LA DOCTRINA DE LA GRACIA DE DIOS

Por Lasaro Flores

Ministerio Todo De Gracia

Nuestro estudio de la Gracia de Dios debe ser de mucho interés para al que ha luchado para encontrar aceptación con Dios. Hay un roer que es sentido dentro de una persona que ha sido hecho consciente de su pecado y que un día tendrá que pararse ante Dios para dar cuenta de sus pecados. Por supuesto, estar sin la certeza que todo esta bien con su alma, quizás se han envuelto con alguna religión; o por lo menos, ha tratado de impresionar a Dios con sus "buenas obras". Por supuesto, dándose cuenta de que está muy lejos de ser perfecto ya que reconoce que es un pecador, quizás se ha convencido a sí mismo que siempre que trate lo mejor de complacer a Dios, no es una mala persona. Subsiguientemente, se siente que Dios lo aceptará como es; especialmente ya que cree que Dios es amor, Él tendrá misericordia de él o ella. Esto es, yo temo, el concepto que multitudes de personas tienen de ser hechos aceptados de Dios al fin de todo.

Triste decirlo, aún dentro de la cristiandad profesa, todavía multitudes están siendo engañados en cómo los pecadores son hechos aceptos por Dios. A pesar de tener las Sagradas Escrituras inerrantes, y a pesar de profesar una creencia en la Gracia de Dios, ellos todavía NO PUEDEN decirle a un pecador cómo Dios los aceptará. La terminología de ellos incluirá "gracia", mas la verdad de la Gracia de Dios en toda su gloria no es predicada ni es enseñada a la gente. Para muchos es solo un término religioso y no tiene nada que ver con ser hecho aceptados por Dios (refiérese a Efesios 1:6 – "Para alabanza de la gloria de su gracia, en la cual nos hizo aceptos en el Amado"); y así que ellos pasaran sus "vidas cristiana" todavía teniendo un roer que sienten que verdaderamente todo no está bien con sus alma.

Ahora, es mi intención y objetivo en sacar de este estudio la verdad gloriosa que la Gracia de Dios es esa fuente insondable de la cual todas las bendiciones que podemos tener en Jesucristo fluirán con toda su plenitud al pecador creyente. De hecho, podemos decir dogmáticamente que aparte de la gracia de Dios no podemos, y no, recibimos nada de Él; por más que tratamos de ganarlo o merecerlo. La gracia tiene que ver con Dios dando gratuitamente al pecador indigno aquello lo que él no merece. De hecho, la gracia tiene que ver con Dios teniendo misericordia de uno que merece justamente el infierno más profundo por sus pecados, y haciendo exactamente lo contrario de lo que ellos merecen. Pero lo que hace esta gracia tan maravillosa es que sobre quien esta gracia es derramada tuvo absolutamente nada que ver con ello sino fue dado a él en Jesucristo simplemente porque le complació a Dios de hacerlo.

Además, veremos que la Gracia de Dios es el Alfa y la Omega de todo lo bueno que podemos recibir de Dios en Su amado Hijo, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. De hecho, del Principio hasta al Fin, de lo Primero a lo Último, la Gracia de Dios está estampada en TODO lo que Dios hace para nosotros, en nosotros y a nosotros como Él nos ve en Jesucristo. Podemos decir aún que si no fuese por la Gracia de Dios absolutamente no hubiese ninguna esperanza para cualquiera de nosotros. Dios tiene que vernos por los lentes de Su Gracia en Su Hijo precioso; porque si no, Él tendría que descartarnos de la presencia de Su santidad y justicia. Pero ¡oh! En saber que esa Gracia esta escrita sobre el propósito eterno de Dios desde antes de la fundación del mundo para tratar con nosotros en Jesucristo es de cantar "Bendita Certeza, Jesús Es Mío" a causa de Su "Gracia Admirable", “la cual nos fue dada en Cristo Jesús desde antes del principio de los siglos” (2 Timoteo 1:9). ¡Aleluya!!!

Para muchos la Gracia de Dios significa simplemente el "favor inmerecido" de Dios; y que, por supuesto, ¡lo es! Pero es muy limitado si eso es todo lo que comprendemos que es. La Gracia de Dios es mucho más profunda que eso; no en el sentido que no lo podemos comprender, sino que implica mucho más que el "favor inmerecido". Quizás puede ser dicho de la Gracia como es dicho del Amor de Cristo: “Podáis comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura; y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento…” (Efesios 3:18, 19). Por lo tanto, es tan inmensa y profunda que es únicamente como lo experimentamos en nuestras vidas en una relación personal con el Señor Jesucristo que podemos esperar agarrar cualquier significado de ello en nuestras vidas y ser capacitados decir con el apóstol Pablo: “Mas por la gracia de Dios soy lo que soy” (1 Corintios 15:10). ¡Aleluya!!!

Pero permite recordarnos: Que la doctrina de la Gracia de Dios no es simplemente una doctrina teológica, pero una que es práctica. Es verdad que esta doctrina preciosa nos enseña lo que es y lo que significa; pero también tiene que ver de cómo hemos sido cambiados y cómo vivimos como ésos que han experimentado la Gracia de Dios. Sí, la doctrina de la Gracia de Dios nos enseña los medios por los cuales Dios trata con nosotros como pecadores; y que la Gracia es la única esperanza que podemos tener en una relación correcta con Él en Su amado Hijo, el Señor Jesucristo. Pero también nos enseña que sin esta Gracia sería totalmente imposible, no sólo comenzar una Vida con Cristo, pero también continuar vivir Su Vida. En hecho, puedo afirmar con toda certeza que sin la Gracia de Dios, ¡nosotros NO PODEMOS ser un cristiano! Cada paso que tomamos nos debe recordar que es la “Gracia Admirable” de Dios que nos ha hecho lo que somos en Jesucristo para siempre jamás. Amén.

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En nuestro estudio, querríamos acentuar tres aspectos de ella que son tan importantes en nuestra comprensión de ella. Estas tres características de la Gracia de Dios son esenciales si son de comprender verdaderamente por qué es el "favor inmerecido" de Dios. De hecho, si los omitimos, entonces ya no es la vista Bíblica de la Gracia de Dios, sino una comprensión corrupta que realmente no tiene nada que ver con la Gracia; porque entonces introduce lo qué se supone el hombre pecador puede hacer para ganar el favor de Dios. Por supuesto, esto es lo que Romanos 11:6 nos dice lo que sucede: “Y si por gracia, ya no es por obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”.

Primero, comprendemos que la Gracia de Dios es eterna. Por esto es significado que la gracia no tuvo un punto de partida en algún lugar por la línea de tiempo cuando Dios decidió tratar con el hombre debido a alguna razón imprevista. Las Escrituras lo hacen muy claro que los atributos de Dios y carácter son eternos así como Él es eterno; porque como el Salmista declara que Él es Dios “desde la eternidad y hasta la eternidad” (Salmo 90:2). Por lo tanto, desde que Él es “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10), sigue que Su Gracia también es “desde la eternidad y hasta la eternidad”. ¡Amén! ¡Esto significa también ya que Él es “Jehová” y El “no cambia” (Malaquías 3:6), Él siempre será “el Dios de toda gracia” eternamente! ¡Lee Efesios 1:3-7 devotamente y alegremente y vea lo que esta verdad gloriosa debe significar para los elegidos de Dios porque es eterna!

Además, considere las siguientes dos Escrituras que establecen esta verdad y que no es de la invención de la imaginación del hombre religioso. 1) “Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según su propósito y gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús desde antes del principio de los siglos(2 Timoteo 1:9). Note que la Gracia nos es dada “antes del principio de los siglos”. En otras palabras, la gracia existía y fue dada a los elegidos antes de tiempo perpetuo, es decir antes de Génesis 1:1. Esto significa que antes que la Gracia realmente fue dada en experiencia a uno ya existía en la eternidad pasada. 2) “Para mostrar en las edades venideras las abundantes riquezas de su gracia, en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Efesios 2:7). Entonces a través de la eternidad esta Gracia gloriosa será “indicada” por todos los que han experimentado “las abundantes riquezas de la gracia de Dios” en sus vidas; y la prueba de ello será vista simplemente en que están allí en gloria debido sólo a la gracia de Dios. Verdaderamente esto será “para alabanza de la gloria de su gracia” (1:6). ¡Toda alabanza sea para Aquel quien es digno de ello! ¡Amén!

En segundo lugar, comprendemos que la Gracia de Dios es gratuita. Es decir, la Gracia de Dios no puede ser comprada; mucho menos merecida por cualquiera de nosotros. Es dicho que hemos sido justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24); “el don… mucho más la gracia de Dios…, y el don de gracia…” (5:15); “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará (gratuitamente) (conceder como favor) también con Él todas las cosas?” (8:32). En otras palabras, esto significa simplemente que ya que la Gracia de Dios es la fuente de dónde fluyen TODAS las cosas para nuestro bien, especialmente para nuestro bienestar eterno; y desde que la Gracia es el favor inmerecido de Dios en que Él nos hace el favor el cual no merecemos; por lo tanto ellas se nos son dadas gratuitamente. Oseas 14:4 nos dice que el amor de Dios para Su pueblo es gratuito: “Los amaré de pura gracia (gratuitamente)”; y esto es manifestado en darnos Su gracia; 'y este amor, como es puesto gratuitamente sobre los objetos de él, sin cualquier mérito de ellos, o de cualquier motivo en ellos, sino fluye del placer y voluntad libre soberana de Dios en Cristo' (Comentario de Juan Gill).

Además, podemos decir, entonces, que desde que la gracia de Dios es gratuita, entonces nuestras obras, o cualquier "justicia" que quizás concibamos tener para atraer a Dios a nosotros para nuestro bien, no vale ni una pizca; porque ellas son “como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6) antes de Él. Por lo tanto, “si por gracia, ya no es por obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra” (Romanos 11:6). De hecho, nos podemos decir a cada uno de nosotros que si esperamos algún bien de Dios vale mas venir como nos invita Isaías 55:1 (“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche"), o no habrá esperanza de salvación o de cualquiera de Sus “bendiciones espirituales…en Cristo” (Efesios 1:3ff.). ¡La gracia es un don de Dios para los indignos y para los que absolutamente no pueden hacer nada por ello!

Terceramente, la Gracia de Dios es soberana. Por esto es significado, amados, ya que la Gracia es totalmente de Dios y Él tiene control absoluto de ella, Él no es obligado en ninguna manera de darlo a nadie a menos que Él escoja hacerlo según Su voluntad soberana; o como expresado en Efesios 1:5, “según el beneplácito de su voluntad”. Esto es aclarado en Su declaración: “Porque a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia; y me compadeceré del que yo me compadezca” (Romanos 9:15). Desde que la “misericordia” y la “compasión” para cualquiera de nosotros tienen que venir del “Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10); y ya que no lo podemos merecer de cualquier forma, nuestra única esperanza para que la gracia de Dios nos sea dada tenemos que depender en Él dándonosla simplemente porque le complace de hacerlo. Esto, por supuesto, es demostrado por el hecho que “nos (la) fue dada en Cristo Jesús desde antes del principio de los siglos” (2 Timoteo 1:9). ¡Qué prueba más grande de Su soberanía de Su gracia en que nos fue dada antes de Génesis 1:1!

Por supuesto, este aspecto de la Gracia de Dios es muy aborrecible no sólo al hombre orgulloso y carnal, pero también a muchos que reclaman creer en la Gracia de Dios. Ellos no permiten que Dios sea Dios y ser el Disponedor de los beneficios de Su gracia como Él quiere. De hecho, Él les puede decir: “Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Salmo 50:21). El hombre, en su oposición a la Soberanía de Dios, más tanto con respecto a Su Gracia, trata de bajar los caminos y los pensamientos de Dios al nivel del hombre depravado. Pero ¿que dice el Altísimo? “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová” (Isaías 55:8). Por lo tanto, sigue que desde que Dios le da Su gracia a quien le complace y cuando le complace, el hombre no tiene nada que decir en absoluto de ello además de responder a ella cuando eficazmente e irresistiblemente cae en ellos.

Nosotros, entonces, concluimos que porque la Gracia de Dios es eterna, gratuita, y soberana, cierra la puerta a cualquier cosa que el hombre depravado piensa, según se supone, que puede añadir para “justificarse” a sí mismo antes de Dios. La justificación aquí puede ser cualquier cosa que puedan percibir ser una excusa o razón para ser perdonados o ser aceptados por Dios; o sea temporalmente o sea eternamente. Pero como veremos a continuar nuestro estudio de la Gracia de Dios, la Gracia es esa fuente eterna de donde fluyen TODAS las bendiciones que un pecador indigno pero merecido del infierno pueda recibir de un Dios Santo y Justo, que sería justo a lanzarnos lejos de Su presencia en los fuegos eternos del infierno. Mas a causa de lo que es la Gracia, Dios desde la eternidad ha libremente escogido un pueblo para Su gloria simplemente porque le ha complacido de hacerlo así; y así que, por lo tanto, podemos decir, sin duda cualquiera, que es “para alabanza de la gloria de su gracia, en la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados, según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:6, 7). Amén.

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Habiendo mirado a las tres características de la Gracia de Dios, es decir que es Eterna, Gratuita y Soberana, ahora queremos considerar su aplicación sobre ésos en quienes es ejercitada por la Voluntad Soberana de Dios y Su Amor y Misericordia en ésos que la han experimentado en la salvación. Verdaderamente veremos que absolutamente no se puede negar que si no fuera por la Gracia de Dios en Su trato con nosotros en Jesucristo, nosotros seríamos los más miserables de las criaturas; porque sin la Gracia de Dios no hubiera esperanza de salvación; y muy ciertamente, no hubiera manera de ser capaz de vivir la Vida de Cristo, porque es la Gracia de Dios que SOLO nos da esperanza, no sólo para HOY pero también para la Eternidad. ¡¡¡Aleluya!!!

Por lo tanto, notaremos primero que la Gracia de Dios es imprescindible para nuestra salvación de nuestros pecados (refiérase a Mateo 1:21). Una de las mejores Escrituras conocidas que muestra esta verdad maravillosa es Efesios 2:8, 9, donde leemos: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros; pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. Por esto es de ser comprendido que la gracia aquí es el favor Divino, o como es referido tan comúnmente como el "favor inmerecido" de Dios en salvar a pecadores. De hecho, podemos decir que es Dios haciéndonos el favor de salvarnos aunque nosotros no merezcamos de ser salvados de nuestros pecados. Es Dios siendo gracioso a ésos que no tienen mérito en absoluto para que Dios los salve. ¡Más leemos aquí la verdad más humillante que es por Su "gracia" que Dios salva a cualquiera de nosotros!

También, no es simplemente que Dios tratara de salvarnos, sino que "sois salvos", o como Isaías lo pone: Nosotros "seremos salvos en Jehová con salvación eterna". Desde que la Gracia de Dios es eterna, una vez que el pecador experimenta la Gracia con el tiempo; o el momento un pecador es salvado, eso significa que la salvación nunca puede ser perdida ya que no somos salvados por lo que hemos hecho, estamos haciendo, o lo que jamás podemos hacer. Es TODO DE GRACIA; del principio hasta el fin; o para ponerlo más precisamente en términos Bíblicos: Es una "gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús desde antes del principio de los siglos" (2 Timoteo 1:9), que nos llevará a la eternidad "para mostrar en las edades venideras las abundantes riquezas de su gracia, en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús" (Efesios 2:7). Amados, ¡la Gracia de Dios es lo único que puede hacer eso!

Otra cosa que acentúa la Gracia de Dios en la salvación es que “es don de Dios”. Ahora, ¿qué es un don? Un don es algo que da a alguien libremente incondicionalmente. Si debía requerir algo de alguien para darles un regalo, sería una contradicción. Por lo tanto, en el contexto de nuestra Escritura, o si es "gracia", o ser "salvo", o aún la "fe", es Dios quien es el que da. ¡Pero la fuente insondable de todo es "según las riquezas de su gracia" (Efesios 1:7); porque es "de su (Cristo) plenitud" que “tomamos…gracia por (sobre) gracia" (Juangratuita! Por eso es dicho que "esto no de vosotros"; o para ponerlo en una manera que más marchita el orgullo: Tenemos absolutamente nada que ver con ello sino de recibirlo humildemente a los pies de la Cruz donde el Hijo precioso de Dios compró nuestra salvación. ¡Toda alabanza sea a Él! ¡Amén! 1:16); y esto es porque Su gracia es

Además, para ser salvo por la gracia, vemos que es "por medio de la fe"; porque “es por la fe, para que sea por gracia" (Romanos 4:16). Ahora, la "fe" es un "don de Dios" dado a ésos que Dios salvará. Ya ven, amados, la fe que salva no es natural al hombre pecador. Es verdad que el hombre en su estado no regenerado tiene una capacidad de "creer"; pero no es la "fe" que causa a un pecador "creer en el Señor Jesucristo" (Hechos 16:31) para ser salvo. 2 Tesalonicenses 3:2: "Porque no es de todos la fe", es decir "la fe salvadora". En el capítulo 2 de Filipenses, el verso 29, somos dichos que "es concedido por Cristo…que creáis en Él"; y así que la "fe" siendo dada por Dios para que el pecador pueda creer en el Señor Jesucristo significa que la "fe" no tiene valor meritorio sino que es como una mano vacía que se llega a Dios para ser llenado por Él. Cuando la gracia viene sobre un pecador, la cosa más "espiritual" que harán es "creer en el Señor Jesucristo", mientras que no pudieron hacerlo antes que eso suceda.

Pero note otra cosa que es muy enfática con respecto a esta verdad gloriosa con que estamos tratando; y es mostrado por estas palabras humilladoras: "Y esto no de vosotros”. Porque la Gracia de Dios es soberana, ¡eso significa que Dios ha determinado a salvar a cualquiera que Él quiere salvar! En otras palabras, ya que la gracia, ser salvo, o la fe absolutamente no son producidas por nosotros o vienen de nosotros para que podamos decir que tuvimos algo que ver con ello, es indicado enfáticamente en otro lugar: "Porque a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia; y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia" (Romanos 9:15, 16). Por lo tanto, amados, el único lugar apropiado para nosotros es de estar a los pies de nuestro Salvador glorioso en gratitud y amor por salvarnos aunque no seamos dignos de lo menos de Sus misericordias sino que simplemente se deleitó en hacerlo "según el beneplácito de su voluntad" y "según las riquezas de su gracia" (Efesios 1:5, 7). "A Él sea gloria ahora y para siempre. Amén" (2 Pedro 3:18).

Sigue, entonces, que cualquier cosa que recibimos de Dios para nuestro bien, especialmente en la salvación, ¡es absolutamente "no por obras" que nosotros en cualquier manera de apariencia o forma pretendemos de haber hecho, o estamos haciendo o que jamás haremos! La palabra griega traducida obras es trabajo (como un esfuerzo o la ocupación). Por lo tanto, amados, la salvación ni puede ser merecida ni puede ser ganada por nosotros; ¡por más que nosotros tratamos de merecerla u ocuparnos para ganarla! Las obras aquí significan algo que tenemos que hacer para que Dios nos salve, inclusive arrepentirse, creer, orar, llorar, o etc.; e incluso aunque estas cosas son necesarias para que un pecador sea salvo, ellas no son producidas por nosotros, es decir "energizadas" de nuestro propio. Seguramente, "hacemos" estas cosas pero SÓLO según la Gracia de Dios las “hace” en nosotros; "porque también has hecho (obrar o producir) en nosotros todas nuestras obras (un acción)" (Isaías 41 26:12). También podemos agregar el bautismo, yendo a la "iglesia", leyendo la Biblia, y testificando; o algo que pueda ser "normal" para que el cristiano sea salvo. Podemos ponerlo así: Cualquier cosa que hacemos después de experimentar la salvación en ninguna manera añade a nuestra salvación; ¡por mucho qué cristiano ni santo quizás sea!

Puede estar seguro, Dios no aceptará absolutamente nada que le presentamos para convencerlo que tiene que salvarnos aparte de Su Gracia Libre y Soberana; porque como se nos es declarado por Su Palabra inerrante: "Y si por gracia, ya no es por obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra” (Romanos 11:6). Aparte de eso, Él no compartirá Su gloria; ni permitirá a nadie que se "jacte" de haber añadido algo a "una salvación tan grande” que es Suya (Hebreos 2:3). Por eso es añadido a "no por obras, para que nadie se gloríe. No hay absolutamente ninguna persona que ha experimentado la Gracia de Dios en la salvación que puede vanagloriarse delante de Él y darle gracias por haberlo salvado a causa de sus "obras”. Tal criatura es un extranjero a "la elección de gracia" (Romanos 11:5) y será descartado del "trono de gracia" (Hebreos 4:16) donde esta sentado "el Dios de toda gracia" ((1 Pedro 5:10). ¿Puede imaginar un pecador totalmente indigno venir ante Dios como el Fariseo injusto lo hizo diciendo: "Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres…" (Lucas18:11)? Tal uno oirá esas palabras atroces de Mateo 7:23 – "Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad" del Aquel quien ellos fingen en creer y servir (Mateo 7:21-23). ¡Sólo la Gracia de Dios puede prevenir eso de suceder a cualquiera que conoce la Gracia de Dios en la salvación de Dios que es TODO  DE, y POR, GRACIA!!! ¡ALELUYA!!!

Ahora, desde que esto no es un estudio exhaustivo de la Gracia de Dios, todavía creo que lo que he presentado a este punto es más que suficiente para mostrar por qué la Gracia de Dios es imprescindible para salvar a cualquier pecador. No obstante, las Escrituras siguientes también verificarán esta verdad humilladora que “por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros; pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8, 9). Hechos 15:11; 18:27; 20:24, 32; Romanos 3:224; 5:15, 20, 21; 11:5, 6; 1 Corintios 1:4; 15:10; Gálatas 5:4; Efesios 1:6, 7; 2:5; 2 Tesalonicenses 2:16; 2 Timoteo 1:9; Tito 2:11; 3:7; Hebreos 2:9; 1 Pedro 1:10, 13.

Por lo tanto, amados, permíteme cerrar con este pensamiento con respecto a nuestra salvación: Es tan fácil de apartar la mirada de la Gracia de Dios a nuestras propias "obras"; y como dije antes, las "obras" pueden ser cualquier cosa que sentimos impresionarán a Dios para salvarnos. Encontrará que por más que usted trata de mostrar a Dios cuán fiel y obediente es; y sí, cuán arrepentido es de sus pecados, ¡todo lo que verá es lo que USTED esta haciendo, y no lo que Dios ha hecho y puede hacer por Su GRACIA! Usted pondrá sus "obras" entre usted y la Gracia de Dios en Jesucristo. En vez de gozarse en el hecho que la Gracia de Dios es más que suficiente para salvarlo a pesar de la grandeza de sus pecados como la promesa gloriosa de Romanos 5:20 lo muestra ("Pero cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia), será tan miserable mirándose a usted mismo y sus “obras”. Aún los creyentes verdaderos a veces hacen esto; pero ¡oh! Una mirada a nuestro Salvador glorioso, el Señor Jesucristo, de quien usted puede recibir "gracia por gracia” (Juan 1:16) y verá que por la Gracia de Dios usted ha sido hecho “aceptos en el Amado” (Efesios 1:6). En otras palabras, TODO ha sido hecho por usted en Jesucristo para que Dios lo pueda salvar TODO DE, y POR GRACIA. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:1, 2). Otra vez, ¡ALELUYA!!!

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Nos hemos referido, por lo menos, a tres características de la Gracia de Dios, que es que la Gracia de Dios es eterna, gratuita y soberana. Por ellos hemos aprendido que es sempiterna: Su efecto también estará con aquellos que la reciben desde el principio hasta al fin. Pero también significa que nosotros no podemos hacer nada para ganarla ni merecerla por nada que podemos presumir obligamos Dios de dárnosla. Desde que es inapreciable nosotros no podemos proporcionar absolutamente nada por ella. Además, desde que somos todos pecadores indignos, es sólo el beneplácito y voluntad de Dios que determina a quien le dará Su gracia. De hecho, por eso es que la Gracia es llamada el "favor inmerecido" de Dios sobre ésos que no tienen nada de ellos y en ellos que causarían a Dios para favorecerlos con los beneficios del Evangelio en Jesucristo, Su amado Hijo. Amén.

La gracia, siendo lo que hemos indicado que es, entonces podemos ver por qué la Gracia de Dios es la única esperanza que los pecadores pueden tener si quieren ser salvados de sus pecados. Hay todo en el hombre pecador, que no sólo Dios no puede dejar pasar, pero también todo lo que Dios tiene que rechazar. Pero alabado sea Dios, ya que nuestra salvación es TODO DE GRACIA, hay esperanza para “el primero" de los pecadores (1 Timoteo 1:15); y puedo decir verdaderamente (y lo digo humildemente), en Dios salvándome a mi, ¡hay esperanza para cualquiera! Es imposible para un pecador que está muerto espiritualmente, es decir en sus pecados, para hacer algo de sí propio, no sólo en desear pero muy ciertamente hacer algo que Dios aceptará de su parte para añadir a la Gracia de Dios para su salvación. “Y si por gracia, ya no es por obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra” (Romanos 11:6). Por lo tanto, “porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros; pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8, 9).

Pero ahora, querríamos considerar ya que una vez un pecador es salvado, ¿hay ya la necesidad de la Gracia para el pecador salvado, que “en Cristo, nueva criatura es”, y “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)? ¿Puede uno quién ha nacido otra vez (Juan 3:3, 7) y es morado por el Espíritu Santo de Dios vivir la vida cristiana sin la Gracia de Dios en sus vidas? La pregunta es legítima porque el apóstol Pablo le preguntó a los cristianos de Gálatas: “¿Tan necios sois, habiendo comenzado en el Espíritu, ahora os perfeccionáis por la carne?” (3:3). Esto significa simplemente que en su conversión ellos habían comenzado la vida cristiana por el poder del Espíritu y Su gracia, pero ahora habían sido engañados en pensar que podrían vivir la vida cristiana en el poder de la "carne”, es decir de sí propio; o para ponerlo en otra manera, ¡sin la gracia de Dios! Pero note lo que el apóstol Pedro dice al pueblo de Dios: “Mas creced en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Por lo tanto, amados, esto nos dice que hay una necesidad de "crecer en la gracia” y no quedarnos "espiritualmente inmaduros", que puede ocurrir si no crecemos espiritualmente, no sólo "en la gracia”, pero también "en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. Esto veremos al presentar las razones siguientes. Pero tenga presente que estas dos cosas, es decir, creciendo "en la gracia, y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” depende de nuestra relación con Él; porque es SÓLO "de su plenitud” que podemos tomar "gracia por gracia” (Juan 1:16); o "gracia sobre gracia”. Esto significa simplemente que hay tal cosa como un aumento de Gracia en nuestras vidas como cristiano. Amén.

Ahora, la primera razón por qué necesitamos “crecer en la gracia” (y tenga presente, que la gracia de Dios es Su "favor inmerecido" hacia nosotros, no sólo en salvación, pero también en la vida cristiana); es simplemente porque somos ordenados para hacerlo. Crecer en la gracia no es una opción; de otro modo no importará si no la hacemos. Pero Dios sabe que si dejados a nosotros mismos, es decir a nuestra sabiduría y capacidades, nosotros volveríamos definitivamente atrás a nuestra "vida vieja"; o lo que éramos sin Cristo. Tenemos que siempre recordar que creciendo en la gracia es Dios libremente dándonos lo que necesitamos pero que nosotros no podemos prever. En el Señor Jesús diciendo que "porque sin mí nada podéis hacer” (Juan 15:5), Él lo hace muy claro que así como los pámpanos aparte de la vid NO PUEDEN producir ningún fruto, lo mismo es verdad que el cristiano aparte del Señor Jesús y de Su gracia sería totalmente imposible vivir la vida cristiana. Por lo tanto, es absolutamente esencial que obedecemos la Palabra de Dios para "crecer en la gracia”, o seguramente, fallaremos miserablemente de vivir como Cristo; o como el apóstol Juan lo pone: "El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo” (1 Juan 2:6).

La  segunda razón por qué necesitamos “crecer en la gracia” es que aunque hayamos "nacido otra vez” (Juan 3:3, 5, 7) y hemos llegado a ser "una nueva criatura”; o creación "en Cristo” y nuestras vidas han empezado de nuevo (2 Corintios 5:17), ¡todavía somos morados por nuestra naturaleza pecadora! ¡El creyente siempre luchará y contenderá con la tentación de pecar! Acerca de lo que el apóstol Pablo se angustiaba en Romanos 7 es verdad de cada hijo verdadero de Dios: “De manera que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí (esto es en mi carne) no mora el bien; pues el querer está en mí, pero el hacer el bien no. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, éste hago. Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que mora en mí” (versos 17-20). Pero es sólo cuando somos fuertes “en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 2:1) que podemos vencer el pecado en nuestras vidas; y todavía no es que somos nosotros sino la gracia de Dios que nos es dada que podemos hacerlo eficazmente por Su Espíritu de gracia. Por lo tanto, al "crecer en la gracia”, lo más fuerte que llegamos a ser que por fe recibimos "gracia por gracia” para que cuando el pecado morador levanta su cabeza fea, no lo obedeceremos en sus concupiscencias; "porque el pecado no se enseñoreará de (nosotros); pues no (estamos) bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:12, 14).

También, la tercera razón por qué necesitamos "crecer en la gracia” es que, no sólo tenemos que contender con el pecado morador, pero también con los ataques de afuera. Nuestra guerra espiritual es descrita en Efesios 6: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos de verdad, y vestidos de la coraza de justicia; y calzados vuestros pies con el apresto del evangelio de paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno; y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo, con toda oración y súplica en el Espíritu…” (versos 13-18). Han de notar, amados, ¡que todas las gracias espirituales mencionados aquí son dones espirituales dados a nosotros por la gracia de Dios! Actualmente de la conversión, todos se nos son dados; no obstante, para ser fuertes “en el Señor, y en el poder de su fortaleza” (v. 10), tenemos que "crecer en la gracia”, por lo cual "podemos estar firmes contra las asechanzas del diablo” (v. 11); “porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra malicias espirituales en las Alturas” (v. 12). ¡Seguramente, sin la gracia de Dios, seremos derrotados!

Luego, la cuarta razón por qué necesitamos "crecer en la gracia” es para que puédanos servir al Señor como debemos. Note lo que el apóstol Pablo dice con referencia a esto: “Mas por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios que ha sido conmigo” (1 Corintios 15:10). Me doy cuenta de que muchos de nosotros podemos ser muy activos en "sirviendo al Señor", pero hay tal cosa como haciéndolo en la carne. Por el otro lado, la gracia nos humillará y nos mantendrá totalmente dependientes en el Señor y Su sabiduría y fuerzas. Esto nos mantendrá de atribuir éxito en nuestro trabajo para el Señor y Su causa a la metodología del hombre sino que es todo debido al favor gratuito de Dios en utilizarnos para Su gloria; y como nosotros "crezcamos en la gracia”, "no (es) que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia viene de Dios” (2 Corintios 3:5).

Además, la quinta razón que necesitamos "crecer en la gracia” está debido al sufrimiento que muy ciertamente experimentaremos en nuestras vidas para Cristo. Note estas palabras preciosas: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo. Por lo cual me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy poderoso” (2 Corintios 12:9, 10). Creo que podemos decir sin ambigüedad que sufriendo en la vida del cristiano puede ser considerado "normal". “Porque para esto fuisteis llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas”; y “Por tanto, los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden a Él sus almas, como a fiel Creador, haciendo el bien” (1 Pedro 2:21; 4:19). Pero no importa el sufrimiento en nuestras vidas, lo más que "crezcamos en la gracia”, lo más fuerte seremos; por lo tanto, podremos vencer porque será la gracia de Cristo que impartirá Su fuerzas para hacerlo; o como el Salmista lo dice: “Jehová dará fortaleza a su pueblo” (Salmos 29:11); “En el día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con fortaleza en mi alma” (138:3). ¡Amén!

Luego, la sexta razón que necesitamos “crecer en la gracia” es para que puédanos ser testigos valientes del evangelio glorioso del Señor Jesucristo. “Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús; y abundante gracia había sobre todos ellos” (Hechos 4:33). Ya que el “gran poder” y la “abundante gracia” tienen que venir del Señor a Su pueblo, o sea para el servirle, o para los dones, o para las relaciones, no puede ser negado que la gracia es necesitada para un testimonio poderoso del Señor Jesucristo. Generalmente, un cristiano puede testificar de su experiencia en ser salvado por el Señor; no obstante, la "abundante gracia” es necesitada con el "gran poder” para ser un testigo valiente del Señor. "Crecer en la gracia” asegura de que el creyente testifique “con demostración del Espíritu y de poder” (1 Corintios 2:4) para que nuestro testimonio sea “no sólo en palabra, sino también en poder, y en el Espíritu Santo, y en plena certidumbre” (1 Tesalonicenses 1:5). Por lo tanto, amados, al "crecer en la gracia”, llegamos a ser más valientes en testificar debido al poder del "Espíritu de gracia” (compare Hebreos 10:29) en nuestras vidas.

Pero ahora, consideremos que creciendo en la gracia también incluye crecer "en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). De hecho, nuestro texto lo hace claro que crecer en la gracia es asociado consigo. Sería una contradicción para uno pensar que está creciendo en la gracia y todavía no conocer al Señor más y más en sus vida. "Crecer…en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” no es simplemente conocer más acercas de El, sino conocerlo a Él y TODO lo que es en Su Persona 'para ser más como él y para amarlo más mejor'. Lo más uno crece en la gracia es de conocerlo más; y en este conocimiento de nuestro Señor y Salvador, 'nos conforma más a él, y lo atrae más a nosotros, debe de ser de gran uso para nosotros, en preservarnos de caernos en tiempos de apostasía general; y los que experimentan este efecto del conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo los hacen, en recibir tal gracia de él, darle gracias y alabarlo, y en una con nuestro apóstol decir, “A Él sea gloria ahora y para siempre. Amén” (Comentario de Matthew Henry).

Así, concluimos el estudio de La Doctrina de La Gracia de Dios; y mi oración es que en alguna pequeña manera que ha sido de beneficio espiritual para usted. Si cualquier cosa, espero que pueda ayudarle ver que la Gracia no es sólo para la salvación de los pecadores, pero también para la vida del creyente; y que esa Gracia es imprescindible. Sin la gracia no puede haber salvación; y seguramente, si no hay salvación, entonces no hay gracia para uno vivir para Dios. Verdaderamente, amados, la Gracia es la fuente de donde fluye TODA la bondad de Dios para ésos que no son dignos de lo menos de Sus misericordias y Su verdad; y es "para alabanza de la gloria de su gracia, en la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:6). Amén.