¿DE QUIEN ES LA SALVACIÓN?
Verdaderamente
debemos
regocijarnos y ser agradecidos que el Dios eterno se agradó desde la eternidad pasada en sentar Su
corazón
en nosotros que creemos en nuestro Salvador precioso, el Señor
Jesucristo, en “de que Dios nos haya escogido desde el
principio para salvación…”; y ¿para
qué propósito? ¡Para que podamos obtener “la
gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 2:13,
14)! Ah, ¡cómo
nuestros corazones deben derramarse con amor para el Hijo amado, “el cual (nos) amó, y se entregó á
sí mismo
por (nosotros)” (Gálatas 2:20) en la Cruz; y tomó
sobre Su cuerpo todas
nuestras iniquidades y pecados y sufrió nuestro juicio justo en
Él Mismo para
que puédanos estar con Él en la gloria por toda la
eternidad! ¡Aleluya! Sí,
nuestros labios deben de brotar con alabanzas a Su Nombre glorioso en
que Él aún consideró
llegar a ser Hombre para morir
para que nosotros pudiéramos ser salvos “de
(nuestros) pecados" (Mateo 1:21). Pero, ¿sabe qué es
verdaderamente
admirable? ¡¡¡QUE ÉL LO HIZO TODO Y EN SU
MANERA!!! ¡Por eso el Salmista y el
Profeta podrían testificarlo! Tal es también el
testimonio de cada y todos
quienes conocen la gracia de Dios en verdad. Estos son los que pueden
cantar
con el Salmista: “No á nosotros, oh
Jehová, no á nosotros, sino á tu nombre da gloria;
por tu misericordia, por tu
verdad… Y nuestro Dios está en los cielos: Todo lo que quiso ha
hecho" (115:1,
3). Sí, TODA alabanza y la gloria sea para Él que nos ha
salvado con SU
salvación; y que nos guardará salvos para siempre y
jamás en Jesucristo, “el cual fué entregado
por nuestros delitos,
y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25).
Amén.