¿Libre Albedrío o La Gracia Libre?

por Don Chandler
(Traducido por Lasaro Flores)

Hay básicamente sólo dos religiones en el mundo. Uno mueve al hombre hacia Dios mientras el otro mueve a Dios hacia al hombre caído. El primero puede ser llamado apropiadamente el libre albedrío (se llama a veces el Pelagianismo o el Arminianismo desde que estos dos hombres introdujeron este error) mientras el segundo debe de necesidad ser llamado la gracia libre.

El libre albedrío punta al hombre y lo alenta en ser algo o hacer algo para asegurarse de la gracia de Dios. El mil y una variedades de esta religión difieren sólo en lo que el "ser algo o hacer algo" es. Uno sostiene el bautismo como Salvador, otro anima las buenas obras o la membresía de iglesia y todo enfatiza "si usted hace" como su grito de combate.

Esta religión ofrece un plan maravilloso de la salvación que es capaz de hacer cosas grandes y poderosas si usted lo permitirá. Esta religión Dios puede sólo desear y ofrecer, pero El no puede asegurarlo.

La segunda religión es el evangelio Bíblico de la gracia libre. No busca a Dios por la provisión y entonces al hombre para el poder, pero proclama bravamente que el mismo Dios soberano que planeo y decreto la salvación también lo puede realizar en Sus eligidos. Esta religión tiene una meta, y un principio y un origen diferente.

Entonces, la diferencia entre el libro albedrío y la gracia libre no es solo un asunto del énfasis ni interpretación, sino de dos religiones distintas que difieren en cada punto teológico en que se encuentran.

¿Son estas declaraciones simplemente bravas hechas en la ignorancia o hay amplia prueba Bíblica que el libre albedrío, con todos sus principios, son en las palabras de C. H.. Spurgeon una "tontería total" y "una doctrina monstruosa semejante a la blasfemia?"

Vamos primero hacer una pregunta y contestarla. Luego hacemos una declaración y la probamos. Y finalmente enunciamos un hecho y nos regocijarmos en ello.
Por naturaleza el hombre está legalmente muerto. Se le fue dicho a Adán que "el día que de él comieres, morirás" (Génesis 2:17). Y aunque él no murió físicamente ese día, él murió legalmente. ¡Dios lo consideró muerto! Dios lo consideró separado, enajenado, y condenado. Y en el momento que Adán murió, toda la humanidad entregó el alma. Pablo declara en Romanos 5: 12, "Así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte así pasó á todos los hombres, pues que todos pecaron". ¡Cada hijo de Adán, excepto Jesucristo, está muerto! ¡Condenado ya! ¡Considerado en la vista de Dios como ya en el infierno!

No sólo esta el hombre legalmente muerto, pero él está espiritualmente muerto. No sólo Dios considera la raza de Adán muerta, pero en sus corazones no hay vida. "El día que de él comieres, morirás" no sólo fue cumplido por la sentencia registrada en el Libro de Dios, pero algo sucedió en el corazón de Adán. ¡El espíritu de Adán murió, su alma cayó! El corazón llegó a ser una caja de ténder llenó de la concupiscencia, la soberbia, los celos, la envidia, y todo pecado que Dios odia. Interiormente Adán era un cadáver, y todos sus hijos con él.

Y como el hombre esta legalmente y espiritualmente muerto, así que él esta eternamente muerto. Esta tercera muerte es la consumación de los otros dos. Es la ejecución de la justicia legal y el fin de morir en lo espiritual. Quizás ninguna porción de la Escritura es más sobria que Mateo 25:41 cuando nuestro Señor declara a la raza de Adán, "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles", y otra vez en el verso 46, "E irán éstos al tormento eterno, y los justos á la vida eterna".

Ahora que hemos hecho una pregunta y la hemos contestado, vamos hacer una declaración y probarla.

<> Ningún hombre por la naturaleza, cree que él necesita a Cristo. El es cegado por sus moralejas, sus intenciones, su sinceridad, su bondad. El no ve la oscuridad de su pecado ni la desesperanza de su caso.

Ningún hombre, por la naturaleza, quiere el plan de Dios de salvación. Se requiere la negación, el arrepentimiento, la tristeza piadosa, y entrar la puerta estrecha. Este plan roba el orgullo y el yo de su gloria carnal. El humilla el corazón y desgarra el alma. ¡La carne odia el plan de Dios!

Y finalmente declaremos un hecho y nos regocijamos en ello.

Nosotros nos regocijamos en un "Salvador vivo". Podemos unirnos con Job que declaró, "Yo sé que mi Redentor vive..." (19:25), y la canción espiritual que promete, "Porque Él vive triunfaré mañana". Verdaderamente, nuestro Señor es "gozo inefable y glorificado" (1 Pedro 1:8).

Nosotros nos regocijamos en un "Espíritu vivificador." "Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados" (Romanos 8:16,17). No es de extrañar que el gozo es uno de los frutos del Espíritu Santo.

Habiendo contestado la pregunta y probada la declaración, nosotros ahora nos regocijamos en los hechos. ¡El crédito es debido a Cristo, y la gloria toda a Dios! Jactarse uno es imposible. ¡Dios ha ganado el derecho de llevar la corona! ¿Y por qué poder ha ganado Él el derecho? ¿Por el Libre albedrío? ¡Nunca! ¿Por la Gracia Libre? ¡Siempre!


Este artículo se toma del libro, Las Hojas, Los Gusanos, Las Mariposas & T.U.L.I.P.S. redactado por V. C. Mayes. El libro contiene artículos de varios Bautistas de la Gracia Soberana, tratando con varios aspectos de las Doctrinas de la Gracia.