¿QUÉ ES EL CRISTIANISMO?
La Posición, el Objectivo y la Esperanza del Cristiano

    CREEMOS que el tercer capítulo de Filipenses nos da eI modelo de un verdadero cristiano. Tenemos primeramente la posición del cristiano; segundo, el objetivo del cristiano y tercero, la esperanza del cristiano.

No sólo se nos dice lo que es Ia posición del cristiano sino tambien lo que no es. Si alguna vez ha existido un hombre que pudiera jactarse de tener su propia justicia para pararse delante de Dios, ha sido Pablo. "Si," él dice, "alguno parece que tiene de qué confiar en la carne, yo más" (Filipenses 3:4). Ninguno se Ie podia aventajar a Saulo de Tarso. Él  era un judío, de raza pura, de una buena posición, de una vida irreprensible, con un celo ferviente y una devoción constante. ÉI era, en sus principios, un perseguidor de Ia iglesia. "Pero las cosas que eran para mí ganancia las he considerado como pérdida a causa de Cristo" (Filipenses 3:7).

Debemos de notar aquí que el pensamiento principal aquí en este pasaje no as aquel de un pecador cupable que se encomienda a Jesús para recbir el pardón sino más bien de un legalista que echa por un lado como escoria su propia justicia, por haber encontrado algo mejor. Ni tenemos que mencionar que Pablo era un pecador y que por consiguiente tuvo que apropiarse de Ia sangre preciosa de Cristo y alIí encontró el perdón, la paz y la aceptación para con Dios. Pero esto no es el pensamiento principal en este capítulo que estamos mirando. Pablo no está hablando de sus pecados sino de sus ganancias.

La clave que se presenta en Filipenses 3:4-8 no se trata tanto de un pecador cuyos pecados han sido perdonados, su culpa borrada y su vergüenza cubierta, sino de un legalista que deja atrás su propia justicia; un erudito que echa fuera todos sus reconcocimientos y de un hombre que abandona su vanagloria por la razón sencilla de que había encontrado Ia verdadera gloria, premios eternos y una justicia permanente en la Persona de un Cristo victorioso y exaltado. Deseamos mucho que el lector comprenda con claridad este punto. No es sólo que mis pecados me acerquen a Cristo, sino que sus excelencias me atraen a ÉI. Es cierto que tengo pecados y por lo tanto necesito a Cristo; pero aunque tuviera una justicia, la arrojaría de mí y me refugiaríoa "en ÉI."

Así que, vemos que la posición de un cristiano está en Cristo. "Hallado en él" (Filipenses 3:9). Esta es la posición cristiana. Ni más ni menos. No es que una parte sea de Cristo y Ia otra de la ley o de las ordenanzas. No; se halla toda en él. No es el judaismo, el catolicismo, ni ningun otro "ismo." No es ser el miembro de esta iglesia, aquella o de la otra sino que es estar en Cristo. Este es el gran fundamento del verdadero cristianismo práctico. Cristo as nuestra justicia. Él mismo, el Cristo, crucificado, resucitado, exattado y glorificado.

En el segundo lugar, mira e/ objectivo del cristiano. Aquí nuevamente vemos que el cristianismo nos encierra a Cristo: "A fin de conocerle" (Filipenses 3:10). Si ser hallado en él constituye Ia posición del Cristiano, entonces "conocerle es el objetivo correcto. La filosofía antiguo tiene un lema que decia, "conócete a ti mismo." AI contrario, el cristianismo tiene un lema más aIto y señale un objectivo mas noble. Nos insta a conocer a Cristo, y fijar nuestra mirada en él.

Esto y sólo esto constituye el objetivo del cristiano. No irnporta cuál sea el objetivo, si no es Cristo, no es el Cristianismo. El deseo del verdadero Cristiano siempre podrá consistir en estas mismas paJabras, "A fin de conocerle, y Ia virtud de su resurrección, y Ia participación de sus padecimientos, en conforrnidad a su muerte" (vers. 10). Quizas sea bueno que un hombre que no conoce a Cristo como su justicia, haga lo mejor que pueda para forjar su propia justicla, pero para aquel, cuya posición está en un Cristo resucitado, la mejor justicia que pudieran producir los esfuerzos humanos sería en la actualidad una pérdida humana.

Podemos estar seguros de que una razón princpal por Ia falta de ánimo que prevalece tanto entre los cristlanos hoy en día se debe aI hecho de que se ha quitado Ia mirada de Cristo y que se ha fijado en otro objetivo más bajo. "Mas nuestra vivienda es en los cielos" (Filipenses 3:20), y nunca debemos de estár satisfechos con proponernos un objetivo menor que Cristo. Es el objetivo del hombre y no su posición, lo que Ie da su carácter. "Pero una cosa hago," Pablo podía decir (vers. 13).

Nuestro tercer punto es Ia esperanza del cristiano, Ia cuál es ser como Cristo. ¡Cuánta unidad herrnosa hay en estos tres aspectos! AI encontrarme en Cristo como mi justicia, comienzo a anhelar conocerle como mi objetivo y entre más Ie conozco más deseo ardientemente ser como él, lo cual sólo se puede realizar cuando lo vea tal como él es. Por tener una justicia perfecta y un objetivo perfecto, sólo deseo una cosa más, y eso es que quiero eliminar todo lo que me irnpida disfrutar plenamente de ese objetivo. "Mas nuestra vivienda es en Ios cielos; de donde también esperamos aI Salvador, aI Señor Jesucristo; ÉI cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante aI cuerpo de su gloria, por Ia operación con la cual puede también sujetar a sí todas las cosas" (Filipenses 3:20-21).

Pedirnos al lector que continúe en su estudio y pensamientos sobre este tema tan maravilloso. Y, ¡qué el lenguaje de su corazón sea, "Qué quite mi mirada de los hombres para siempre y que la fije singularmente sobre Cristo, y encuentre todo mi gozo en él como mi justicia, mi objetivo y mi esperanza."

       C. H. Mackintosh (1820- 1896)                        

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