LA FE AUN EN LA MUERTE
“Aunque
Él (Jehová) me matare, en Él
esperaré” (Job 13:15).
Matthew Henry en su comentario dice que "esta es
una expresión alta de fe, y de la cual todos debemos laborar
para alcanzarla -
confiar en Dios, aunque él nos mate, eso es, debemos de estar
bien contentos de
Dios como un amigo aún cuando él parece salir contra
nosotros como un
enemigo". Esta es la clase de fe que necesitamos asegurar que tenemos
como
cristianos; y no esa clase de "fe" vacilante que un momento es alta
porque todo parece ser bien, y luego al instante estar bajo porque todo
falla.
Por supuesto, esa clase de fe, tenemos que concluir, no es fijada sobre
Dios
sino en las circunstancias de nuestras vidas. Temo que muchas veces
hacemos
como Pedro hizo cuando él andaba sobre el agua y entonces a ver
la tormenta, él
comenzó a hundirse porque quito los ojos del Señor. Pero
la fe que se nos es
mostrada aquí es esa fe que se fiará de Dios, ¡no
importa lo que sea! Job expresa
esta clase de fe en decir que incluso si Jehová lo mate,
él todavía esperará en
Él, "aún en la muerte, o después de la muerte,
él se fiaría de Dios"
(Comentario de Barnes).
Aunque esto pueda ser aplicado apropiadamente en
significar la muerte física, como en el caso de Moisés
(ref. al Éxodo 4:24; cp.
1 Corintio 11:30); y así que es posible que haya las ocasiones
que nuestro Dios
quizás sea determinado a tratar con nosotros de esta manera. Por
supuesto, no
significa necesariamente que Dios lo hará como Él
trató con los hijos adúlteros
del sacerdote Eli (1
No sabes, estimado santo de Dios, que aunque “el
vivir es Cristo, (todavía) el morir es ganancia”;
y por lo tanto, debemos de tener el “deseo
de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”
(Filipenses 1:21,
23). Sí, quizás tenemos que decir con Job, “Aunque
Él (Jehová) me matare”
según Su
propósito infinito que Él ha propuesto para mí en
Jesucristo; porque recuerden
que Él tiene nuestras vidas y todos nuestros caminos en Sus
manos (Daniel 4:53)
y nuestro “días están determinados, y
el
número de (nuestros) meses están cercas de
Él”, y Él
“puso límites, los cuales
no pasaremos” (Job 14:5); no obstante, podemos someternos
humildemente a Su
voluntad, fiándonos de Él, a cualquier tiempo que venga
la hora. Las razones y
los medios pueden variar con cada hijo de Dios; pero sepan, amados, que
aunque quizás
seamos traídos a angustias como David, “Mi
corazón está dolorido dentro de mí, y terrores de
muerte sobre mí han caído” (Salmo
55:4), todavía con confianza podemos confesar con el
apóstol Pablo: “Por lo cual estoy seguro
que ni la
muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni
potestades, ni lo
presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra
criatura
nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo
Jesús Señor nuestro”
(Romanos 8:38, 39). ¡ALELUYA!!!