O

“Los has amado como también a mí me has amado” (Juan 17:23)

<> 

Puedo regocijarme que Dios me ama; pero ¡Oh! En saber que Él me ama como Él ama a Su Hijo está más allá de mi comprensión. Mas que Él así me ama no lo puedo negar; porque el Señor Jesús Mismo lo dice en nuestro texto. “Los has amado como también a mí me has amado”. ¡Aleluya!!!

¡Pero lo que hace esta verdad gloriosa tan asombrosamente maravilloso es de considerar quién nosotros somos y lo que éramos! Honestamente, ¡ninguno de nosotros puede reclamar que merecemos ser amados por Dios! Sólo simplemente siendo pecadores, todos nosotros merecemos ser odiados por Dios como Él tan justamente lo declara en Su Palabra: “Aborreces a todos los que obran iniquidad” (Salmo 5:5). Pero todavía en Romanos 5:8 leemos: “Mas Dios encarece su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.

Oh, amados, las palabras me faltan para expresar lo que esto significa para mí; porque “la anchura, la longitud, la profundidad y la altura” de este amor es uno “que excede a todo conocimiento” (Efesios 3:18), mas en conocerlo por experiencia a causa de mi fe en Cristo es de ser asegurado que Dios me ama como Él ama a Su Hijo unigénito. Aunque quizás yo no pueda "describir" este amor en palabras; no obstante, ¡yo lo puedo creer!

Por lo tanto, aunque yo quizás no pueda "explicar" este amor a causa de su grandeza, todavía al mirar por la fe al amado Hijo de Dios, en Quien ha sido hecho acepto (Efesios 1:6), puedo descansar asegurado que Dios me ama de la misma manera que Él ama a Jesús. Esto significa, entonces, que absolutamente nada me separará “del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39); y esto es porque Él me ama “con amor eterno” (Jeremías 31:3). Para que Dios deje de amarme, Él tendría que dejar de amar a Su Hijo; y esto no puede suceder. Otra vez, ¡Aleluya!!!