LA
DOCTRINA DE LA GRACIA DE DIOS
Por Lasaro Flores
Ministerio Todo De Gracia
Nuestro estudio de la Gracia de Dios debe ser de mucho
interés para al que ha luchado para encontrar aceptación
con Dios. Hay un roer
que es sentido dentro de una persona que ha sido hecho consciente de su
pecado
y que un día tendrá que pararse ante Dios para dar cuenta
de sus pecados. Por
supuesto, estar sin la certeza que todo esta bien con su alma,
quizás se han
envuelto con alguna religión; o por lo menos, ha tratado de
impresionar a Dios
con sus "buenas obras". Por supuesto, dándose cuenta de que
está muy
lejos de ser perfecto ya que reconoce que es un pecador, quizás
se ha convencido
a sí mismo que siempre que trate lo mejor de complacer a Dios,
no es una mala
persona. Subsiguientemente, se siente que Dios lo aceptará como
es;
especialmente ya que cree que Dios es amor, Él tendrá
misericordia de él o ella.
Esto es, yo temo, el concepto que multitudes de personas tienen de ser
hechos aceptados
de Dios al fin de todo.
Triste decirlo, aún dentro de la
cristiandad profesa,
todavía multitudes están siendo engañados en
cómo los pecadores son hechos
aceptos por Dios. A pesar de tener las Sagradas Escrituras inerrantes,
y a
pesar de profesar una creencia en la Gracia de Dios, ellos
todavía NO PUEDEN
decirle a un pecador cómo Dios los aceptará. La
terminología de ellos incluirá
"gracia", mas la verdad de la Gracia de Dios en toda su gloria no es
predicada ni es enseñada a la gente. Para muchos es solo un
término religioso y
no tiene nada que ver con ser hecho aceptados por Dios
(refiérese a Efesios 1:6
– "Para alabanza de la gloria de su
gracia, en la cual nos hizo aceptos en el Amado"); y así
que ellos
pasaran sus "vidas cristiana" todavía teniendo un roer que
sienten
que verdaderamente todo no está bien con sus alma.
Ahora, es mi intención y objetivo en
sacar de este
estudio la verdad gloriosa que la Gracia de Dios es esa fuente
insondable de la
cual todas las bendiciones que podemos tener en Jesucristo
fluirán con toda su
plenitud al pecador creyente. De hecho, podemos decir
dogmáticamente que aparte
de la gracia de Dios no podemos, y no, recibimos nada de Él; por
más que tratamos
de ganarlo o merecerlo. La gracia tiene que ver con Dios dando
gratuitamente al
pecador indigno aquello lo que él no merece. De hecho, la gracia
tiene que ver
con Dios teniendo misericordia de uno que merece justamente el infierno
más
profundo por sus pecados, y haciendo exactamente lo contrario de lo que
ellos
merecen. Pero lo que hace esta gracia tan maravillosa es que sobre
quien esta
gracia es derramada tuvo absolutamente nada que ver con ello sino fue
dado a él
en Jesucristo simplemente porque le complació a Dios de hacerlo.
Además, veremos que la Gracia de Dios
es el Alfa y la
Omega de todo lo bueno que podemos recibir de Dios en Su amado Hijo,
nuestro
Señor y Salvador Jesucristo. De hecho, del Principio hasta al
Fin, de lo Primero
a lo Último, la Gracia de Dios está estampada en TODO lo
que Dios hace para
nosotros, en nosotros y a nosotros como Él nos ve en Jesucristo.
Podemos decir
aún que si no fuese por la Gracia de Dios absolutamente no
hubiese ninguna
esperanza para cualquiera de nosotros. Dios tiene que vernos por los
lentes de
Su Gracia en Su Hijo precioso; porque si no, Él tendría
que descartarnos de la
presencia de Su santidad y justicia. Pero ¡oh! En saber que esa
Gracia esta
escrita sobre el propósito eterno de Dios desde antes de la
fundación del mundo
para tratar con nosotros en Jesucristo es de cantar "Bendita Certeza,
Jesús Es Mío" a causa de Su "Gracia Admirable", “la cual nos fue dada en Cristo Jesús desde
antes del principio de los siglos” (2 Timoteo 1:9).
¡Aleluya!!!
Para muchos la Gracia de Dios significa
simplemente el
"favor inmerecido" de Dios; y que, por supuesto, ¡lo es! Pero es
muy
limitado si eso es todo lo que comprendemos que es. La Gracia de Dios
es mucho
más profunda que eso; no en el sentido que no lo podemos
comprender, sino que
implica mucho más que el "favor inmerecido". Quizás puede
ser dicho
de la Gracia como es dicho del Amor de Cristo: “Podáis
comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la
longitud, la profundidad y la altura; y de conocer el amor de Cristo, que
excede
a todo conocimiento…” (Efesios 3:18, 19). Por lo
tanto, es tan inmensa
y profunda que es únicamente como lo experimentamos en nuestras
vidas en una
relación personal con el Señor Jesucristo que podemos
esperar agarrar cualquier
significado de ello en nuestras vidas y ser capacitados decir con el
apóstol
Pablo: “Mas por la gracia de Dios soy lo
que soy” (1 Corintios 15:10). ¡Aleluya!!!
Pero permite recordarnos: Que la doctrina de
la Gracia
de Dios no es simplemente una doctrina teológica, pero una que
es práctica. Es verdad que esta doctrina
preciosa nos enseña lo que es y lo que significa; pero
también tiene que ver de
cómo hemos sido cambiados y cómo vivimos como ésos
que han experimentado la
Gracia de Dios. Sí, la doctrina de la Gracia de Dios nos
enseña los medios por
los cuales Dios trata con nosotros como pecadores; y que la Gracia es
la única
esperanza que podemos tener en una relación correcta con
Él en Su amado Hijo,
el Señor Jesucristo. Pero también nos enseña que
sin esta Gracia sería totalmente
imposible, no sólo comenzar una Vida con Cristo, pero
también continuar vivir
Su Vida. En hecho, puedo afirmar con toda certeza que sin la Gracia de
Dios, ¡nosotros
NO PODEMOS ser un cristiano! Cada paso que tomamos nos debe recordar
que es la
“Gracia Admirable” de Dios que nos ha hecho lo que somos en
Jesucristo para
siempre jamás. Amén.
********************************************
En nuestro estudio, querríamos acentuar tres
aspectos
de ella que son tan importantes en nuestra comprensión de ella.
Estas tres
características de la Gracia de Dios son esenciales si son de
comprender verdaderamente
por qué es el "favor inmerecido" de Dios. De hecho, si los
omitimos,
entonces ya no es la vista Bíblica de la Gracia de Dios, sino
una comprensión
corrupta que realmente no tiene nada que ver con la Gracia; porque
entonces
introduce lo qué se supone el hombre pecador puede hacer para
ganar el favor de
Dios. Por supuesto, esto es lo que Romanos 11:6 nos dice lo que sucede:
“Y si por gracia, ya no es por obras, de
otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia;
de otra
manera la obra ya no es obra”.
Primero,
comprendemos que la Gracia de Dios es eterna.
Por esto es significado que la gracia no tuvo un punto de partida en
algún
lugar por la línea de tiempo cuando Dios decidió tratar
con el hombre debido a
alguna razón imprevista. Las Escrituras lo hacen muy claro que
los atributos de
Dios y carácter son eternos así como Él es eterno;
porque como el Salmista
declara que Él es Dios “desde la
eternidad y hasta la eternidad” (Salmo 90:2). Por lo tanto,
desde que Él es
“el Dios de toda gracia” (1 Pedro
5:10), sigue que Su Gracia también es “desde
la eternidad y hasta la eternidad”. ¡Amén!
¡Esto significa también ya que
Él es “Jehová” y El “no cambia” (Malaquías 3:6), Él
siempre será
“el Dios de toda gracia” eternamente!
¡Lee Efesios 1:3-7 devotamente y alegremente y vea lo que esta
verdad gloriosa
debe significar para los elegidos de Dios porque es eterna!
Además, considere las siguientes dos
Escrituras que
establecen esta verdad y que no es de la invención de la
imaginación del hombre
religioso. 1) “Quien nos
salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a
nuestras
obras, sino según su propósito y gracia, la cual nos
fue dada en Cristo
Jesús desde antes del principio de los siglos” (2
Timoteo 1:9). Note
que la Gracia nos es dada “antes del
principio de los siglos”. En otras palabras, la gracia
existía y fue dada a
los elegidos antes de tiempo perpetuo,
es decir antes de Génesis 1:1. Esto significa que antes que la
Gracia realmente
fue dada en experiencia a uno ya existía en la eternidad pasada.
2) “Para
mostrar en las edades venideras las abundantes riquezas de su gracia,
en
su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Efesios
2:7). Entonces a
través de la eternidad esta Gracia gloriosa será “indicada” por todos los que han
experimentado “las abundantes riquezas de la gracia
de Dios” en sus vidas; y la
prueba de ello será vista simplemente en que están
allí en gloria debido sólo a
la gracia de Dios. Verdaderamente esto será “para
alabanza de la gloria de su gracia” (1:6). ¡Toda
alabanza sea para Aquel
quien es digno de ello! ¡Amén!
En segundo
lugar, comprendemos que la Gracia de Dios es gratuita.
Es decir, la Gracia de Dios no puede ser comprada; mucho
menos merecida por cualquiera de
nosotros. Es dicho que hemos sido “justificados
gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en
Cristo Jesús”
(Romanos 3:24); “el don… mucho más la
gracia de Dios…, y el don de gracia…” (5:15); “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino
que lo entregó por todos
nosotros, ¿cómo no nos dará (gratuitamente) (conceder
como favor) también con Él todas las
cosas?” (8:32).
En otras palabras, esto significa simplemente que ya que la Gracia de
Dios es
la fuente de dónde fluyen TODAS las cosas para nuestro bien,
especialmente para
nuestro bienestar eterno; y desde que la Gracia es el favor
inmerecido de Dios en que Él nos hace el favor el cual no merecemos; por lo tanto ellas se nos son
dadas gratuitamente. Oseas 14:4 nos dice
que el amor de Dios para Su pueblo es gratuito: “Los
amaré de pura gracia (gratuitamente)”; y
esto es manifestado en darnos Su gracia; 'y este amor,
como es puesto gratuitamente sobre los objetos de él, sin
cualquier mérito de ellos, o de cualquier motivo en ellos, sino
fluye del placer
y voluntad libre soberana de Dios en Cristo' (Comentario de Juan Gill).
Además,
podemos decir,
entonces, que desde que la gracia de Dios es gratuita,
entonces nuestras obras, o cualquier "justicia"
que quizás concibamos tener para atraer a Dios a nosotros para
nuestro bien, no
vale ni una pizca; porque ellas son “como
trapo de inmundicia” (Isaías 64:6) antes de Él.
Por lo tanto, “si por gracia, ya no es por obras, de
otra
manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de
otra
manera la obra ya no es obra” (Romanos 11:6). De hecho, nos
podemos decir a
cada uno de nosotros que si esperamos algún bien de Dios vale
mas venir como nos
invita Isaías 55:1 (“A todos los
sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero,
venid,
comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino
y leche"), o no habrá esperanza de
salvación o de
cualquiera de Sus “bendiciones
espirituales…en
Cristo” (Efesios 1:3ff.). ¡La gracia es un don de Dios
para los indignos y para
los que absolutamente no pueden hacer nada por ello!
Terceramente, la Gracia
de Dios es soberana. Por esto es significado, amados,
ya que la Gracia es totalmente de Dios y Él tiene control
absoluto de ella, Él
no es obligado en ninguna manera de darlo a nadie a menos que Él
escoja hacerlo
según Su voluntad soberana; o como expresado en Efesios 1:5, “según el beneplácito de su
voluntad”.
Esto es aclarado en Su declaración: “Porque
a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga
misericordia; y me
compadeceré del que yo me compadezca” (Romanos 9:15).
Desde que la “misericordia” y la “compasión” para cualquiera de
nosotros tienen que venir del “Dios de toda
gracia” (1 Pedro 5:10); y
ya que no lo podemos merecer de cualquier forma, nuestra única
esperanza para que
la gracia de Dios nos sea dada tenemos que depender en Él
dándonosla
simplemente porque le complace de hacerlo. Esto, por supuesto, es
demostrado
por el hecho que “nos (la) fue dada en
Cristo Jesús desde antes del principio de los siglos”
(2 Timoteo 1:9). ¡Qué
prueba más grande de Su soberanía de Su gracia en que nos
fue dada antes de
Génesis 1:1!
Por
supuesto, este aspecto de
la Gracia de Dios es muy aborrecible no sólo al hombre orgulloso
y carnal, pero
también a muchos que reclaman creer en la Gracia de Dios. Ellos
no permiten que
Dios sea Dios y ser el Disponedor de los beneficios de Su gracia como
Él
quiere. De hecho, Él les puede decir: “Pensabas
que de cierto sería yo como tú” (Salmo 50:21).
El hombre, en su oposición a
la Soberanía de Dios, más tanto con respecto a Su Gracia,
trata de bajar los
caminos y los pensamientos de Dios al nivel del hombre depravado. Pero
¿que
dice el Altísimo? “Porque mis pensamientos
no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice
Jehová” (Isaías
55:8). Por lo tanto, sigue que desde que Dios le da Su gracia a quien
le
complace y cuando le complace, el hombre no tiene nada que decir en
absoluto de
ello además de responder a ella cuando eficazmente e
irresistiblemente cae en
ellos.
Nosotros,
entonces,
concluimos que porque la Gracia de Dios es eterna,
gratuita, y soberana, cierra la puerta
a cualquier cosa que el hombre depravado
piensa, según se supone, que puede añadir para “justificarse” a sí mismo antes de
Dios. La justificación aquí
puede ser cualquier cosa que puedan percibir ser una excusa
o razón para ser
perdonados o ser aceptados por Dios; o sea temporalmente
o sea eternamente. Pero como veremos
a continuar nuestro estudio de la Gracia de Dios, la Gracia es esa
fuente
eterna de donde fluyen TODAS las bendiciones que un pecador indigno
pero
merecido del infierno pueda recibir de un Dios Santo y Justo, que
sería justo a
lanzarnos lejos de Su presencia en los fuegos eternos del infierno. Mas
a causa
de lo que es la Gracia, Dios desde la eternidad ha libremente escogido
un
pueblo para Su gloria simplemente porque le ha complacido de hacerlo
así; y así
que, por lo tanto, podemos decir, sin duda cualquiera, que es “para alabanza de la gloria de su gracia, en
la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención
por su sangre,
la remisión de pecados, según las riquezas de su
gracia” (Efesios 1:6, 7). Amén.
*******************************************
Habiendo
mirado a las tres características de la Gracia de Dios, es decir
que es Eterna,
Gratuita y Soberana, ahora queremos considerar su aplicación
sobre ésos en
quienes es ejercitada por la Voluntad Soberana de Dios y Su Amor y
Misericordia
en ésos que la han experimentado en la salvación.
Verdaderamente veremos que absolutamente
no se puede negar que si no fuera por la Gracia de Dios en Su trato con
nosotros en Jesucristo, nosotros seríamos los más
miserables de las criaturas;
porque sin la Gracia de Dios no hubiera esperanza de salvación;
y muy
ciertamente, no hubiera manera de ser capaz de vivir la Vida de Cristo,
porque
es la Gracia de Dios que SOLO nos da esperanza, no sólo para HOY
pero también
para la Eternidad. ¡¡¡Aleluya!!!
Por lo
tanto, notaremos primero que la
Gracia de Dios es imprescindible para nuestra salvación de
nuestros pecados
(refiérase a Mateo 1:21). Una de las mejores Escrituras
conocidas que muestra
esta verdad maravillosa es Efesios 2:8, 9, donde leemos: "Porque
por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto
no de vosotros; pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se
gloríe”. Por esto es de ser
comprendido que la gracia
aquí es el favor Divino, o como es referido tan
comúnmente como el "favor
inmerecido" de Dios en salvar a pecadores. De hecho, podemos decir que
es Dios
haciéndonos el favor de salvarnos aunque nosotros no merezcamos
de ser salvados
de nuestros pecados. Es Dios siendo gracioso
a ésos que no tienen mérito en absoluto para que Dios los
salve. ¡Más leemos
aquí la verdad más humillante que es por Su "gracia" que
Dios salva a
cualquiera de nosotros!
También, no es simplemente que Dios tratara de salvarnos, sino que "sois salvos", o como Isaías lo pone: Nosotros "seremos
salvos en Jehová con salvación eterna".
Desde que la Gracia de Dios es eterna,
una vez que el pecador experimenta la Gracia con el tiempo; o el
momento un
pecador es salvado, eso significa que la salvación nunca puede
ser perdida ya
que no somos salvados por lo que hemos hecho, estamos haciendo, o lo
que jamás
podemos hacer. Es TODO DE GRACIA; del principio hasta el fin; o para
ponerlo
más precisamente en términos Bíblicos: Es una
"gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús desde antes
del principio
de los siglos" (2 Timoteo 1:9), que nos llevará a la
eternidad "para mostrar en las edades
venideras las abundantes riquezas de su gracia, en su bondad para
con
nosotros en Cristo Jesús" (Efesios 2:7). Amados, ¡la
Gracia de Dios es
lo único que puede hacer eso!
Otra cosa
que acentúa la Gracia de Dios en la salvación es que “es don de Dios”. Ahora, ¿qué
es un don? Un don es algo que da a
alguien libremente incondicionalmente. Si debía requerir algo de
alguien para darles
un regalo, sería una contradicción. Por lo tanto, en el
contexto de nuestra
Escritura, o si es "gracia",
o ser "salvo", o aún la "fe",
es Dios quien es el que
da. ¡Pero la fuente insondable de todo es "según
las riquezas de su gracia" (Efesios 1:7); porque es "de
su (Cristo) plenitud" que “tomamos…gracia
por (sobre) gracia"
(Juangratuita!
Por eso es dicho
que "esto no de vosotros"; o
para ponerlo en una manera que más marchita el orgullo: Tenemos
absolutamente
nada que ver con ello sino de recibirlo humildemente a los pies de la
Cruz
donde el Hijo precioso de Dios compró nuestra salvación.
¡Toda alabanza sea a Él!
¡Amén! 1:16); y esto es porque Su
gracia es
Además,
para ser salvo por la gracia, vemos que es "por
medio de la fe"; porque “es por
la fe, para que sea por gracia" (Romanos 4:16). Ahora, la "fe" es un "don de Dios" dado a
ésos que
Dios salvará. Ya ven, amados, la fe que salva no es natural al
hombre pecador.
Es verdad que el hombre en su estado no regenerado tiene una capacidad
de
"creer"; pero no es la "fe"
que causa a un pecador "creer en el
Señor Jesucristo" (Hechos 16:31) para ser salvo. 2
Tesalonicenses 3:2:
"Porque no es de todos la fe",
es decir "la fe salvadora". En el capítulo 2 de Filipenses, el
verso
29, somos dichos que "es
concedido por Cristo…que creáis en Él"; y
así que la "fe" siendo dada por Dios para
que el pecador pueda creer en el Señor Jesucristo significa que
la "fe" no tiene valor meritorio
sino que es como una mano vacía que se llega a Dios para ser
llenado por Él.
Cuando la gracia viene sobre un pecador, la cosa más
"espiritual" que
harán es "creer en el Señor
Jesucristo", mientras que no pudieron hacerlo antes que eso suceda.
Pero note
otra cosa que es muy enfática con respecto a esta verdad
gloriosa con que
estamos tratando; y es mostrado por estas palabras humilladoras: "Y esto no de vosotros”. Porque la
Gracia de Dios es soberana, ¡eso
significa que Dios ha determinado a salvar a cualquiera que Él
quiere salvar! En otras palabras, ya
que la gracia, ser salvo, o la fe absolutamente no son producidas por nosotros o vienen
de
nosotros para que podamos decir que tuvimos algo que ver con ello, es
indicado
enfáticamente en otro lugar: "Porque
a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga
misericordia; y me
compadeceré del que yo me compadezca. Así que no es del
que quiere, ni del que
corre, sino de Dios que tiene misericordia" (Romanos 9:15, 16). Por
lo
tanto, amados, el único lugar apropiado para nosotros es de
estar a los pies de
nuestro Salvador glorioso en gratitud y amor por salvarnos aunque no
seamos
dignos de lo menos de Sus misericordias sino que simplemente se
deleitó en
hacerlo "según el beneplácito de su
voluntad" y "según las
riquezas de su gracia" (Efesios 1:5, 7). "A Él
sea gloria ahora y para siempre. Amén" (2 Pedro
3:18).
Sigue,
entonces, que cualquier cosa que recibimos de Dios para nuestro bien,
especialmente
en la salvación, ¡es absolutamente "no
por obras" que nosotros en cualquier manera de apariencia o forma
pretendemos de haber hecho, o estamos haciendo o que jamás
haremos! La palabra
griega traducida obras es trabajo
(como un esfuerzo o la
ocupación). Por lo tanto, amados, la salvación ni puede
ser merecida ni puede ser ganada por
nosotros; ¡por más que
nosotros tratamos de merecerla u ocuparnos para ganarla! Las obras aquí significan algo que tenemos
que hacer para que Dios nos salve, inclusive arrepentirse,
creer, orar, llorar,
o etc.; e incluso aunque estas cosas son necesarias para
que un pecador sea salvo, ellas no son producidas por nosotros, es
decir
"energizadas" de nuestro propio. Seguramente, "hacemos"
estas cosas pero SÓLO según la Gracia de Dios las “hace” en nosotros; "porque
también has hecho (obrar o producir) en nosotros todas nuestras obras (un acción)" (Isaías 41
26:12). También podemos agregar el bautismo,
yendo a la "iglesia", leyendo la Biblia,
y testificando; o algo que pueda ser
"normal" para que el cristiano sea salvo. Podemos ponerlo así:
Cualquier cosa que hacemos después de
experimentar la salvación en ninguna
manera añade a nuestra salvación; ¡por mucho
qué cristiano ni santo quizás
sea!
Puede estar
seguro, Dios no aceptará absolutamente nada que le presentamos
para convencerlo
que tiene que salvarnos aparte de Su Gracia Libre y Soberana; porque
como se
nos es declarado por Su Palabra inerrante: "Y
si por gracia, ya no es por obras, de otra manera la gracia ya no es
gracia. Y
si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es
obra” (Romanos
11:6). Aparte de eso, Él no compartirá Su gloria; ni
permitirá a nadie que se "jacte" de haber
añadido algo
a "una salvación tan grande” que
es Suya (Hebreos 2:3). Por eso es añadido a "no
por obras, para que nadie se gloríe”. No hay
absolutamente ninguna
persona que ha experimentado la Gracia de Dios en la salvación
que puede vanagloriarse delante de Él y darle
gracias por haberlo salvado a causa de sus "obras”.
Tal criatura es un extranjero a "la
elección de gracia" (Romanos 11:5) y será descartado
del "trono de gracia" (Hebreos
4:16) donde esta sentado "el Dios de
toda gracia" ((1 Pedro 5:10). ¿Puede imaginar un pecador
totalmente
indigno venir ante Dios como el Fariseo injusto lo hizo diciendo: "Dios, te doy gracias porque no soy
como los otros hombres…" (Lucas18:11)?
Tal uno oirá esas palabras atroces de Mateo 7:23 – "Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de
maldad"
del Aquel quien ellos fingen en creer y servir (Mateo 7:21-23).
¡Sólo la Gracia
de Dios puede prevenir eso de suceder a cualquiera que conoce la Gracia
de Dios
en la salvación de Dios que es TODO DE,
y POR, GRACIA!!! ¡ALELUYA!!!
Ahora,
desde que esto no es un estudio exhaustivo de la Gracia de Dios,
todavía creo
que lo que he presentado a este punto es más que suficiente para
mostrar por
qué la Gracia de Dios es imprescindible para salvar a cualquier
pecador. No obstante,
las Escrituras siguientes también verificarán esta verdad
humilladora que “por gracia sois salvos por medio de
la fe,
y esto no de vosotros; pues es don de Dios; no por obras, para que
nadie se
gloríe” (Efesios 2:8, 9). Hechos 15:11; 18:27;
20:24, 32; Romanos 3:224;
5:15, 20, 21; 11:5, 6; 1 Corintios 1:4; 15:10; Gálatas 5:4;
Efesios 1:6, 7;
2:5; 2 Tesalonicenses 2:16; 2 Timoteo 1:9; Tito 2:11; 3:7; Hebreos 2:9;
1 Pedro
1:10, 13.
Por lo
tanto, amados, permíteme cerrar con este pensamiento con
respecto a nuestra
salvación: Es tan fácil de apartar la mirada de la Gracia
de Dios a nuestras
propias "obras"; y como
dije antes, las "obras"
pueden ser cualquier cosa que sentimos impresionarán a Dios para
salvarnos. Encontrará
que por más que usted trata de mostrar a Dios cuán fiel y
obediente es; y sí,
cuán arrepentido es de sus pecados, ¡todo lo que
verá es lo que USTED esta
haciendo, y no lo que Dios ha hecho y puede hacer por Su GRACIA! Usted
pondrá
sus "obras" entre usted y
la Gracia de Dios en Jesucristo. En vez de gozarse en el hecho que la
Gracia de
Dios es más que suficiente para salvarlo a pesar de la grandeza
de sus pecados
como la promesa gloriosa de Romanos 5:20 lo muestra ("Pero cuando el
pecado abundó, sobreabundó la gracia”),
será tan
miserable mirándose a usted mismo y sus “obras”.
Aún los creyentes verdaderos a veces hacen esto; pero ¡oh!
Una mirada a nuestro
Salvador glorioso, el Señor Jesucristo, de quien usted puede
recibir "gracia por gracia” (Juan 1:16) y verá que por la Gracia
de Dios usted ha
sido hecho “aceptos en el Amado”
(Efesios 1:6). En otras palabras, TODO ha sido hecho por usted en
Jesucristo
para que Dios lo pueda salvar TODO DE, y POR GRACIA. “Justificados,
pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de
nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos
entrada por la fe a esta
gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la
gloria
de Dios” (Romanos 5:1, 2). Otra vez, ¡ALELUYA!!!
*************************************************
Nos hemos
referido, por lo menos, a tres características de la Gracia de
Dios, que es que
la Gracia de Dios es eterna, gratuita
y soberana. Por ellos hemos aprendido que es sempiterna: Su efecto también estará con
aquellos que la reciben desde
el principio hasta al fin. Pero también significa que nosotros
no podemos hacer
nada para ganarla ni merecerla por nada que podemos presumir obligamos
Dios de dárnosla.
Desde que es inapreciable nosotros no podemos proporcionar
absolutamente nada
por ella. Además, desde que somos todos pecadores indignos, es
sólo el
beneplácito y voluntad de Dios que determina a quien le
dará Su gracia. De
hecho, por eso es que la Gracia es llamada el "favor inmerecido" de
Dios sobre ésos que no tienen nada de ellos y en ellos que
causarían a Dios
para favorecerlos con los beneficios del Evangelio en Jesucristo, Su
amado
Hijo. Amén.
La gracia,
siendo lo que hemos indicado que es, entonces podemos ver por
qué la Gracia de
Dios es la única esperanza que los pecadores pueden tener si
quieren ser
salvados de sus pecados. Hay todo en el hombre pecador, que no
sólo Dios no
puede dejar pasar, pero también todo lo que Dios tiene que
rechazar. Pero
alabado sea Dios, ya que nuestra salvación es TODO DE GRACIA,
hay esperanza
para “el primero" de los
pecadores (1 Timoteo 1:15); y puedo decir verdaderamente (y lo digo
humildemente), en Dios salvándome a mi, ¡hay esperanza
para cualquiera! Es
imposible para un pecador que está muerto espiritualmente, es
decir en sus
pecados, para hacer algo de sí propio, no sólo en desear
pero muy ciertamente
hacer algo que Dios aceptará de su parte para añadir a la
Gracia de Dios para
su salvación. “Y si por gracia, ya no es
por obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya
no es
gracia; de otra manera la obra ya no es obra” (Romanos
11:6). Por lo tanto,
“porque por gracia sois salvos por medio
de la fe, y esto no de vosotros; pues es don de Dios; no por obras,
para que
nadie se gloríe” (Efesios 2:8, 9).
Pero ahora,
querríamos considerar ya que una vez un pecador es salvado,
¿hay ya la
necesidad de la Gracia para el pecador salvado, que “en
Cristo, nueva criatura es”, y “las cosas
viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2
Corintios
5:17)? ¿Puede uno quién ha nacido otra vez (Juan
3:3, 7) y es morado por el Espíritu Santo de Dios vivir la vida
cristiana sin
la Gracia de Dios en sus vidas? La pregunta es legítima porque
el apóstol Pablo
le preguntó a los cristianos de Gálatas: “¿Tan
necios sois, habiendo comenzado en el Espíritu, ahora os
perfeccionáis por la
carne?” (3:3). Esto significa simplemente que en su
conversión ellos habían
comenzado la vida cristiana por el poder del Espíritu y Su
gracia, pero ahora
habían sido engañados en pensar que podrían vivir
la vida cristiana en el poder
de la "carne”, es decir de sí
propio; o para ponerlo en otra manera, ¡sin la gracia de Dios!
Pero note lo que
el apóstol Pedro dice al pueblo de Dios: “Mas
creced en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo”
(2 Pedro 3:18). Por lo tanto, amados, esto nos dice que hay una
necesidad
de "crecer en la gracia” y no
quedarnos "espiritualmente inmaduros", que puede ocurrir si no
crecemos espiritualmente, no sólo "en
la gracia”, pero también "en el
conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.
Esto veremos al
presentar las razones siguientes. Pero tenga presente que estas dos
cosas, es
decir, creciendo "en la gracia, y en
el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” depende
de nuestra
relación con Él; porque es SÓLO "de
su plenitud” que podemos tomar "gracia
por gracia” (Juan
1:16); o "gracia sobre gracia”. Esto
significa simplemente que hay tal cosa como un aumento de Gracia en
nuestras
vidas como cristiano. Amén.
Ahora, la primera razón
por qué necesitamos “crecer en la
gracia” (y tenga presente,
que la gracia de Dios es Su "favor inmerecido" hacia nosotros, no
sólo en salvación, pero también en la vida
cristiana); es simplemente porque
somos ordenados para hacerlo. Crecer en la gracia no es una
opción; de otro
modo no importará si no la hacemos. Pero Dios sabe que si
dejados a nosotros
mismos, es decir a nuestra sabiduría y capacidades, nosotros
volveríamos definitivamente
atrás a nuestra "vida vieja"; o lo que éramos sin Cristo.
Tenemos que
siempre recordar que creciendo en la gracia es Dios libremente
dándonos lo que
necesitamos pero que nosotros no podemos prever. En el Señor
Jesús diciendo que
"porque sin mí nada podéis hacer”
(Juan 15:5), Él lo
hace muy claro
que así como los pámpanos aparte de la vid NO PUEDEN
producir ningún fruto, lo
mismo es verdad que el cristiano aparte del Señor Jesús y
de Su gracia sería
totalmente imposible vivir la vida cristiana. Por lo tanto, es
absolutamente
esencial que obedecemos la Palabra de Dios para "crecer en
la gracia”, o seguramente, fallaremos miserablemente
de vivir como Cristo; o como el apóstol Juan
lo pone: "El que dice que permanece
en Él, debe andar como Él anduvo” (1 Juan
2:6).
La segunda
razón por qué necesitamos “crecer en
la
gracia” es que aunque hayamos "nacido
otra vez” (Juan
3:3, 5, 7) y
hemos llegado a ser "una nueva
criatura”; o creación "en Cristo”
y nuestras vidas han empezado de nuevo (2 Corintios 5:17),
¡todavía somos
morados por nuestra naturaleza pecadora! ¡El creyente siempre
luchará y contenderá
con la tentación de pecar! Acerca de lo que el apóstol
Pablo se angustiaba en
Romanos 7 es verdad de cada hijo verdadero de Dios: “De
manera que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que mora en
mí. Y yo sé que en mí (esto es en mi carne) no
mora el bien; pues el querer
está en mí, pero el hacer el bien no. Porque no hago el
bien que quiero, sino
el mal que no quiero, éste hago. Y si hago lo que no quiero, ya
no soy yo quien
lo hace, sino el pecado que mora en mí” (versos
17-20). Pero es sólo cuando
somos fuertes “en la gracia que es en
Cristo Jesús” (2 Timoteo 2:1) que podemos vencer el
pecado en nuestras
vidas; y todavía no es que somos nosotros sino la gracia de Dios
que nos es
dada que podemos hacerlo eficazmente por Su Espíritu de gracia.
Por lo tanto,
al "crecer en la gracia”, lo más
fuerte que llegamos a ser que por fe recibimos "gracia por
gracia” para que cuando el pecado morador levanta
su cabeza fea, no lo obedeceremos en sus concupiscencias; "porque
el pecado no se enseñoreará de (nosotros); pues no
(estamos) bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:12,
14).
También, la
tercera razón por qué necesitamos "crecer en la gracia” es que, no
sólo tenemos que contender con el pecado morador, pero
también con los ataques
de afuera. Nuestra guerra espiritual es descrita en Efesios 6: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios,
para que podáis resistir en el día malo, y habiendo
acabado todo, estar firmes.
Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos de verdad, y
vestidos de la coraza
de justicia; y calzados vuestros pies con el apresto del evangelio de
paz.
Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar
todos los dardos de
fuego del maligno; y tomad el yelmo de la salvación, y la espada
del Espíritu,
que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo, con toda
oración y súplica en
el Espíritu…” (versos 13-18). Han de notar,
amados, ¡que todas las gracias
espirituales mencionados aquí son dones espirituales dados a
nosotros por la
gracia de Dios! Actualmente de la conversión, todos se nos son
dados; no
obstante, para ser fuertes “en el Señor,
y en el poder de su fortaleza” (v. 10), tenemos que "crecer en la gracia”, por lo cual "podemos
estar firmes contra las asechanzas del diablo” (v.
11); “porque no tenemos lucha contra
sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los
gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra malicias
espirituales en
las Alturas” (v. 12). ¡Seguramente, sin la gracia de
Dios, seremos
derrotados!
Luego, la cuarta razón
por qué necesitamos "crecer en la gracia”
es para que
puédanos servir al Señor como debemos. Note lo que el
apóstol Pablo dice con
referencia a esto: “Mas por la gracia de
Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo; antes
he
trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de
Dios que ha sido
conmigo” (1 Corintios 15:10). Me doy cuenta de que muchos de
nosotros
podemos ser muy activos en "sirviendo al Señor", pero hay tal
cosa
como haciéndolo en la carne. Por el otro lado, la gracia nos
humillará y nos
mantendrá totalmente dependientes en el Señor y Su
sabiduría y fuerzas. Esto
nos mantendrá de atribuir éxito en nuestro trabajo para
el Señor y Su causa a
la metodología del hombre sino que es todo debido al favor
gratuito de Dios en utilizarnos
para Su gloria; y como nosotros "crezcamos
en la gracia”, "no (es) que
seamos suficientes de nosotros mismos
para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia
viene de
Dios” (2 Corintios 3:5).
Además, la quinta razón
que necesitamos "crecer en la gracia”
está debido
al sufrimiento que muy ciertamente experimentaremos en nuestras vidas
para
Cristo. Note estas palabras preciosas: “Y
me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona
en la debilidad.
Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis
debilidades, para que
habite en mí el poder de Cristo. Por lo cual me gozo en las
debilidades, en
afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias por amor a
Cristo;
porque cuando soy débil, entonces soy poderoso” (2
Corintios 12:9, 10).
Creo que podemos decir sin ambigüedad que sufriendo en la vida del
cristiano puede
ser considerado "normal". “Porque
para esto fuisteis llamados; pues que también Cristo
padeció por nosotros,
dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus
pisadas”; y “Por tanto, los que padecen
según la
voluntad de Dios, encomienden a Él sus almas, como a fiel
Creador, haciendo el
bien” (1 Pedro 2:21; 4:19). Pero no importa el sufrimiento en
nuestras
vidas, lo más que "crezcamos en la
gracia”, lo más fuerte seremos; por lo tanto, podremos
vencer porque será
la gracia de Cristo que impartirá Su fuerzas para hacerlo; o
como el Salmista
lo dice: “Jehová dará fortaleza a su
pueblo” (Salmos 29:11); “En el día
que clamé, me respondiste; me fortaleciste con fortaleza en mi
alma”
(138:3). ¡Amén!
Luego, la sexta razón
que necesitamos “crecer en la gracia” es
para que puédanos
ser testigos valientes del evangelio glorioso del Señor
Jesucristo. “Y con gran poder los apóstoles
daban
testimonio de la resurrección del Señor Jesús; y
abundante gracia había sobre
todos ellos” (Hechos 4:33). Ya que el “gran
poder” y la “abundante gracia”
tienen
que venir del Señor a Su pueblo, o sea para el servirle, o para
los dones, o
para las relaciones, no puede ser negado que la gracia es necesitada
para un
testimonio poderoso del Señor Jesucristo. Generalmente, un
cristiano puede
testificar de su experiencia en ser salvado por el Señor; no
obstante, la "abundante gracia” es necesitada
con el "gran poder” para ser un
testigo valiente del Señor. "Crecer
en la gracia” asegura de que el creyente testifique “con demostración del Espíritu y de
poder” (1 Corintios 2:4) para
que nuestro testimonio sea “no sólo en
palabra, sino también en poder, y en el Espíritu Santo, y
en plena certidumbre”
(1 Tesalonicenses 1:5). Por lo tanto, amados, al "crecer
en la gracia”, llegamos a ser más valientes en
testificar debido al poder del "Espíritu
de gracia” (compare Hebreos 10:29) en nuestras vidas.
Pero ahora,
consideremos que creciendo en la gracia también incluye crecer "en el conocimiento de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). De hecho, nuestro texto
lo hace claro
que crecer en la gracia es asociado consigo. Sería una
contradicción para uno
pensar que está creciendo en la gracia y todavía no
conocer al Señor más y más
en sus vida. "Crecer…en el conocimiento
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” no es
simplemente conocer más
acercas de El, sino conocerlo a Él y
TODO lo que es en Su Persona 'para ser más como él y para
amarlo más mejor'. Lo
más uno crece en la gracia es de conocerlo más; y en este
conocimiento de nuestro
Señor y Salvador, 'nos conforma más a él, y lo
atrae más a nosotros, debe de
ser de gran uso para nosotros, en preservarnos de caernos en tiempos de
apostasía general; y los que experimentan este efecto del
conocimiento del
Señor y Salvador Jesucristo los hacen, en recibir tal gracia de
él, darle
gracias y alabarlo, y en una con nuestro apóstol decir, “A Él sea gloria ahora y para siempre.
Amén” (Comentario de Matthew
Henry).
Así, concluimos el estudio de La
Doctrina de La Gracia de Dios; y mi
oración es que en alguna pequeña manera que ha sido de
beneficio espiritual para
usted. Si cualquier cosa, espero que pueda ayudarle ver que la Gracia
no es sólo
para la salvación de los pecadores, pero también para la
vida del creyente; y que
esa Gracia es imprescindible. Sin la gracia no puede haber
salvación; y
seguramente, si no hay salvación, entonces no hay gracia para
uno vivir para
Dios. Verdaderamente, amados, la Gracia es la fuente de donde fluye
TODA la
bondad de Dios para ésos que no son dignos de lo menos de Sus
misericordias y
Su verdad; y es "para alabanza de la gloria de su gracia,
en la cual nos hizo aceptos en el Amado”
(Efesios 1:6). Amén.