LA EXPERIENCIA DE LA
GRACIA LIBRE
Erroll Hulse
Traducido por Lasaro
Flores
MINISTERIO TODO DE GRACIA
Todos los atributos de Dios son gloriosos
y todos
excitan nuestra admiración. Su justicia y santidad brillan
y adornan el resto de todos Sus atributos. Su poder y
sabiduría son maravillosos. Su amor es asombroso. Pero si no
fuera por la gracia o el favor libre no
recibiríamos nada. Una comprensión y una
experiencia del favor libre inmerecido impresiona el corazón con
las impresiones indelebles. Echa la luz sobre, y da perspectiva,
al
conjunto de la salvación, lo cual lo explica desde el principio
hasta el fin.
La verdad de la gracia libre asegura desde el comienzo hasta terminar
que
toda la honra y la gloria se atribuye al Dios Trino.
La gracia toda la obra la
cororará,
Por los días eternos;
Reposa en el cielo la piedra más alta,
y bien merece la alabanza.
Así es con nuestra salvación
personal. De los primeros movimientos de la conciencia a nuestro
venir a Cristo y a través de ser guardados hasta ese gran
día de triunfo, la resurrection, todo
es de gracia. Entonces en las edades venideras continuaremos
recibiendo expresiones abundantes de las misericordias de Dios. Ninguna
oración la puede sumar mejor que la de Pablo: "Para alabanza de la gloria de su gracia" (Efesios
1:6).
Esta declaración tomada dentro de
su contexto
demuestra la gracia de Dios en ser la razón única
de nuestro levantamiento de la muerte espiritual. Éramos
espiritualmente muertos. Una resurrection era
esencial. La vida dada en el primer caso y las buenas obras
que podemos ahora realizar es todo el resultado del favor de
Dios. En las edades venideras, es decir, en todo el tiempo
futuro, las "las abundantes riquezas
de su gracia" serán exhibidas, apreciadas y
admiradas (Efesios 2:7).
Imagínese a dos hombres muy
ricos. Cuando son solicitados para donar hacia una causa muy digna
ambos dan
de sus riquezas. El primero dona cien libras, pero el
otro da un millón de libras. El primero da de sus riquezas, el
segundo según sus
riquezas. ¿Pero cómo mediremos la gracia de
Dios? ¿Quién puede
medirla? Lo nuestro no era una causa digna. No
teníamos mérito sino demérito. La gracia que Dios
concede sobre el indigno se describe como superabundante,
sobresaliente o excelente. Se demuestra en su
amabilidad hacia nosotros a través de Cristo. Es
por, y a través de, Él quien es nuestra justica que la
gracia reina aún hasta la vida eterna. El pecado se
representa como monarca absoluto que ejercita la soberanía
completa (Romanos 5:21 - "De la
manera que el pecado reinó para muerte, así
también la gracia reine por la justicia para vida eterna por
Jesucristo Señor nuestro). La gracia reina
también. Como Abraham Booth lo expresó en su
obra clásica, El Reinado de
La Gracia, la gracia reina en
nuestra elección, el llamamiento, el perdón, la
justificación,
la adopción, la santificación y la perseverancia.
Cuando la gracia se habla de como libre --
"Siendo justificados gratuitamente
por su
gracia" (Romanos 3:24) -- significa que es un acto de la
voluntad de Dios que es libre
de cualesquiera apremios, presiones u obligaciónes. Él no
es
obligado de hacer cualquier cosa de todo. Ningún
merecimiento o
mérito cualesquiera vienen bajo consideración. Esto es
ilustrada por la parabola de los dos deudores de quienes nuestro
Señor dijo, "Y no teniendo
ellos de qué pagar, perdonó á ambos" (Lucas
7:42). No podían
hacer ninguna demanda sino apelar solamente por la
misericordia. Ni se debe la súplica por la misericordia
en sí misma ser vista como mérito humano porque todos
nuestros
deseos hacia Dios deben su origen a sus atraermientos. Así
cuando Dios describe Sus tratamientos con los judíos Él
dice que la benignidad que Él les demostró no era
por cualquier cosa en ellos, "Por
tanto, di á la casa de Israel: Así ha dicho el
Señor Jehová: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel,
sino por causa de mi santo nombre,...No lo hago por vosotros, dice el
Señor Jehová, séaos notorio" (Ezequiel
36:22,32).
La gracia es
ascribida al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.
Pablo comienza todas sus epístolas encomendando a los lectores a la gracia del Padre, la cual se ve en el hecho de que Él nos ha bendecido con todas las bendiciones espirituales. Es debido al amor del Padre que Él ha elegido a un pueblo y los ha dado a Su Hijo. Este amor es un amor que sobrepasa descripción. Ser súbdito de tal amor es de ser el recipiente de la gracia o del favor que son inmensurables. Tal era este amor y la gracia libre que motivaba al Padre para ejercitarla que Él dio a Su Hijo para procurar el rescate. Es el buen placer del Padre dar no solamente a Su Hijo para redimir a Su pueblo (él salvará a Su pueblo de sus pecados) pero para darles el reino (Mateo1:21 - "Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará á su pueblo de sus pecados"; Lucas 12:32 - "No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino). El grado de la gracia del Padre se considera en que Él tenía cuidado al predestinar que todo debe trabajar para el bien de ellos. Su favor libre hacia Sus hijos es rico y comprensivo. Su cuidado para ellos es meticuloso y es dada con sabiduría perfecta.
La gracia del Padre se describe como
gracia
libre pero a veces también como soberana. Él es el
soberano en la elección de aquellos sobre quiénes
Él quiere darles Salvación. "Tendré misericordia del que
tendré misericordia, y me compadeceré del que me
compadeceré" (Romanos 9:15). El
ejercicio de la gracia soberana fue referido por nuestro Señor
cuando Él dijo, "Yo te alabo,
oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas
cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los
pequeños: así, Padre, porque así te agradó"
(Lucas 10:21). La
ocasión de este refrán era cuando los setenta volvieron
de su misión. Ellos se regocijaban en sus dones y poder de
echar fuera los demonios. Él les dijo que más bien
se regocijaran en la gracia soberana de Dios. "Antes gozaos", Él dice, "de que vuestros nombres están
escritos en los cielos" (ver.20).
La gracia soberana
significa que el Padre solamente es responsable de que nuestros nombres
son escritos allí. El escoger que hicimos para
nosotros mismos era el infierno. El escoger que Él
hizo para nosotros era el cielo. Él soberanamente
invalidó nuestro escogimiento desgraciada por su elección
y determinación para traernos al hogar a Él mismo
mediante la gracia.
La gracia del Hijo se puede ver en el
conjunto de su vida y obra en nuestro favor. "Porque
ya sabéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por
amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su
pobreza fueseis enriquecidos" (2 Corintios 8:9).
Éso es un resumen hermoso de la manera en la cual la gracia de
Dios ha venido a nosotros. Toda la gracia que
recibimos es meditada a través de la persona y la obra de
Cristo.
Cuando las Escrituras concluye con las
palabras, "La gracia de nuestro
Señor
Jesucristo sea con todos vosotros" (Apocalipsis 22:21),
ésto es resumir aquello lo cual ha sido
hecho para el pueblo de Dios y aquello lo que continua siendo de
ellos. El favor de Dios en, a través y por de, Cristo,
continúa reposando con ellos. Éste es el
deseo y la oración expresada con frecuencia por Pablo en la
conclusión de sus cartas.
El Espíritu Santo que aplica la
gracia o
el favor de Dios se llama el Espíritu de gracia (Zacarías
12:10). Su
gran obra es en regenerar y santificar a los elegidos de Dios. Esto
levanta la distinción muy importante que existe entre la gracia
soberana, la gracia eficaz y la gracia común o general.
La experiencia de la gracia libre
En tiempos de avivamiento, los pecadores experimentan una convicción profunda de su condición pecaminosa. A veces esta experiencia puede ser agonizante. Al primero que las almas descubren su condición espantosa de perdición y de la culpabilidad, y entonces son conducidos a la búsqueda para, y encuentran la, salvación por la fe en Cristo, la gloria de la gracia de Dios brilla lustrosamente. Los himnos que provienen de los tiempos de avivamiento bien expresan la admiración por la gracia salvadora de Dios. Bien conocido es la expresión de gratitud de Juan Newton,
Oh gracia admirable,
¡dulce es!
¡Que a mí,
pecador, salvo!
Perdido estaba yo, mas vine a sus pies;
Fui ciego, visión me dio.
Observe el sentido de la miseria, la
perdición y ceguera anterior, y el sentido abrumador de la
alegría y de la alabanza que sigue.
Ciertamente no estamos viviendo
en tiempos de despertamiento espiritual hoy en día y
encontramos que la mayoría de creyentes vinieron a la
salvación sin una convicción profunda, prolongada o
penetradora del pecado.
Cuando
la
gente vienen
fácilmente a Cristo, su aprecio no es siempre muy fuerte y puede
haber una tendencia a tomar las cosas de concedido. Una
experiencia superficial se refleja en una repugnancia de sacrificar o
de
servir. Poco entusiasmo se demuestra sobre las reuniones de
oración o
servicios de la adoración. Detrás de esta actitud
inalterable y á menudo tibia está la filosofía
simple que Dios ha dado a cada uno en el mundo una ocasión o a
oportunidad
igual de ser salvado. Por su Espíritu, tal como corre la
idea, Él capacite a todos en tener un escoger libre. Aquellos
quienes ejercen la fe son salvos y aquellos que no se pierden. Es todo
un hecho.
La
enseñanza de la gracia
libre estalla esta filosofía tolerante como falsa. En su
lugar se establece la verdad que los hombres por la naturaleza no
escogen a dios; Él los elige, los predestina, los
llama, los justifica e infaliblemente los trae al hogar en la gloria.
El
significado de lo que se acaba de decir es alarmante al cristiano
inalterable que cree que es su fe que hace la diferencia entre
él y el
perdido. Eso es verdad en un sentido. ¿Pero de
dónde vino la fe? Es el don de Dios (Hebreos 12:2, 2 Pedro
1:1, Efesios 2:8,9). Ahora, para preservar un lugar para el
mérito humano (aunque sea un pedacito minúsculo) algunos
arguiran a lo muy largo, que el Espíritu Santo ayude a la
gente a la fe, de modo que sea una combinación del esfuerzo
humano y del habilitamiento divino.
El
método del Espíritu Santo de traer a los creyentes a la
gracia libre es en
haciéndolos experimentar la convicción del pecado y el
necesitar. Por ejemplo, era cuando Jonás vino a ver que no
había salida del gran pez que él clamó, "La salvación pertenece á
Jehová" (Jonás 2:9).
Por
la
convicción del pecado, el pecador realiza que él nunca
habría venido de sí mismo. Su albedrío no estaba
libre. Su albedrío estaba en esclavitud. Varios pasejes
principales de las Escrituras tales como Romans 3 confirman que ninguno
busca a Dios por la naturaleza. La
salvación no solamente es proporcionada. Es aplicada por Dios
mientras que él llama a la gente a sí mismo.
Después
de un tiempo prolongado de la convicción profunda, Spurgeon vino
abrazar a la gracia libre. Él describe su experiencia como
sigue: 'Bien puedo yo recordar la manera en la cual
aprendí las doctrinas de la gracia en un solo
instante. Nacido, como todos nosotros somos de
naturaleza, un Arminiano, todavía creía las cosas viejas
que había oído continuamente del púlpito, y no
veía
la gracia de Dios. Cuando venía a Cristo,
pensé que todo lo estaba haciendo yo mismo, y aunque
busqué al Señor seriamente, no tenía ninguna idea
que el Señor me
buscaba. Yo pienso que el nuevo convertido no está cauto de esto
al
principio. Puedo recordar el mismo día y
la hora cuando primero recibí esas verdades en mi propia alma --
cuando eran, como Juan Bunyan dice, quemado en mi corazón como
con un hierro caliente, y mí puedo recordar cómo me
sentía que había crecido súbitamente de un
bebé en un hombre -- que yo había hecho progreso en el
conocimiento de las Escrituras, con encontrar de una vez por todo, la
guía a la verdad de Dios. Una noche de semana, cuando
estaba
en la casa de Dios, no pensaba mucho del sermón del predicador,
porque no lo creía. El pensamiento me pulsó,
"Cómo vinistes a ser un cristiano?" Yo busqué al
Señor. "Pero, ¿cómo vinistes a buscar al
Señor?" La verdad relampaguió por mi mente en un
momento -- no lo hubiera buscado a
menos que hubiera habido una cierta influencia anterior en mi mente
para hacer que lo búsque. "¿Oré",
pensé yo,
pero entonces me pregunté, "¿Cómo vine yo a
orar?"
Era inducido a orar en leer las Escrituras. "¿Cómo
vine yo a leer las Escrituras?" Yo las leía, pero, "¿que
me condujó de hacerlo?" Entonces en un momento vi que Dios
estaba en el fondo de todo, y que él era el Autor de
mi fe, y así que la doctrina entera de la gracia se me
abrió, y de esa doctrina no me he salido hasta este
día, y deseo hacer esto mi confession constante, "Yo atribuyo mi
cambio enteramente a Dios."'
Reposando en el corazón y en el
fondo
de las vidas, la
motivación y los ministerios de los cristianos excepcionales de
la edad es un aprecio apasionado de la gracia libre. Que
Pedro hubiera sido restaurado después de una falta tan triste
era debido a la gracia. La convicción de Pedro de su
indignidad era intensa, y su devoción subsecuente así
proporcionadamente.
Que Pablo ha recibir gracia y el
apostolado
cuando sus actividades como un perseguidor no aseguraba nada
sino solamente la ira, le dio un sentido de endeudamiento a lo
cual él atestiguó constantemente en su predicación
y escrituras.
La Reformación del siglo décimosexta
comenzó en el corazón de Lutero. La suya era una
experiencia de la gracia libre nacida de una enorme lucha en
la cual él vino a ver que la salvación era no por
el libre albedrío sino solamente por la gracia.
Jorge Whitefield nos dice de cómo
él
vino a
experimentar la gracia libre como un joven de
veinticuatro años. Esto era durante un viaje por la
mar a América. Pues como un predicador inmenso próspero
la
tentación de enorgullecerse era tan ancho como el mar y el cielo
alrededor de él porque no había predicador tan capaz como
él. Con todo, era entonces que la convicción del
pecado y de una miseria que lo superó tan intenso que él
aún comtempló de dejar el ministerio. Este tiempo de
convicción, según su propio
testimonio, le ayudó a entender las doctrinas de la gracia: la
elección y la adopción. Esta
experiencia de humillación sirvió para profundizarlo y
para consolidarlo y
para hacerlo inclinarse más sobre Dios. Ésta no era
la última vez Whitefield experimentó tal
convicción.
Un domingo lo inclinaron para visitar a un recién llegado en el área quien podía, si era visitado, ser inducido para hinchar las filas de la iglesia. Generalmente los Bautistas del Sur no carecen en la rapidez de moverse cuando se trata para hacer adiciones a sus iglesias. Temprano por la mañana del lunes Drew sono en la puerta. En sus propias palabras, "el hombre más feo que siempre he visto apareció no afeitado y en su vestido de preparación". El hombre informó a Drew que había solamente tiempo para unas cuantas palabras.
'¿Usted
hace invitaciones al frente?'
el hombre feo gruñó.
'Por supuesto que sí', dijo Drew.
'¿Porqué usted lo hace?'
'¡Para dar
a la gente una ocasión para decidir!'
'¿Usted piensa que la
gente tiene que tener una ocasión? ¿Salva Dios por
las ocasiónes?'
Tan pronto que comenzó Drew a pensar, '¿Qué clase de tuerca tengo en mis manos?', el hombre feo dijo, 'Quisiera que usted viera mi biblioteca'. Él llevó a Drewd adentro. Un arreglo magnífico de libros de los Puritanos fue revelado delante de Drew. Aunque en el mar teológicamente, Drew había sido instruído. Él sabía por instinto que él estaba con alguien que sabía lo que creía, quien estudiaba esos libros, y quien estaba bien fundado en la doctrina y vida cristiana. Trayendo la reunión corta a un cerrar, el hombre feo dijo, 'Quisiera que usted leyera estos dos libros'. Él le dio La Soberanía de Dios de Pink y de la Predestinación de Loraine Boettner.
Drew hizo algunas más llamadas y volvió a casa. 'Un hombre extraño llamó esta mañana en camino a trabajar,' dijo Frances. 'Él dijo que era nuevo en el área y gustaría que leyera el capítulo seis de Juan.' '¿Éra él un hombre grande feo?' preguntó Drew. 'Sí', contestó Frances. '¡Él es una tuerca!' dijo Drew, y entró a su estudio.
Al sentarse, la vieja sensación
familiar de la desolación teológica vino sobre
él. Él se había secado y se encontraba
desesperado. Aparte
del ardid ingeniosos evangélicos, él estaba
doctrinalmente y espiritualmente bancarrota. Sus ojos cayeron
sobre los dos libros que él
había traído adentro. Él comenzó a
leer.
El hombre feo vino el día siguiente para ver a Frances sobre su progreso en Juan seis. Sus estudios le estaban yendo bien y al el miércoles se estaba quebrantando. Al jueves en leer los dos libros, trajo a Drew repentinamente y dramáticamente al punto de revelación. ¡Sus ojos fueron abiertos repentinamente! ¡Él lo vio todo en un instante! Saltando en el aire, él gritó tan ruidosamente como es posible que grite un hombre. El plan entero de Dios, de su soberanía y de su propósito había caído en lugar. Él acometió hacia fuera para compartirlo con Frances. Ella también lo había visto. Se regocijaron juntos. La vida había comenzado de nuevo. El desierto teológico, el vagar estéril espiritual, la duda y el escepticismo todo se había ido, y ido para siempre. Una nueva vida había comenzado.
Los años futuros probarían
ser
difíciles pero recompensables. Drew Garner
nunca ha dejado de agradecer a Dios por enviar aquel hombre excelente y
usarlo tan decisivo. En el lugar de la tradición
evangélica ha venido un ministerio completo y rico no solamente
en el reino de ganar almas y en evangelismo pero también en su
obra pastoral y en plantar
iglesias.
Las bendiciones que resultan de la
experiencia de la
gracia libre son muchas. Es una gran ayuda en tener un agarrar
fuerte y claro del plan total de Dios de la
salvación. Poder entender la teología y en
regocijar en
el propósito soberano de Dios como se revela en las Escrituras
es de
más provechoso. Como acabamos de ver en el caso de Drew
Garner, la duda fue expulsada. La claridad y la fuerza de
fe substituyó incertidumbre e ineptitud doctrinal. Un
agarre potente de la verdad acompañada con alegría en
el conocimiento que es la
verdad revelada por el Espíritu Santo puede
transformar el ministerio entero de un hombre. Esto era
la experiencia de Drew Garner. El cambio en su vida es
típico. Con todo, en mi opinión, la
humillación es
realmente el primero entre los beneficios que resultan de la
experiencia
de la gracia libre.
La humillación como una experiencia es fundamental e indispensable al cristianismo verdadero, porque de tal humillación evangélico vienen dos cualidades esenciales, a saber, el temor de Dios y la humildad.
El temor del Señor recibe poco si alguna atención en los círculos evangélicos de hoy.
Todavía tenemos la frase, 'un hombre temeroso de Dios', aunque no se utiliza tanto como antes. El temor de Dios reposa en el mismo corazón del cristianismo verdadero. Ambos el Antigüo Testamento y el Nuevo hablan mucho de este temor. De hecho, hay centenares de referencias directas e indirectas de este asunto en las Escrituras. Uno de nuestros predicadores modernos más capaces bien ha dicho: 'Quita el alma del cuerpo y todo lo que es dejado en algunos días es un cuerpo que apesta. Quita el temor de Dios de cualquier expresión de piedad y todo lo que queda es el cuerpo que apesta del Farisaísmo y de la religiosidad estéril'. Nos iríamos más lejos y diríamos que las expresiones excitadas y más entusiásticas de la religión: el grito, el levantar de manos, el cantar de coros, discursos intensos, todos orando en el mismo tiempo, risas exuberantes o lamentos tristes, si son vacios de un temor verdadero de Dios, todos son repugnantes al extremo, especialmente para los que han venido a experimentar el temor de Dios. ¿Cómo discierne uno el temor verdadero del Señor? La respuesta es que es acompañado por una reverencia para las Escrituras, una repudiación de toda la ligereza, frivolidad y petulancia, una conformidad del corazón a los preceptos de la Palabra. Un temor verdadero del Señor se experimenta a menudo en una tremenda calma: "Estad quietos, y conoced que yo soy Dios" (Salmo 46:10). Tal temor conduce a una relación pensativa y viva con Dios en quien esas cualidades hermosas descritas por nuestro Señor en el Sermón del Monte se desarrollan, a saber, dolor por el pecado, la mansedumbre, la pureza, la misericordia, el pacificar y el gozo (Mateo 5:1-12).
Uno de los efectos prácticos del temor de Dios es la humildad. El Hijo Prodigo fue traído a la humilliación. Él pronto malgastó su sustancia y sus dones de carácter, así trayéndose ambos a el estragamiento y a la pobreza. El resbalar atrás fue permitido para traerlo al fin de sí mismo. Él demostró el arrepentimiento verdadero cuando él se determinó de volver a su padre. Que fue humillado era visto en sus palabras, "Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo" (Lucas 15:21). El caso del Prodigo ilustra el propósito de Dios en el humillar de todo Su pueblo. ¿Puedes pensar de uno salvado en las Escrituras que no fue humillado?
La experiencia de la gracia libre no solo resulta en el temor de Dios y de la humildad verdadera sino que también causa una nueva actitud acercas del seguridad. Esto se discute más adelante. Bastante es decir aquí que la primera consideración en el aseguramiento es objetiva -- que es un conocimiento que Dios nos ha dado el Espíritu Santo para testificar en nuestros corazones que somos hijos de Dios.
La gracia libre nos hace dejar toda confianza sobre nosotros mismos o dependencia de lo que hemos hecho y mirar solamente al Señor para salvarnos. Vemos que "que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia" (Romanos 9:16).
No triago nada en mi mano,
Simplemente en Tu cruz me
aferro;
Desnudo, vengo a Ti por vestido,
Desamparado, por gracia a Ti miro;
¡Sucio! A la fuente volo,
Lavame, Salvador, o muero.
El aprecio de la gracia libre es la fuente de la alegría intensa, una alegría que inspire la adoración profunda que quizás se expresa lo más mejor posible en los himnos que cantamos.
Gracia soberana sobre el pecado abunda,
Almas redimidas, las nuevas se aumenta;
Es un profundo que sonar no conoce;
¿Quien pude decir su anchura o longitud?
En sus glorias
Deja mi alma para siempre morar.
La fruta de la experiencia de la gracia libre es rica; el amor, la adoración, la gratitud, la humildad, la alegría, la dedicación, la celosidad, la mansedumbre, la dulzura y la compasión hacia a otros. Los que han recibido tanto tan libremente son los más agradecidos a Dios y los más listos de buscar el bien de otros. Habiendo recibido tan libremente ellos son los más celosos para dar.
Hay varios peligros serios. El primero y el más obvio es de reclinarse en la experiencia y la doctrina y el descuidar de las responsabilidades prácticas de la fe. Otro peligro es llegar a ser sectario sobre el asunto. Incluso después de quince años o más de interés renovado en la gracia libre, los que ponen las doctrinas en práctica siguen siendo solamente una minoría pequeña entre la familia ancha de creyentes. Por lo tanto, es una tentación para alguno llegar a ser negativo y crítico sobre los que no acepten la enseñanza y la práctica de la gracia libre, e incluso en cayer al pecado terrible de desdeñarlos. Los Fariseos, recordamos, cayeron en el pecado de desdeñar a otros.
Hay también el peligro de llegar a ser ladeado o desequilibrado en ser hiper-intelectual como si leer de los libros de la gracia libre era el Alfa y el Omega del cristianismo. Pablo advirtió a los Corintios sobre el conocimiento que no era espiritual -- un conocimiento que ensoberbece (l Corintios 8:1).
Luego hay el peligro más obvio de todo el cual es hacer la conclusión incorrecta que ya que la gracia es dada soberanamente, entonces podemos dejarlo todo a Dios y relajar. La verdad es que la gracia es dada por medios humanos. Es más significante que la verdad de Romanos que da énfasis de la necesidad de predicar el Evangelio está entre el noveno y undécimo capítulos que declaran la soberanía omnipotente de Dios. Pablo y el Amo que él sirvió ambos declararon la soberanía de Dios. Ni uno ni el otro descuidaron de la necesidad del trabajo duro y del uso máximo de los medios de la gracia por los cuales la gracia soberana viene a los hombres.