo 7:21). Nosotros no podemos dar por sentado que porque tenemos una profesión ni la membresía en alguna iglesia eso garantizará que somos verdaderos cristianos. Como Pablo exhorta la iglesia en Corinto de “examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿No os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que seáis reprobados?” (2 Corintios 13:5) va con “hacer firme nuestra…elección”; especialmente ¡ya que en ser un “reprobado” es de haber sido desaprobado, eso es, rechazado (Diccionario Griego de Strong) por Dios y no ser de Su “elección”! Por lo tanto, amados, vamos a mirar a nuestras vidas bajo la luz de la Elección; y si refleja las verdades gloriosas de ella, entonces podemos asegurar nuestra relación con Dios en Jesucristo. Amén.

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Ahora, como llegamos a la conclusión de nuestro mensaje, vamos a ser recordados que la certeza de nuestra relación con Dios no es simplemente una teológica, es decir, que aceptamos las verdades maravillosas de las doctrinas del Llamamiento y de la Elección de Dios y que eso nos asegurará que tenemos una relación salvadora con Él. Como indiqué anteriormente, estas verdades también tienen que tener un efecto práctico en nuestras vidas; de otro modo, podemos encontrarnos correctos doctrinalmente, pero muy equivocados en la práctica de ellos. Es dicho que si recibimos la Palabra de Dios como tal es, ella tendrá un efecto en nosotros: “Cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino como es en verdad, la palabra de Dios, la cual obra también en vosotros que creísteis (1 Tesalonicenses 2:13). Por lo tanto, amados, no sólo debemos de ser correctos doctrinalmente, pero también correctos prácticamente en nuestro andar cristiano. Esto, yo creo, es la intención del apóstol Pedro en nuestro texto cuando él dice no sólo “procurad tanto más hacer firme vuestro llamamiento y elección”, pero también que “haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (2 Pedro 1:10). “Estas cosas”, por supuesto, son las cosas que deben estar en nuestras vidas como el pueblo de Dios mencionadas en los versículos 5-7, lo cual también debemos de poner “diligencia en esto mismo”, y “añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento; y al conocimiento, templanza, y a la templanza, paciencia, y a la paciencia, piedad; y a la piedad, amor fraternal, y al amor fraternal, caridad”, que promete que “si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”.. En otras palabras, amados, ellas nos asegurarán que tenemos una relación salvadora con Dios y que no fallaremos de salvación porque ellas probaran que tenemos un conocimiento de salvación en nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Pero luego, encontramos en el sentido práctico, llegamos tan cortos de la vida evangélica ideal en nuestro andar con nuestro Salvador precioso. El apóstol Pablo nos enseña eso en el séptimo capítulo de Romanos, los versículos 15-23. Allí encontramos que debido al pecado que está en nosotros, haremos lo malo en vez de lo bueno que debemos de hacer. Mientras que estemos en “este cuerpo de muerte” (v.24), lucharemos con el pecado y la tentación; y tristemente, muchos veces cederemos ante ellos que contradecirán nuestra profesión como "cristianos". No obstante, es para nuestro bienestar eterno, que nuestro andar sea consecuente con nuestra doctrina, las cuales que fueron mostradas por las doctrinas del Llamamiento y de la Elección de Dios. Por lo tanto, las verdades de estas doctrinas deben ser verdad en nuestras vidas a pesar de nuestras luchas con el pecado; e incluso en tiempos que quizás cedamos ante sus tentaciones. Pero en la otra mano, encontramos que en nuestros muchos fracasos, estas verdades maravillosas brillarán con la luz gloriosa de la gracia de Dios que nos dirige a la restauración y el perdón en Jesucristo, en Quien hemos sido escogidos y llamados “para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él” (Efesios 1:4). ¡Aleluya! 

Por lo tanto, reconociendo esto, permíteme presentar algunas aplicaciones prácticas que nos ayudarán a asegurar nuestra relación con Dios, que para el creyente deben de ser "normales"; porque veremos que estas cosas nos son dadas para “hacer firme (nuestro) llamamiento y elección”. Primero, Dios ha sido complacido en darnos Su Palabra, por que no sólo somos enseñados lo que debemos de "creer", pero también ¡cómo debemos de vivir! Ya ven, amados, las Sagradas Escrituras nos enseñan lo que es el Llamamiento y la Elección de Dios; y de lo que consiste. Por lo tanto, cuando la estudiamos y meditamos sobre ella, podemos comparar nuestras vidas consigo; y de este modo será “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17) como los llamados y elegidos de Dios. Es nuestra responsabilidad en no presumir de nuestra "profesión"; ni como tan comúnmente es llamado hoy, "nuestra decisión para Cristo"; sino “examinarnos a nosotros mismos si estamos en la fe” (2 Corintios 13:5), la cual es “conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad” (Tito 1:1). Pero para confirmar todo esto, tenemos que mirar a la Palabra de Dios; porque SOLO allí podemos aseguramos que tenemos una relación de salvación con Dios en Jesucristo. En hacer esto, necesitamos tener cuidado que no tratamos de conformar la Palabra de Dios a nuestras ideas preconcebidas de lo que es un "cristiano", sino que es como un martillo, un fuego y una espada de dos filos para conformar nuestras vidas a ella para que al fin será probado que somos de los Llamados y Elegidos de Dios.

En segundo lugar, hemos sido dados la gracia de Dios del principio hasta al fin, por lo cual somos asegurados que lo que Dios ha comenzado en nosotros, Él lo terminará “según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7; 2:7). Aunque sea verdad que del principio de nuestra carrera, es decir, de la regeneración a la glorificación, habrán muchos tropiezos y obstáculos por el camino, mas podremos decir con el apóstol Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado mi carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7). Pero por todo eso, no ha sido nuestra sabiduría, o fuerzas ni rectitud, sino la gracia de Dios que ha sido eficaz en nuestras vidas. Es sólo como recibimos “gracia por gracia” de la plenitud del Señor Jesucristo que las verdades maravillosas del Llamamiento y la Elección de Dios serán verdad en nuestras vidas; en otras palabras, para hacer nuestro llamamiento y la elección firmes, tenemos que depender en la gracia de Dios; porque como es escrito: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16); y cuán verdadero es eso para nuestro texto. Tenemos que recordar que la “gracia” de Dios, “nos fue dada en Cristo Jesús desde antes del principio de los siglos” (2 Timoteo 1:9); y así que no sólo nos salvará (Efesios 2:8), pero nos guardará salvos al crecer en esta gracia (2 Pedro 3:18). Ya ven, amados, la gracia es esa fuente de la cual fluye todo lo que necesitamos en nuestras vidas como creyentes en Cristo; y como nosotros diario bebemos de esta fuente insondable de las riquezas de la gracia de Dios, seremos asegurados de nuestra relación con Dios en que hemos sido hechos aceptos en el Amado Hijo de Dios (Efesios 1:6). 

Luego, terceramente, hemos sido dados la promesa del bendito Espíritu Santo y Él mora en nosotros (Gálatas 3:14; Romanos 8:9). Eso quiere decir, entonces, que no sólo hemos “nacido del Espíritu” (Juan 3:6, 8), pero también “el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16); y Él utiliza los medios de lo que creemos y cómo vivimos para confirmarlo. Por lo tanto, Él aplicará las verdades gloriosas de las doctrinas del Llamamiento y la Elección de Dios a nosotros; y si ellas son verdades en nuestras vidas, entonces seremos asegurados de nuestra relación de salvación con Dios. Por eso es tan importante que “si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5:25) y “sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18); porque Él es “el Espíritu de verdad” y sólo “Él os guiará a toda verdad” (Juan 16:13), inclusive las verdades maravillosas de estas doctrinas. Él sólo es el Maestro infalible de la Palabra de Dios; y así que sólo Él puede confirmar si somos Llamados y somos Elegidos de Dios en Jesucristo.

Pero ahora cuartamente, vamos a tener presente que nuestro Salvador precioso, el Señor Jesucristo, estará con Su pueblo “todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:20); y que Él prometió: “No te dejaré ni te desampararé” (Hebreos 13:5). Eso quiere decir, amados, que tenemos el ejemplo perfecto antes nosotros, y en nosotros, para vivir como los Llamados y Elegidos de Dios a causa de Él. ¿No dijo Él en Juan, “Sin mí nada podéis hacer” (15:5)? En otras palabras, así “como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco (nosotros), si no permanecéis en (Cristo)” (v.4), que significa entonces, que los "frutos" del Llamamiento y la Elección de Dios sólo pueden ser verdad en nuestras vidas siempre que el Señor Jesús esté con, y en, nosotros. Ya ven, amados, nuestro “llamamiento y elección” será “firme” a nosotros porque 'nada ha de ser hecho "sin Cristo"; sin su Espíritu, gracia, fuerza, y presencia; o como "separado” de él' (Comentario de John Gill). Por lo tanto, "ser llamado y ser elegido" en Cristo, tenemos que depender totalmente de Él para asegurar nuestra relación con Dios; y en hacer eso, tendremos el consuelo y paz mayores que podemos tener “estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). Amén.

Por lo tanto, en conclusión, encontramos que “procurad tanto más hacer firme vuestro llamamiento y elección”, Dios no nos ha dejado a nuestros propios dispositivos, sino a Su gracia “que (nos) es dada en Cristo Jesús” (1 Corintios 1:4) para que hasta al fin seremos fieles para hacerlo. Por eso leemos de “los que están con Él son llamados, y elegidos, y fieles(Apocalipsis 17:14). Oh, amados, qué así sea con cada uno de nosotros que profesamos el Nombre glorioso del Señor Jesucristo para que la promesa preciosa incluida en nuestro texto también sea verdad de nosotros: “Porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será abundantemente administrada la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 {Peter 1:10, 11}. Amén.