LA DOCTRINA DE LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS

¿Puede perder jamás un cristiano verdadero su salvación y ser perdido otra vez e ir al infierno? Tristemente decirlo, hay ésos que creen que puede suceder. Por supuesto, para uno reclamar eso es de tener un punto de vista contradictorio de, o están negando, “el evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) porque ellos reclamarán creer el Evangelio verdadero de Jesucristo y todavía contradecir la misma esencia del Evangelio mismo; y es que “la gracia de Dios que trae salvación á todos los hombres” (Tito 2:11)  salva a pecadores; y ellos son salvados por la gracia que Dios les da por Jesucristo (Efesios 2:8; 1 Corintios 1:4; cp. Juan 1:16). Para ponerlo en otra manera, ¡lo que ellos creen realmente y enseñan es que un cristiano arrepentido y creyente que es renacido y comprado con la sangre, puede ser “descristianizado” y ya no ser un hijo de Dios! Esto no le da ninguna esperanza a cualquier cristiano profeso porque ellos nunca pueden saber si son salvos verdaderamente, ni serán salvados jamás, si fuera verdad que un cristiano podría perder su salvación.

En nuestro estudio de esta doctrina particular, es decir La Perseverancia de Los Santos, demostraremos que ningún cristiano verdadero puede perder jamás su salvación; ¡no importa qué! Por supuesto, ¡este 'no importa que' no significa que un cristiano verdadero puede seguir viviendo en el pecado simplemente porque ellos son salvados SOLO por la gracia por medio SOLO la fe en SOLO Jesucristo! Somos dichos con énfasis que el Señor Jesucristo “salvará á su pueblo de sus pecados”, y no "en" sus pecados (Mateo 1:21). El apóstol Pablo agrega aún más: ¿”Perseveraremos en pecado para que la gracia crezca? En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él” (Romanos 6:1, 2)? Por lo tanto, esta doctrina mostrará que ninguno de los elegidos de Dios puede perder jamás su salvación; y aunque hay tiempos que un cristiano verdadero puede, y pecará; no obstante, ellos perseverarán en la santidad hasta al fin. En otras palabras, un cristiano verdadero podrá pasar por una vida como la de Lot, o como Sansón; y quizás aún como Salomón, mas nunca pueden ser "separados" de Dios porque Él los ha "separado" del mundo para Él mismo.

Ahora, esta doctrina también ha sido referida como La Preservación de los Santos, en la cual el énfasis es puesta en la fidelidad de Dios que preserva a Su pueblo en Jesucristo de perder su salvación (Judas 1); y también es llamada La Seguridad Eterna del Creyente, que es también verdad en que cada creyente verdadero en el Señor Jesucristo es asegurado eternamente en Él porque ellos han sido “salvos en Jehová con salvación eterna” (Isaías 45:17). Pero uno de las expresiones más populares que son utilizadas por muchos (especialmente entre los Bautistas del Sur) es la doctrina de "Una vez Salvo, Siempre Salvo". Temo sin embargo, aunque es verdad que una vez que los elegidos de Dios han experimentado la gracia de Dios en la salvación ellos siempre serán salvados para siempre, mas esta doctrina de "Una vez Salvo, Siempre Salvo" ha sido tan corrompida que una excusa ha sido mantenida para cristianos profesos que continúan en el pecado. Una de las excusas más decepcionantes que conozco es la de donde es dicho que tal "cristiano" profeso "ha hecho a Jesús su Salvador, pero no el Señor de su vida", que es por qué ellos continúan en el pecado. No obstante, según esta doctrina falsa, ya que ellos han sido salvos una vez, ellos siempre serán salvos.

En este estudio de La Doctrina de la Perseverancia de los Santos la consideraremos con respecto a las otras doctrinas de las Doctrinas de Gracia, las cuales son referidas básicamente como TULIP (en inglés), es decir, las doctrinas de la Depravación y la Incapacidad Total del Hombre, la Elección Incondicional de pecadores por Dios, la Expiación Limitada hecha por Cristo por los elegidos, la Gracia Irresistible de Dios; y la cuál por supuesto incluye nuestro estudio presente de la Perseverancia de los Santos. De hecho, ellas son tan interconectadas que no puedes tener el uno sin el otro. No sólo eso, la veracidad de nuestro estudio presente será confirmada por las verdades de las otras doctrinas porque todos ellas exudan con “las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7) “para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (2:7). Todas estas doctrinas son consecuentes una con otra ya que ellas son “del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24); y ¡qué prueba más grande de la Gracia Libre y Soberana de Dios que ver a pecadores una vez totalmente depravados traídos a una perseverancia en la santidad por esa misma gracia! Toda alabanza y gloria sea para Aquél, quien es “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10). Amén.

Pero nunca asumiremos que la verdad de nuestro estudio presente es separada de la Muerte y la Resurrección del Señor Jesucristo. No, es la Cruz y la Tumba vacía de nuestro Salvador precioso que hace la verdad de la Perseverancia de los Santos una doctrina tan poderosa y práctica. En andar y perseverar en la santidad es de seguir al Señor Jesucristo cada día; y eso es de negarnos y morir a nosotros mismos y al mundo; y en hacerlo lo más andaremos en la santidad. Pero al poner los ojos en la Cruz, allí nos vemos crucificados juntos con nuestro Salvador precioso, muertos al pecado, muertos al mundo; sí, muertos al "yo,  al mí y al yo mismo"; pero todavía como Pablo dice: “Y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí” (Gálatas 2:20) en la cruz para que ahora pueda andar en la santidad como nunca lo hice antes. También, porque hemos sido levantados juntos con Cristo, ahora podemos conocer “la virtud de su resurrección” (Filipenses 3:10) para que “así también nosotros andemos en novedad de vida” (Romanos 6:4) en la santidad. Por lo tanto, no debe ser considerado extraño que los santos de Dios deben perseverar en la santidad; porque Su gracia es más que suficiente (2 Corintios 12:9) para llevarnos en el “Camino de Santidad” (Isaías 35:8). Amén.

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Ahora, como dijimos previamente, mostraremos la veracidad de esta doctrina interconectándola con las otras cuatro doctrinas de T.U.L.I.P. (inglés que refiere a las 5 doctrinas de gracia); y empezaremos con T, que significa la doctrina de la Depravación Total del hombre, e incluye su Incapacidad Total como él se encuentra antes de Dios como un pecador. Huelga decirlo que incluye a TODOS NOSOTROS; porque "ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga bien y nunca peque" (Eclesiastés 7:20). Por supuesto, las Sagradas Escrituras lo hacen muy claro que "si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia" (Isaías 64:6); y así por lo tanto, estamos desprovistos de cualquier santidad cualesquiera en que para la iniquidad hemos presentado “nuestros miembros á servir á la inmundicia y á la iniquidad” (Romanos 6:19). Nuestras vidas sin santidad consiste "en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos" (Efesios 2:3) agregando el “pecado á pecado" (Isaías 30:1); y ¡esto hicimos, y hacemos constantemente en el todo de nuestra vida a menos que un cambio radical suceda dentro de nosotros que nos convierte de ser impíos a ser santos!

¡Pero para agravar todo el asunto es que somos totalmente incapaces de hacer algo acerca de ello! Es totalmente imposible para cualquiera de nosotros de nuestra propia voluntad y poder hacernos santos, mucho menos en perseverar en la santidad. Oh, es cierto que el hombre puede llegar a ser "religioso"; y en cuanto a eso, profesar en ser un "cristiano". Pero es enteramente una cosa de tener una profesión de santidad y todavía estar vacío de la posesión de ello. En otras palabras, hay multitudes de personas religiosas, especialmente los que profesan ser cristianos que tienen una "apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella" (2 Timoteo 3:5) del “espíritu de santidad” (Romanos 1:4), que cada santo de Dios tiene debido a su unión con Cristo; y por lo tanto, son morados por el Espíritu Santo de Dios. Por el otro lado, el pecador totalmente depravado es un esclavo a su naturaleza pecadora y no puede librarse de su poder. Como tal, él “esta muerto en…delitos y pecados”, y “anda conforme á la condición de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:1, 2) y “sin santidad" (2 Timoteo 3:2). ¡Para tales el ser santo, no sólo es indeseable, pero también imposible!

Pero ¡oh! ¡La maravilla de la gracia de Dios! ¡Verdaderamente es “Gracia Admirable" que Dios puede tomar un a pecador depravado y vil y obrar en él, no sólo el tener una voluntad para la santidad pero también para hacerlo! Cp. Filipenses 2:13. Al momento de conversión cuando un pecador es hecho una “nueva criatura”, o creación “en Cristo”, no sólo son “las cosas viejas pasadas”; pero también “todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17) en su relación con Dios y en su vida. No sólo es hecho un santo de Dios, pero puede también andar en la santidad; “porque no nos ha llamado Dios á inmundicia, sino á santificación” (1 Tesalonicenses 4:7). Es verdad que un pecador redimido puede "reincidir" a veces y puede tropezar por el “Camino de Santidad” (Isaías 35:8), pero aunque “siete veces cae el justo,” él “se torna á levantar” (Proverbios 24:26); porque “cuando cayere, no quedará postrado; porque Jehová sostiene su mano” (Salmo 37:24). Por lo tanto, amados, por eso los cristianos verdaderos perseverarán en la santidad; porque no sólo Dios de Su gracia los ha salvado en Cristo, pero también son “guardados en la virtud de Dios por fe, para alcanzar la salvación” (1 Pedro 1:5); y la prueba de esto será vista en su ser “santos en toda conversación”, es a saber, en toda manera de vivir; “porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” dice el Señor (vv.15, 16). Así que, sólo éstos son “conservados en Jesucristo” (Judas v.1); y pueden ser dicho verdaderamente de ellos, "¡Una Vez Salvos, Siempre Salvos!"

Vamos ahora continuar con el U del TULIP, que significa la Elección Incondicional (Unconditional en inglés). Esta doctrina nos enseña que Dios escogió incondicionalmente a pecadores en Jesucristo para ser salvados desde la eternidad sin tomar en consideración habiendo hecho lo bueno o lo malo. Efesios 1:4 nos dice que Él “nos escogió en (Cristo) antes de la fundación del mundo…”; y en Romanos 9:11 somos mostrados que no tiene que ver nada con lo que hicimos o no hicimos; “porque no siendo aún nacidos, ni habiendo hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme á la elección, no por las obras sino por el que llama, permaneciese….”. Pero con respecto a la Perseverancia de los Santos, los elegidos fueron escogidos “para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor…” (Efesios 1:4). En otras palabras, es la elección de ellos que los hace santos delante de Dios, y no al revés, como aquellos que reclama que somos escogidos porque somos santas. De hecho, varias veces la elección es conectada con la santidad de los escogidos; como en Colosenses 3:12 – “Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados", y en 2 Tesalonicenses 2:13 – “Dios os haya escogido desde el principio para salud, por la santificación del Espíritu…”.

Esto entonces significa, amados, que la Perseverancia de los Santos es la prueba de su elección. Es inconcebible para uno creer que uno puede ser escogido de Dios en Jesucristo para ser santo y luego estar sin santidad en su vida. Recuerde, que "no nos ha llamado Dios á inmundicia, sino á santificación” (1 Tesalonicenses 4:7); y que Él “nos salvó y llamó con vocación santa, no conforme á nuestras obras, mas según el intento suyo y gracia, la cual nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” en la elección (2 Timoteo 1:9). Para que esto sea verdad en cualquiera que profesa cristiano, es imprescindible que “procuremos tanto más de hacer firme nuestra vocación y elección” (2 Pedro 1:10); y hacemos esto haciendo ciertas cosas que son consecuente con una vida santa como describido en los versículos 3-7. De hecho, el cristiano verdadero reconoce y cree que ellos han de “seguir…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Ya ven, amados, los elegidos “en Cristo Jesús” no sólo lo tienen como su “santificación…el cual nos ha sido hecho por Dios” como tal (1 Corintios 1:30), pero han sido “predestinados para que fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29); y ¿no oró Él, “Santifícalos en tu verdad…, Y por ellos yo me santifico á mí mismo, para que también ellos sean santificados en verdad” (Juan 17:17, 19)? Por lo tanto, “escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16).

Ahora, es muy importante que entendemos que no es el ser santos en nuestras vidas que garantiza nuestra salvación, es a saber, que nos mantiene de perder nuestra salvación. No, es lo que nuestro Salvador precioso, el Señor Jesucristo, ha hecho y hace ahora para nosotros “que es poderoso para guardarnos sin caída, y presentarnos delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría” (Judas v.24). Otra vez, recuerda que Él nos “salvo en (él mismo) con salvación eterna” (Isaías 45:17), así que al vernos en Él mismo Él no percibe iniquidad ni ve perversidad en nosotros (refiere a Números 23:21) de modo que los elegidos verdaderamente son “santos y sin mancha delante de él” (Efesios 1:4). Nuestra salvación es totalmente y enteramente en el Señor Jesús mismo; porque Él sólo es quien murió y pagó por nuestros pecados en la cruz, Su sangre es lo que nos limpia de todo pecado, Su justicia nos hace la justicia de Dios en Él; e incluso ahora Él puede “salvarnos eternamente…, viviendo siempre para interceder por (nosotros)” (Hebreos 7:25). No obstante, la santidad no es simplemente posicional, sino que es también práctico. En otras palabras, nuestra santidad no es sólo como Dios nos ve en Su Hijo, pero también como Él nos ve vivir en Su Hijo. Sí, somos salvados para siempre en Jesucristo, pero también somos un pueblo santo en Él; y ¡nuestras vidas deben demostrar eso! Amén.

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Ahora miraremos a nuestra doctrina desde la Expiación Limitada (L en TULIP, inglés) del Señor Jesucristo. Una Escritura a la cual podemos referirnos para empezar es Mateo 1:21, donde leemos que Él “salvará a su pueblo de sus pecados”. Generalmente uno mira esta Escritura y lo limitará a ser salvado de la pena de nuestros pecados. Es decir, muchos lo considerarían a significar de ser salvado de las consecuencias de nuestros pecados que nos llevarían al infierno por no ser pagados y perdonados. ¡Eso, por supuesto, es verdad! Pero también tiene referencia a ser salvado del poder del pecado. La Muerte de Cristo en la Cruz tiene mucho que ver con nuestra santidad; porque Él nos ha redimido para ser un pueblo santo; y esto sólo puede ser verdad si el poder del pecado es rotado de nosotros. Sería imposible para creyentes verdaderos del Señor Jesucristo ser santos si todo lo que Su Muerte en la Cruz hizo fue de salvarlos de la pena del pecado, lo cual tiene que ver con nuestra justificación, pero dejarnos en su poder. En ese caso eso significaría que para que nosotros seamos santos en práctica tendríamos que hacerlo en el poder de nuestras propias fuerzas si la Cruz no tuvo nada que ver con nuestra santidad. Pero la base de nuestras vidas santas es la Cruz; porque el Señor Jesús no sólo hizo la expiación por nuestros pecados en ella, pero también nos libertó del poder del pecado.

Considere a Romanos 6, donde leemos que debemos de saber “que nuestro viejo hombre juntamente fué crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, á fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que es muerto, justificado (librado, KJV) es del pecado” (vv.6, 7). Note que indica específicamente que el “viejo hombre” del creyente, es decir, la naturaleza Adámica, o la naturaleza pecadora, ha sido crucificada juntamente con Cristo en la Cruz para “que el cuerpo del pecado sea deshecho”; ¡o para ser hecho impotente! Por supuesto, esto es para que nosotros ya no seamos esclavos del pecado; y la razón que esto puede ser verdad es porque hemos hecho sido libres de su poder; y consecuentemente nosotros “ahora para santidad presentéis vuestros miembros á servir á la justicia” (v.19); y aquí “miembros” pueden referirse a esas cosas que nos sirven como personas, o sea físicamente o emocionalmente o espiritualmente. El empuje principal es que a causa de la Cruz somos “ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, así que tenemos por nuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna” (v.22), que es verdad para ésos que han sido crucificados junto con Cristo. 

Por lo tanto, es muy importante que entendemos también que la Expiación que el Señor Jesús hizo en la Cruz para nuestros pecados no es algo que Él hizo aparte de ésos por quienes Él murió; al contrario, todos por quienes Cristo murió en la Cruz estaban en unión juntos con Él. Por eso el apóstol Pablo lo indica así: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí” (Gálatas 2:20); y además él agrega con respecto a esta unión en Efesios 2: “Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos; y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús (vv.5, 6). Consecuentemente, es a causa de esta unión que los creyentes tienen con Cristo que les da el poder para perseverar en la santidad de acuerdo con 1 Pedro 1:15: “Sed también vosotros santos en toda conversación: Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (vv.15, 16); y “así también vosotros, pensad que de cierto estáis muertos al pecado, mas vivos á Dios en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:11). Es decir, juzgasen o estimasen verdaderamente ser muertos al pecado en unión con Cristo; y así en unión con Él pueden perseverar en la santidad; y no de su propio poder sino en el poder de Su gracia. ¡Aleluya!

Ahora, vamos a mirar a la Perseverancia de los Santos del punto de la doctrina de la Gracia Irresistible, que es I en TULIP (inglés). De hecho, yo creo que puedo decir con la certeza que la verdad gloriosa de la Gracia Irresistible de Dios es que "garantiza" la Perseverancia de los Santos. Así como es cierto que aquellos quienes “Dios…haya escogido desde el principio para salvación, por la santificación del Espíritu y fe de la verdad” (2 Tesalonicenses 2:13) fueron hechos “de buena voluntad en el día de su poder, en la hermosura de la santidad: desde el seno de la aurora” (Salmo 110:3) de Su gracia para venir a Jesucristo para ser salvados, así que esta Gracia Irresistible continuará en sus vidas. Porque la santidad no es una opción, especialmente que “sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14), y por lo tanto, “porque no nos ha llamado Dios á inmundicia, sino á santificación” (1 Tesalonicenses 4:7), es una necesidad que nos “limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios(2 Corintios 7:1). Pero ¡ay! ¡Encontramos que no esta dentro de nuestro propio poder de vivir una vida santa; por más que quizás queramos serlo!  

Allí es en donde la gracia de Dios entra; y tiene que venir con tal poder que nos hará dispuestos para ser santos. De otro modo, nos cederemos al pecado morador que nos hace reacios a ser santos. Lo qué es dicho acercas de “ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor” es también verdad para ser santo en toda manera de vivir; y es que “Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:12, 13). Hay varias Escrituras que hace esto claro: “Porque también obraste en nosotros todas nuestras obras(Isaías 26:12); “Os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo” (Hebreos 13:21); “Para que sean confirmados vuestros corazones en santidad, irreprensibles delante de Dios y nuestro Padre, para la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tesalonicenses 3:13); y “el Dios de paz os santifique en todo (5:23).  

Pero entonces, no es sólo la gracia de Dios que capacita al creyente para perseverar en la santidad, sino también el Espíritu Santo de Dios que mora en el creyente. Aunque sea verdad que muchas veces el creyente verdadero resistirá y entristecerá al Espíritu Santo en la desobediencia y en cederse a la tentación a pecar, todavía este mismo Espíritu de gracia nunca permitirá que cualquiera de ésos quienes Él haya regenerado y ha sellado que jamás sean perdidos. No sólo Él convence a un hijo reincidente de Dios de su pecado, pero también obrará en ellos un arrepentimiento de sus pecados y los trae a ser reconciliados con el Padre a quien ellos han ofendido. En hacer esto, no será simplemente una teoría de ser "Una Vez Salvó, Siempre Salvó", pero una práctica Perseverancia de los Santos. Esto, por supuesto, incluye la Preservación en Jesucristo con la Seguridad Eterna del Creyente. Sin embargo, con todo que es significado por estas verdades gloriosas, todo lo deberemos a la Gracia Irresistible de Dios a perseverar en la santidad hasta al fin; porque “el que es santo siga guardándose santo” (Apocalipsis 22:11-Nueva Biblia de los Hispanos).

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Al llegar a la conclusión del estudio de esta doctrina particular, es saber, la doctrina de la Perseverancia de los Santos, querríamos hacer algunas observaciones prácticas. Ustedes ven, amados, la Palabra de Dios no es simplemente sólo para una comprensión abstracta de sus doctrinas; al contrario, tiene una aplicación práctica de sus verdades para nuestras vidas; porque como Santiago nos dice: “Mas sed hacedores de la palabra, y no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (1:22). Por lo tanto, si recibimos la palabra de Dios, “no como palabra de hombres, sino como es en verdad, la palabra de Dios”, ella “obra también en (nosotros) que (creemos)” (1 Tesalonicenses 2:13). Por lo tanto, con esta consideración, vamos a ver cómo podemos aplicar esta verdad maravillosa a nuestras vidas (quizás haya alguna repetición de algunas cosas que yo ya he indicado); no obstante, teniendo todas las promesas de Dios que son en (Cristo) si, y en Él Amén, “así que, amados, teniendo tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios(2 Corintios 1:20; 7:1). Amén.

Si ustedes recuerdan, amados, hicimos la conexión entre esta doctrina y el resto de las Doctrinas de Gracia, a saber, las doctrinas de la Depravación Total, o de la Incapacidad Total del hombre, y de la Elección Incondicional de un cierto número de pecadores para salvación, y de la Expiación Limitada, o la Redención Particular de los elegidos por quienes Cristo Jesús murió; y por supuesto, la Gracia Irresistible de Dios que garantiza la salvación de los elegidos. Todas estas aseguran la Perseverancia de los Santos; porque todas las verdades gloriosas de las Doctrinas de Gracia sólo pueden ser probadas ser verdad por ésos que continúan en la santidad. Desde que somos ordenados de ser “santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15, 16); así que nosotros debemos de seguir “la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Así que ustedes pueden ver la factibilidad de nuestro tema. Por supuesto, esto es todo verdadero aunque si nos refiramos a esta doctrina como la Preservación de los Santos, o de la Seguridad Eterna del Creyente; ¡o aún la mucha abusada enseñanza de "Una Vez Salvo, Siempre Salvo" que hoy es muy popular!

Primero, como hemos notado que la Depravación Total del Hombre, con su Incapacidad Total, simplemente quiere decir que debido a su naturaleza pecadora con la cual él nace, TODO lo que puede hacer es pecar y no puede hacer nada acerca de ello si dejado a él mismo. No sólo eso, no hay deseo ni consentimiento en el hombre de cambiar porque todas sus facultades, es decir su constitución total está bajo el poder del pecado y por lo tanto, ¡su vida es como de PECADOR a menos que él sea cambiado radicalmente! Pero una vez que un pecador experimenta el "nuevo nacimiento" y llega a ser una nueva creación en Jesucristo (2 Corintios 2:17), entonces algo maravilloso sucede dentro de él; y eso es, él empieza una “novedad de vida” (Romanos 6:4). Eso quiere decir, amados, que mientras el pecador era impío y vil antes de Dios en su pecado, pero una vez que ellos experimentan la gracia de Dios en la salvación, no sólo llegan a ser santos de Dios (de hecho, esto es lo que los creyentes son llamados en Jesucristo); pero también empiezan a andar en la santidad, lo cual no podían hacer en su pecado. Siendo librados del poder del pecado y no estar bajo su dominio (Romanos 6:14), ahora tienen el poder de la gracia de Dios y del Espíritu Santo para que puedan perseverar en la santidad. 

En segundo lugar, en la doctrina de la Elección Incondicional se nos dice que Dios nos “escogió en (Cristo) antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él” (Efesios 1:4). Es muy notable ver que la primera cosa que es dicho acerca de nuestra elección tiene que ver con nuestra santidad. Es verdad que la perfección de nuestra santidad está en Jesucristo mismo en que Dios lo hizo ser nuestra “santificación” (1 Corintios 1:30), pero es también muy cierto que la voluntad de Dios para Sus elegidos es la “santificación” (1 Tesalonicenses 4:3). “Como escogidos de Dios” somos “santos y amados” (Colosenses 3:12), pero todavía debemos de “seguir…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Así que no es decir simplemente que los cristianos son santos, pero ¿estamos andando como santos? A través de la Escritura es aclarado que el pueblo de Dios es un “pueblo santo a Jehová…Dios” porque Él los “ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra” (Deuteronomio 7:6). Por lo tanto, la santidad en la vida del pueblo de Dios, es decir ésos que profesan el Nombre del Señor Jesucristo es definitivamente la característica que hace la diferencia entre “lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio” (Levítico 10:10). Pero para ser más preciso, la santidad demuestra nuestra elección si somos “santos en toda…manera de vivir” (1 Pedro 1:15).

Luego, terceramente, la Expiación Limitada, o la Redención Particular, del Señor Jesucristo por Sus elegidos asegura la santidad de Su pueblo; y esto es por tanto que Él murió para “salvar a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Ya ven, amados, no sólo murió Él para rescatar a Su pueblo de las consecuencias de sus pecados, pero también de su poder. En otras palabras, “los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:24). Esto significa que en la unión con nuestro Salvador no sólo son todos los pecados perdonados pero también su poder ha sido roto de nosotros “a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). Como resultado, ahora podemos andar en santidad lo que no podíamos hacer a causa del poder del pecado sobre nosotros como pecadores perdidos. Nuestra victoria sobre el pecado es una realidad cuando andamos en el poder de la cruz; porque como el apóstol Pablo declara: “Con Cristo estoy juntamente crucificado; mas vivo, ya no yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Mirando a “a Jesucristo, y a Éste crucificado” (1 Corintios 2:2) te dará la certeza que puedes perseverar en la santidad.

Pero luego, en cuarto lugar, la verdad gloriosa de la Gracia Irresistible garantiza la Perseverancia de los Santos. ¿Por qué es eso? Cuando indiqué previamente, la gracia de Dios es tan irresistible y tan poderosa que las fortalezas poderosas del pecado se caerán al sonar de la gracia de Dios como los muros de Jericó se cayeron cuando las trompetas sonaron. Si esto no es verdad entonces absolutamente ningún pecador será salvo jamás. Pero la prueba de la gracia irresistible poderosa de Dios es vista en las multitudes de pecadores una vez totalmente depravados que han llegado a ser los santos preciosos de Dios. Esto siendo verdad en la salvación de los elegidos será también verdad en la santificación de ellos. Ya ven, amados, la gracia no sólo nos es dada para ser salvados (Efesios 2:8), sino que es un proceso continuo en la vida cristiana. Somos dichos que “de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia” (Juan 1:16), es decir, "gracia sobre gracia", que 'consiste en el perdón, la redención, la protección, la santificación, la paz aquí, y del cielo después' (Comentario de Barnes). En otras palabras, somos dados gracia para todas las cosas para que seamos hechos “conforme a la imagen del Hijo de Dios” (Romanos 8:29); lo cual ciertamente incluye nuestra santidad. Pero para que lleguemos a ser santos como Él es santo tenemos que “crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y el Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Por lo tanto, la Gracia Irresistible de Dios son los medios por el cual perseveramos en la santidad; y la belleza de la santidad en la vida del creyente es la prueba de la gracia de Dios dada a ellos en Jesucristo.

Así que en conclusión, encontramos entonces, ¡que la Santidad en la vida de cristiano es PRÁCTICA! Nosotros quizás podemos aprender intelectualmente y llenar nuestras cabezas con todas las verdades maravillosas de la Palabra de Dios, pero a menos que vivamos lo que creemos como un discípulo del Señor Jesucristo como hemos aprendido de Él, esa gracia será en vano si no lo seguimos. Amados, podemos concluir que la santidad en nuestras vidas NO ES una opción, mas si no somos santos en toda manera de vivir, hay el peligro de no ser salvados “por la santificación del Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tesalonicenses 2:13). Por lo tanto, tenemos que decir que la santidad, y de perseverar en ella, son definitivamente necesarios para el cristiano; porque nuestra santidad no es conferida sobre nosotros por la beatificación de alguna iglesia, sino en nuestra elección en Jesucristo. La prueba de esto será vista en que seguimos la santidad; porque sin ella “nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Por lo cual, “amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” recordando que Él “es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría”; así que “al único sabio Dios Salvador nuestro, sea gloria y majestad, dominio y potestad, ahora y siempre. Amén” (Judas 20, 21, 24, 25).