¿Qué Es La Libertad?

 


CUANDO A UNO LE SACAN DE LA CARCEL, ¿ES ESO LO QUE TRAE LA LlBERTAD?

Han sido muchas las veces que he estado sentado en mi celda pensando en la libertad física; una vida sin rejas y puertas cerradas con llave, en la que eres libre para vivir tu vida como tu ves conveniente, y no según lo que te imponen las autoridades de la cárcel. Yo diría que todos los presos anhelan ser libres y salir de la cárcel: estar lejos de esos muros que los mantienen encerrados.


            Pero me pregunto si la liberación de la cárcel realmente nos trae libertad a los que estamos presos. Cuando salgas por esa puerta, ya de forma definitiva, ¿estarás saliendo a la libertad, o estarás caminando de una clase de encarcelamiento a otra? Podrías dejar atrás para siempre la cárcel física, y sin em­bargo estar todavía en una cárcel tan real como cualquiera de la que hayas salido.


LAS CADENAS DEL PECADO

       
        ¿De qué estoy hablando? Pues, estoy hablando de las cadenas que tienen atados a todos los seres humanos: las cadenas del pecado. En la Biblia, en 2 Timoteo 2:24-26, el apóstol Pablo nos dice que el espera que Dios les dé arrepentimiento a los que se oponen al evangelio de Cristo (es decir: todas las personas no convertidas), para que "volviendo en sí, escapen de llazo del diablo, habiendo estado cautivos de él para hacer su voluntad." Es de estas cadenas de las que estoy hablando. Según la Biblia, cada ser humano está en una cárcel. Esta carcel nos mantiene cautivos no con muros y rejas físicos, sino con los deseos pecaminosos que nos dominan.

       

            La Biblia nos dice que "no hay justo, ni aun uno; . . . no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno" (Romanos 3:10,12). Cada uno de nosotros está preso de sus propios deseos pecaminosos, y no podemos escapar de ellos: "¿puede el Etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? Así vosotros, ¿podréis hacer el bien estando acostumbrados a hacer el mal?" (Jeremías 13:23). Así que, cuando salgas por esa puerta de entrada, no estarás saliendo a la libertad verdadera, sino a una libertad ilusoria. Aun permanecerás cautivo del pecado, del miedo al futuro, y del miedo a la muerte y al juicio de Dios. Pero esto no tiene por qué ser así.


LA VERDADERA LlBERTAD

          Cuando Jesús vino a este mundo, vino para liberar a todos aquellos que se arrepintiesen y creyesen en el evangelio: para liberarlos de las cadenas del pecado y de todo lo que éstas implican. Él dijo que había venido "para proclamar libertad a los cautivos, . . . para poner en libertad a los oprimidos" (Lucas 4:8). Dijo, además., que todos aquellos que Ie siguiesen a él, conocerían "la verdad, y la verdad os hará libres. . . Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres" (Juan 8:32,36).

  La libertad que Cristo da es verdadera libertad, y la pueden tener todos aquellos que se arrepienten de su pecado (y esto quiere decir no sólo sentir haber pecado, sino también volverse del pecado para servir a Cristo), y que confían en la obra que Cristo hizo en la cruz para salvar a los pecadores. Haz eso, y Cristo te dará libertad de las cadenas del pecado, y de su consecuencia: el infierno. Esa libertad fue comprada por el sacrificio de Jesucristo en la cruz: "Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de él" (Romanos 5:8,9).

 

DOS CARCELES

            Los que estamos en la cárcel físicamente estamos, de hecho, en dos cárceles: la una física, y la otra espiritual, pero es el pecado la causa de las dos. Sin imbargo, la cárcel física no nos impide escapar de nuestra cárcel espiritual. A Cristo no le mantienen fuera ni los muros ni las rejas de ninguna cárcel. Jesús te perdonará y te salvará allí en tu celda tan pronto como perdonará y salvará a cualquier persona en su propia casa. No importa lo que hayas hecho ni cuánto tiempo dure tu cadena. Dios dice: "aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán" (Isaías 1:18).

 Puedes encontrar perdón y libertad allí en tu celda, y entonces, cuando te pongan en libertad, serás libre de verdad. Como yo, tú también puedes descubrir que se puede encontrar la libertad, aun dentro de una cárcel, a través de Jesucristo.


Puede ser que mi cuerpo en la carcel esté,
Pero mi alma la ha liberlado el Señor.

 

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(El autor de este follelo está cumpliendo cadena perpetua en la cárcel de Maghaberry, en Irlanda del Norte.)

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