Los Cinco Puntos del Calvinismo
Por W. J. Seaton
(Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Inverness, Escocia)
Prefacio:
Difícilmente hay otra palabra que despierte tanta sospecha,
desconfianza y aun animosidad entre quienes profesan el cristianismo,
como la palabra Calvinismo. Y sin embargo, el rechazo que brota contra
este sistema y contra todos aquellos que lo abrazan y lo predican, es
un celo que no es conforme a ciencia. El siguiente artículo ha
sido
escrito con la esperanza de que mucho del insulto que ha sido arrojado
sobre el sistema de teología calvinista sea retirado; y de que
la
verdad de esta gran enseñanza, la cual fue la columna vertebral
de
nuestros padres en la fe, y fortaleza de la iglesia en una época
mucho
más gloriosa que la nuestra, pueda ser vista con claridad.
Introducción
Debemos iniciar en Holanda, en el año de 1610. Jacobo Arminio,
un
profesor holandés, muere, y sus enseñanzas son formuladas
por sus
seguidores, conocidos como "arminianos," en cinco puntos principales de
doctrina. Hasta ese momento, las iglesias de Holanda, en común
con la
mayoría de las iglesias protestantes de Europa, habían
adoptado las
Confesiones de Fe de Bélgica y de Heidelberg, las cuales se
apegan a
las enseñanzas Reformadas (es decir, calvinistas). Sin embargo,
los
arminianos querían cambiar esta posición, y presentaron
sus cinco
puntos en la forma de una queja o protesta ante la Corte holandesa. Los
cinco puntos del arminianismo eran los siguientes:
1. El libre albedrío o la capacidad humana.
Este punto enseñaba que el hombre, aunque afectado por la
caída de
Adán, tenía la capacidad espiritual de escoger el bien
espiritual, y
era capaz de ejercitar la fe en Dios, a fin de recibir el Evangelio, y
de este modo obtener por sí mismo la salvación.
2. La elección condicional.
Este punto enseñaba que Dios puso Sus manos sobre todos aquellos
individuos que sabía, o preveía, que iban a responder al
Evangelio.
Dios eligió a aquellas personas que Él vio que
querrían ser salvadas
por medio de su libre albedrío, a pesar de su estado natural
caído; por
supuesto que, de conformidad al primer punto del arminianismo, este
estado no era de caída total o de depravación total.
3. La redención universal o expiación general.
Este punto enseñaba que Cristo murió para salvar a todos
los hombres;
pero sólo de un modo potencial. La muerte de Cristo hizo posible
que
Dios perdonara a los pecadores, pero únicamente a
condición que ellos
creyeran.
4. La obra del Espíritu Santo en la regeneración
está limitada por la voluntad humana.
Este punto enseñaba que el Espíritu Santo, cuando
comienza la obra de
traer a una persona a Cristo, puede ser eficazmente resistido y Sus
propósitos frustrados. No podría impartir vida a menos
que el pecador
quisiera voluntariamente que esta vida le fuera impartida.
5. La caída de la gracia.
Este punto enseñaba que un hombre salvo, podría final y
definitivamente
perder la salvación. Esto es, por supuesto, el resultado
lógico y
natural de todo el sistema. Es decir, si el hombre debe tomar la
iniciativa en su salvación, es él quien debe retener la
responsabilidad
del resultado final.
Los cinco puntos del arminianismo fueron presentados al Estado y fue
convocado un Sínodo Nacional de la Iglesia para reunirse en
Dort, en el
año de 1618, para examinar las enseñanzas de Arminio, a
la luz de las
Escrituras. El Sínodo de Dort sostuvo 154 sesiones durante un
período
de siete meses, pero al final no se pudo encontrar ninguna base sobre
la cual reconciliar el puno de vista arminiano, con lo expuesto en la
Palabra de Dios. Entonces, el Sínodo de Dort formuló sus
cinco puntos
del Calvinismo, para contrarrestar al sistema arminiano, afirmando
así
la postura sostenida por la Reforma, y formulada por el teólogo
francés
Juan Calvino. Algunas veces estos puntos son presentados en forma de un
acróstico, usando la palabra "TULIP" (en inglés), como
sigue:
T Total Depravity (Depravación Total)
U Unconditional Election (Elección Incondicional)
L Limited Atonement (Redención Limitada o Particular)
I Irresistible Calling (Llamamiento Eficaz o Irresistible)
P Perseverance of the Saints (Perseverancia de los Santos)
Como puede verse con facilidad, estos cinco puntos están en
completa
oposición a los cinco puntos del Arminianismo. El hombre es
totalmente
incapaz de salvarse a sí mismo, porque está "totalmente"
caído, a causa
de la caída en el huerto del Edén. Y si es incapaz de
salvarse a sí
mismo, entonces Dios debe salvarle. Y si Dios debe salvarle, entonces
Dios debe ser libre para salvar a los que Él quiera. Si Dios ha
decretado salvar a los que Él quiere, entonces, es por
éstos por
quienes Cristo hizo expiación en la cruz. Y Si Cristo
murió por ellos,
entonces el Espíritu Santo les llamará eficazmente a la
salvación.
Entonces, si la salvación ha venido desde el principio de Dios,
también
el fin vendrá de Él, y así los creyentes
perseverarán para el gozo
eterno.
Estos son los así llamados Cinco Puntos del Calvinismo. Vamos a
proceder ahora a examinarlos con más detalle, puesto que
están basados
firmemente en la Palabra de Dios; y fueron sostenidos tenazmente por
nuestros antepasados "en la fe que ha sido una vez dada a los santos."
Y por aquella fe estamos dispuestos a contender con valor. Veremos la
verdad a la cual se refirió Charles Haddon Spurgeon,
cuando declaró: "No es ninguna novedad, entonces, lo que estoy
predicando; no es una nueva doctrina. Amo proclamar aquellas grandes
doctrinas antiguas apodadas Calvinismo, pero que son
verdaderamente la verdad revelada de Dios, tal como es en Cristo
Jesús."
1. LA DEPRAVACIÓN TOTAL
Al considerar el primero de los cinco puntos principales del
Calvinismo, ciertamente lo que debería impresionarnos es el
hecho que
este sistema comienza con algo que debe ser fundamental en el asunto de
la salvación, es decir, la correcta valoración de la
condición espiritual
de la persona que ha de ser salvada. Si tenemos puntos de vista
deficientes o superficiales acerca del pecado, entonces estaremos
sujetos a tener puntos de vista equivocados en relación a los
medios
necesarios para la salvación del pecador. Si creemos que la
caída del
hombre en el huerto del Edén, fue solamente algo parcial,
entonces muy
probablemente estaremos satisfechos con una salvación atribuible
parcialmente al hombre, y parcialmente a Dios. Cuán sensatas son
las
palabras de J. C. Ryle en este punto: "Hay muy pocos errores y falsas
doctrinas," dice, "cuyos principios no puedan ser atribuidos a un punto
de vista defectuoso acerca de la corrupción de la naturaleza
humana.
Errores en el diagnóstico de una enfermedad, siempre
traerán consigo
fallas en la administración del remedio. Igualmente, conceptos
equivocados acerca de la corrupción de la naturaleza humana,
traerán
siempre equivocaciones acerca del gran antídoto y cura de tal
corrupción."
Completamente conscientes de la situación, los teólogos
de la Reforma y
todos aquellos que formularon las enseñanzas reformadas en estos
cinco
puntos en el Sínodo de Dort, con recomendaciones basadas
firmemente en
las Escrituras, declararon que el estado natural del hombre es un
estado de depravación total y, por lo tanto, hay una
incapacidad total por parte del hombre para ganar o para contribuir a
su propia salvación.
Sin embargo, cuando los calvinistas hablan de depravación total,
no
quieren decir que todo hombre sea malo hasta el límite de su
maldad, ni
que el hombre sea incapaz de reconocer la voluntad de Dios; ni tampoco
que sea incapaz de hacer algún bien a sus semejantes, o aun de
rendir
una lealtad externa en la adoración a Dios. Lo que quieren decir
es
que, cuando el hombre cayó en el huerto del Edén,
cayó en su
"totalidad." Es decir, que la personalidad completa del hombre ha sido
afectada por la caída, y el pecado se extendió a todas
sus facultades:
la voluntad, la mente y los afectos o las emociones. Creemos que la
verdad que afirmamos es la enseñanza irrefutable de la Palabra
de Dios.
Los siguientes pasajes de la Escritura representan una selección
de
algunos pasajes que confirman la enseñanza calvinista de la depravación
total.
La Biblia enseña con absoluta claridad que el hombre, por
naturaleza, está MUERTO: ". . . como el pecado
entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así
la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos
pecaron" (Romanos 5:12). La Biblia nos enseña que los hombres
son ESCLAVOS: "Que con mansedumbre corrija a los que se oponen,
por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la
verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos
a voluntad de él." (2 Timoteo 2:25-26). La Biblia
enseña que los hombres están CIEGOS Y SORDOS:
"Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios;
mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas;
para que
viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan"
(Marcos 4:11-12). La Biblia nos enseña que el hombre natural (no
regenerado), CARECE DE ENTENDIMIENTO ESPIRITUAL: "Pero el
hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de
Dios, porque para él son locura, y no las puede entender,
porque se han de discernir espiritualmente." (1 Corintios 2:14). La
Biblia habla del hombre como siendo NATURALMENTE PECAMINOSO: 1)
Por nacimiento: "He aquí, en maldad he sido formado, y en
pecado me concibió mi madre." (Salmo 51:5). 2) Por
práctica:
"Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la
tierra, y
que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era
de
continuo solamente el mal." (Génesis 6:5).
Este es entonces el estado natural del hombre. Por tanto, debemos
preguntarnos ahora: ¿Pueden LOS MUERTOS resucitarse a
sí mismos? ¿Pueden LOS ESCLAVOS liberarse a
sí mismos? ¿Pueden LOS CIEGOS darse la vista a
sí mismos o LOS SORDOS el oído? ¿Pueden
los que CARECEN DE ENTENDIMIENTO ESPIRITUAL enseñarse a
sí mismos? ¿Pueden los que están INCLINADOS
NATURALMENTE AL PECADO,
cambiarse a sí mismos? ¡Ciertamente no pueden!
"¿Quién hará limpio a lo
inmundo?" pregunta Job. Y él mismo responde: "Nadie." (Job
14:4). Del
mismo modo, el profeta Jeremías pregunta: "¿Mudará
el etíope su piel, y
el leopardo sus manchas?" Y concluye "Así también,
¿podréis vosotros
hacer bien, estando habituados a hacer mal?" (Jeremías 13:23).
¿Podría la Palabra de Dios mostrar más claramente
con base en esto, que
la depravación humana es total, y que nuestra incapacidad para
desear o
procurar la salvación es también total? Este cuadro es
una descripción
de un muerto; un muerto espiritual. Somos como Lázaro en su
sepulcro;
estamos atados de pies y manos; y la corrupción se ha esparcido
por
completo en nosotros. Tal como no había ningún indicio de
vida en el
cuerpo muerto de Lázaro, así tampoco no hay ninguna
chispa de
receptividad interna en nuestros corazones. Pero el Señor
realiza el
milagro en ambos casos, el muerto físicamente, y el muerto
espiritualmente. Porque la Escritura dice de Él: "Y él os
dio vida. .
." nos hizo vivir a aquellos que estábamos "muertos en nuestros
delitos
y pecados." (Efesios 2:1). La salvación, pues, por su propia
naturaleza, debe ser "del Señor."
2. LA ELECCIÓN INCONDICIONAL
Nuestro rechazo o aceptación de la verdad bíblica que
enseña que la
condición del hombre por naturaleza es la depravación
total,
determinará en gran medida nuestra actitud hacia el siguiente
punto
analizado en el Sínodo de Dort. La elección incondicional
es
correctamente expuesta en la Confesión Bautista de Fe de 1689,
la cual
citamos enseguida como un resumen útil. La elección
incondicional es
también sostenida, casi en términos idénticos, en
la Confesión de Fe de
Westminster, en los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de
Inglaterra, y en las principales confesiones de casi todas las iglesias
que tienen raíces históricas.
"A aquellos de la humanidad que están predestinados para vida,"
dice la
Confesión Bautista, "Dios (antes de la fundación del
mundo, según su
propósito eterno e inmutable y el consejo secreto y el
beneplácito de
Su voluntad), los ha escogido en Cristo para gloria eterna, meramente
por Su libre gracia y amor, sin que Le moviera a ello ninguna cosa en
la criatura, como condición o causa." (Capítulo 3,
Artículo 5).
La doctrina de la elección incondicional se desprende en forma
natural
y lógica de la doctrina de la depravación total. Es
decir, si el hombre
está de hecho muerto, cautivo en el pecado, ciego, sordo, sin
entendimiento espiritual e inclinado naturalmente al pecado, entonces,
el remedio para solucionar toda esta condición, debe encontrarse
fuera
del hombre mismo, esto es, en Dios. En el punto anterior hicimos la
pregunta: ¿Puede el hombre resucitarse a sí mismo? Y la
respuesta
inevitable es: por supuesto que no. Sin embargo, si algunos hombres y
mujeres son
resucitados de su muerte espiritual, (nacidos de nuevo es el
término
usado por el Evangelio de Juan), y puesto que ellos no son capaces de
llevar a cabo esta obra por sí mismos, entonces debemos concluir
que
fue Dios quien los resucitó espiritualmente. Por otro lado,
puesto que
muchos hombres y mujeres no han sido nacidos de nuevo o vivificados, de
la misma manera debemos concluir que es debido a que Dios no
los ha resucitado. Si el hombre es incapaz de salvarse a sí
mismo, ya que la caída en Adán fue una caída total,
y si sólo Dios puede salvar, y si no todos son salvados,
entonces la conclusión debe ser que Dios no ha elegido salvar a
todos.
Esto no es una filosofía ciega, sino que es algo extractado de,
edificado sobre, sustentado por, y revelado en las Escrituras de Dios.
El tema es tan vasto como el océano mismo; nosotros hemos citado
sólo
unos cuantos versículos claves y Escrituras que nos sirven de
guía en
este portentoso mar.
La historia de la Biblia es la historia de la elección
incondicional.
Es extraño que quienes se oponen a esta doctrina, no puedan
reconocer
esto. Algunos creyentes tienen dificultad en creer que Dios pudiera
pasar por alto a algunos y escoger a otros; y sin embargo, no tienen
dificultad aparente en creer que Dios llamó a Abraham para que
saliera
del pueblo pagano de Ur de los Caldeos, y dejara a los demás en
su
paganismo. ¿Por qué escogería Dios a la
nación de Israel como Su
"pueblo especial"? No tenemos necesidad de especular al respecto,
porque el libro de Deuteronomio nos da la respuesta: "No por ser
vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y
os ha
escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los
pueblos; sino por cuanto Jehová os amó. . ."
(Deuteronomio 7: 7-8).
(Nota del traductor: la versión King James en inglés
traduce: "El Señor
no ha puesto su amor sobre vosotros, ni los ha escogido, debido a que
vosotros fuerais más numerosos que todos los pueblos; pues
vosotros
erais el más insignificante de todos los pueblos. Sino porque el
Señor
os amó. . ."). ¿Por qué escogería Dios,
haciendo completamente de lado
las leyes familiares de Israel, al hijo más joven de Jacob, en
lugar
del primogénito Esaú? Otra vez debemos remitirnos a "la
ley y el
testimonio." La Escritura dice: "(pues no habían aún
nacido, ni habían
hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios
conforme a la
elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama),
se le
dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A
Jacob amé, mas a
Esaú aborrecí." (Romanos 9:11-13).
¿Cuál fue la doctrina que Jesús predicó en
la sinagoga de Nazaret, sino
la doctrina de la elección incondicional? "Y en verdad os digo
que
muchas viudas había en Israel en los días de
Elías, cuando el cielo fue
cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en
toda la
tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una
mujer
viuda en Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en
Israel en tiempo
del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino
Naamán el
sirio." (Lucas 4:25-27). Nosotros conocemos el resultado de que nuestro
Señor predicara este mensaje: "Al oír estas cosas, todos
en la sinagoga
se llenaron de ira; y levantándose, le echaron fuera de la
ciudad, y le
llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la
ciudad de ellos, para despeñarle." (Lucas 4:28-29).
La falta de espacio nos impide hacer una descripción detallada
de la
soberanía de Dios al escoger a Su pueblo; pero la verdad es
clara: "No
me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a
vosotros. . ."
(Juan 15:16); "¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro,
para
hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?"
(Romanos 9:21); y ". . . a Moisés dice: Tendré
misericordia del que yo
tenga misericordia. . ." (Romanos 9:15), y "según nos
escogió en él
antes de la fundación del mundo. . . habiéndonos
predestinados para ser
adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro
afecto de
su voluntad." (Efesios 1:4-5), y así sigue el testimonio de las
Escrituras.
Reconocemos que hay una 'clase de elección' que es sostenida por
muchos
creyentes hoy en día. Hablando en términos generales,
esta elección se
basa en Romanos 8:29 "Porque a los que antes conoció,
también los
predestinó, etc. . ." La idea de esta elección es
más o menos como
sigue: Dios, dicen, previó
a todos aquellos que iban a aceptar a Cristo, y de este modo Él
los
eligió para vida eterna. En oposición a este punto,
nosotros señalamos
que:
1.- La presciencia de Dios es descrita en las Escrituras en
conexión
con las personas y no con ninguna acción que la gente haya
realizado.
La Escritura dice: "Porque a los que antes conoció. . ." Y otra
vez
Dios habla de este modo a través de Amós: "A vosotros
solamente he
conocido de todas las familias de la tierra. . ." (Amós 3:2).
Esto
quiere decir que, sin tomar en cuenta ninguna acción, buena o
mala,
realizada por ellos, Dios los "conoció" en el sentido de que
"los amó"
y "los escogió" para que fueran Suyos. Es de este modo que
Él conoce
previamente a Sus elegidos.
2.- Es inútil decir que Dios nos eligió debido a que
Él vio algo que
nosotros haríamos, es decir, aceptar a Su Hijo. No somos
escogidos
debido a que realicemos la buena obra de 'aceptar' a Cristo, sino que
somos escogidos para hacernos capaces de "aceptarle." "Porque somos
hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las
cuales
Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."
(Efesios
2:10).
3.- Tampoco sirve decir que Dios previó a todos aquellos que
creerían y
que por esto los escogió. Hechos 13:48 deja esto muy claro: "y
creyeron
todos los que estaban ordenados para vida eterna." La elección
no se
debe a nuestra fe, sino que nuestra fe se debe a que somos elegidos,
debido a que somos "ordenados para vida eterna."
4.- De igual manera, decir que ejercitamos la fe cuando aceptamos a
Cristo, y que Dios previó esta fe, y por lo tanto, nos
eligió,
solamente nos conduce un paso más hacia atrás, porque
¿de dónde
obtuvimos esa fe, para poder ejercitarla? Las Escrituras nos dan la
respuesta, afirmando que la fe es un don de Dios y no de nosotros
mismos: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de
vosotros, pues es don de Dios." (Efesios 2:8).
Ciertamente, en lugar de argumentar en contra de estas cosas,
deberíamos estar haciendo lo que el Espíritu Santo nos
manda a través
del apóstol Pedro: "Por lo cual, hermanos, tanto más
procurad hacer
firme vuestra vocación y elección. . ." (2 Pedro 1:10).
3. LA EXPIACIÓN LIMITADA
Esta doctrina no solamente nos trae al tema central de los cinco
puntos, sino también a la realidad central del Evangelio, esto
es, al
propósito de la muerte de Cristo en la cruz. Esto no es
accidental. Los
teólogos que asumieron la tarea de defender las verdades de la
Reforma
Protestante, en contra de los ataques del partido arminiano, fueron
siguiendo una línea bíblicamente lógica en sus
formulaciones, habiendo
llegado así al eje mismo de la salvación.
Ante todo, ellos habían preguntado: ¿quién ha de
ser salvado? La
respuesta fue 'el hombre.' Pero las enseñanzas bíblicas a
este respecto
mostraban que el hombre, en su estado natural, es totalmente incapaz de
salvarse a sí mismo. Así nosotros tenemos la
enseñanza de la Biblia
acerca del hombre, resumida bajo el encabezado general de
depravación
total, o incapacidad total.
Segundo, puesto que algunos hombres y mujeres son indudablemente
salvados, entonces debe haber sido Dios mismo Quien los salvó,
en
distinción del resto de la raza humana. Esta es la
elección: "para que
el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese.
. ." (Romanos
9:11). Sin embargo, como dice Spurgeon, esta elección
sólo "marcó la casa donde la salvación
llegaría." Todavía se requería de una completa,
perfecta y satisfactoria expiación
por los pecados de los elegidos; así Dios podría ser, no
sólo un
Salvador, sino un Dios justo y Salvador. Esta expiación, como
todos
nosotros reconocemos, fue consumada a través de la
sumisión voluntaria
de Cristo a la muerte en la cruz, donde Él sufrió bajo la
justicia de
este Dios justo, y obtuvo la salvación que Él como
Salvador había
ordenado. En la cruz, entonces, y sin duda todos nosotros aceptamos
esto, Cristo llevó el castigo y obtuvo la
salvación.
Surge una pregunta ahora: ¿el castigo de quiénes
llevó Cristo? Y ¿la salvación de quiénes
obtuvo? Hay tres opciones que podemos examinar, para considerar este
punto:
1.- Cristo murió para salvar a todos los hombres sin
distinción.
2.- Cristo murió para no salvar a nadie en particular.
3.- Cristo murió para salvar a un cierto número.
El primer punto es sostenido por los llamados 'universalistas.' Dicen
que Cristo murió para salvar a todos los hombres y de
esta manera ellos, por lógica, suponen que todos los
hombres serán salvados. Si Cristo ha pagado la deuda del pecado,
ha salvado, ha rescatado y ha dado Su vida por todos los
hombres, entonces todos los hombres serán salvados.
El segundo punto de vista es el llamado "arminiano," que sostiene que
Cristo obtuvo una salvación potencial para todos
los hombres. Cristo murió en la cruz, según este punto de
vista, pero
aunque Él pagó la deuda de nuestro pecado, Su obra en la
cruz no llega
a ser eficaz hasta que el hombre 'decide por Cristo' y de este modo es
salvado.
El tercer punto de vista acerca de la expiación, es el llamado
Calvinista, y dice que Cristo murió positiva y eficazmente
para salvar a un cierto número de pecadores merecedores del
infierno,
sobre quienes el Padre ya había puesto Su libre y soberano amor
electivo. El Hijo paga solamente la deuda de estos elegidos, satisface
la justicia del Padre por ellos, les imputa Su propia justicia a
éstos
y así, están completos en Él.
Entonces, la muerte de Cristo sólo pudo haber sido por una de
estas tres razones: para salvar a todos; para no salvar a
nadie en particular; o para salvar a un cierto número.
El tercer punto de vista es el que sostienen los calvinistas y
generalmente es llamado expiación limitada, o redención
particular.
Cristo murió para salvar a un número específico de
pecadores; esto es,
por aquellos que el Padre ". . . escogió en él antes de
la fundación
del mundo." (Efesios 1:4); por aquellos que el Padre le había
dado del
mundo, todos aquellos "que me diste; porque tuyos son." (Juan 17:9);
aquellos por quienes Él mismo dijo que derramaría Su
sangre: "porque
esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para
remisión de los pecados." (Mateo 26:28).
Nosotros afirmamos que ésta es la postura que realmente hace
justicia al propósito de Cristo al venir a esta tierra
para morir en la cruz. ". . . y llamarás su nombre JESÚS,
porque él salvará a su pueblo de sus pecados."
(Mateo 1:21). No a los judíos, ciertamente, porque los
judíos no fueron
salvados como un pueblo. Jesús "amó a la iglesia, y se
entregó a sí
mismo por ella." (Efesios 5:25). "El cual fue entregado por nuestros
delitos, y resucitado para nuestra justificación."
(Romanos 4:25). ¿De quiénes habla el Espíritu
Santo cuando dice nuestros, nuestra?
¿Acaso está hablando del mundo? Si es así,
entonces los universalistas
tienen la razón, porque Cristo fue entregado 'por los delitos
del
mundo' y 'resucitado para la justificación del mundo;' y
así el mundo
queda justificado delante de Dios. "Porque así como en
Adán todos mueren, también en Cristo todos
serán vivificados." (1 Corintios 15:22). Esto sólo puede
significar que toda
la posteridad de Adán muere en Adán, como de hecho muere,
porque "así
la muerte pasó a todos los hombres." (Romanos 5:12). Pero toda
la posteridad de Cristo, es decir, la iglesia por la cual Él
mismo se
entregó, es vivificada en Él. ¿Por qué es
esto así? Ciertamente es así,
porque ¡Él se dio a Sí mismo por ellos!
"Por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos,
y cargará con los pecados de ellos."
(Isaías 53:11, RVA). Y cuando Él consumó esto,
estando colgado en la
cruz, dice Isaías en aquel gran capítulo 53 de su
profecía, que "Verá
el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho.
. ." (Isaías
53:11). El trabajo de Su alma al derramarla y ofrecerla por nuestros
pecados, producirá hijos espirituales para la alabanza de Su
nombre, y
Él será satisfecho, cuando vea esta obra consumada.
No estamos pasando por alto el hecho que hay algunas Escrituras que se
refieren al 'mundo,' y muchas personas las han tomado como su punto de
partida en la cuestión de la redención. Sin embargo,
cuando comparamos
la Escritura con la Escritura, vemos que el uso de la palabra 'mundo'
no implica necesariamente a 'cada hombre y cada mujer en el mundo.'
Los fariseos dijeron de Jesús: "Ya veis que no conseguís
nada. Mirad,
el mundo se va tras él." (Juan 12:19); sin embargo, no todas las
personas iban tras de Cristo. La expresión significa "toda clase
de
persona," normalmente para referirse juntamente a judíos y
gentiles.
(Nota del traductor: vea Romanos 11:11-12 y note cuidadosamente el uso
intercambiable de las palabras "gentiles y mundo." Para un estudio
más
a fondo de este tema recomendamos la lectura del libro "Vida por Su
Muerte," del doctor John Owen). La pregunta siempre debe ser la
intención Divina: ¿tuvo Dios la intención de
salvar a todos los hombres
o no? Si Él no intentó salvar a todos los hombres sin
excepción, sino
solamente a los elegidos, entonces la obra de Cristo en la cruz fue un
éxito glorioso y estamos en lo correcto al creer que "Todo
lo que el Padre me da, vendrá
a mí. . ." (Juan 6:37). Por otro lado, si la intención de
Dios fue
salvar al mundo entero, entonces la expiación de Cristo ha sido
un gran
fracaso, porque un vasto número de hombres no ha sido salvado.
¡Cristo
pagó nuestra deuda! ¿La deuda de quién?
¿La deuda del mundo, o
de los elegidos? Ciertamente, si un hombre ha sido rescatado por un
redentor, entonces la ley que él ha quebrantado debe quedar
satisfecha,
en razón de la obra o del pago que el fiador hizo en su
beneficio.
Si Tú has mi libertad logrado,
Y gratuitamente en mi lugar padeciste
La completa ira Divina;
Pago doble por Dios no será demandado,
De la mano sangrante de mi Fiador primero,
Y luego, otra vez, de la mía.
4. LA GRACIA IRRESISTIBLE
Una vez más, este cuarto punto de la creencia del sistema
calvinista,
es el resultado lógico de todo lo que hemos visto anteriormente.
Si los
hombres son incapaces de salvarse a sí mismos debido a su
naturaleza
caída, y si Dios se ha propuesto salvarlos, y Cristo ha
consumado la
salvación de ellos, entonces, se deduce por lógica que
Dios debe
también proveer los medios para llamarles a los beneficios de la
salvación que Él ha obtenido para ellos. Sin embargo, el
sistema
calvinista de teología, aunque profundamente lógico, es
mucho más que
un mero sistema lógico. Es un sistema de creencia bíblica
pura, que se
encuentra firmemente apoyado en la Palabra de Dios. Entonces, la
doctrina de la gracia irresistible no es un invento de los hombres que
redactaron los Cinco Puntos del Calvinismo en el Sínodo de Dort,
sino
la manifiesta revelación de la santa Palabra de Dios. Por
ejemplo,
Romanos 8:30 dice: "Y a los que predestinó, a éstos
también llamó." Es decir, Dios no sólo
elige a los hombres y mujeres para la salvación; Él
también llama a todos aquellos que Él ha elegido.
¿Qué quiere decir "gracia irresistible"? Nosotros sabemos
que cuando el
Evangelio es predicado en la iglesia, o al aire libre, o a
través de la
Palabra de Dios leída, no todas las personas hacen caso de su
llamado.
No todas las personas llegan a ser convencidas de sus pecados y de su
necesidad de Cristo. Esto explica el hecho de que hay dos
llamamientos. Existe no sólo un llamamiento externo;
sino también uno interno.
El llamamiento externo puede ser descrito como: "las palabras del
predicador," y este llamamiento, cuando es realizado, puede obrar de
diferentes maneras, en decenas de diferentes corazones, produciendo
diferentes resultados. Sin embargo, hay una cosa que este llamamiento
no puede hacer: no efectuará la obra de salvación en el
alma pecadora.
Para que una obra de salvación sea forjada en el alma, el
llamamiento
externo debe ir acompañado por el llamamiento interno del
Espíritu
Santo de Dios, porque es Él quien "convencerá de pecado,
de justicia y
de juicio." (Juan 16:8). Y cuando el Espíritu Santo llama por Su
gracia
a un hombre, a una mujer o a una persona joven, este llamamiento es irresistible:
es decir, este llamado no puede ser frustrado, porque es la
manifestación de la gracia irresistible de Dios.
Esta enseñanza es sustentada una y otra vez en la Palabra de
Vida de
Dios, como por ejemplo, en los siguientes versículos y pasajes:
1.- "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí;
y al que a mí viene, no le echo fuera." (Juan 6:37). Note que
son
aquellos que el Padre ha dado a Cristo (los elegidos), los que
vendrán
a Él; y cuando vienen a Él, no son echados fuera.
2.- "Nadie puede venir a mí, a menos que el Padre que me
envió lo traiga;
y yo lo resucitaré en el día final." (Juan 6:44, RVA).
Aquí, nuestro
Señor está diciendo simplemente que es imposible que los
hombres vengan
a Él por sí mismos; el Padre debe traerlos.
3.- "Escrito está en los profetas: Y serán todos
enseñados por Dios. Así que, todo aquel que
oyó al Padre,
y aprendió de él, viene a mí." (Juan 6:45). Los
hombres pueden oír el
llamamiento externo; pero son aquéllos que han sido
enseñados por el
Padre, quienes responderán y vendrán a Cristo.
Así, con Simón Pedro:
"Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te
lo reveló
carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos."
(Mateo 16:15-17).
4.- "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios,
éstos son hijos de Dios." (Romanos 8:14).
5.- "Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el
vientre de mi madre, y me llamó por su gracia."
(Gálatas 1:15).
6.- "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación
santa,
pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de
aquel que
os llamó de las tinieblas a su luz admirable." (1 Pedro
2:9).
7.- "Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria
eterna en Jesucristo. . ." (1 Pedro 5:10).
Ciertamente, una ilustración notable de esta enseñanza de
la gracia irresistible o llamamiento eficaz,
es el incidente del cual leemos en Hechos 16. El apóstol Pablo
predicaba el Evangelio a un grupo de mujeres junto al río, en
Filipos;
y mientras él estaba hablando: "Entonces una mujer llamada
Lidia,
vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a
Dios,
estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de
ella para que
estuviese atenta a lo que Pablo decía." (Hechos 16:14). Pablo,
el
predicador, habló a los oídos de Lidia, y este es el
llamamiento
externo. Pero el Señor habló al corazón de ella, y
este es el
llamamiento interno de la gracia irresistible.
Los arminianos creen que hombres y mujeres tienen la capacidad de
resistir el llamado del Evangelio de Dios, y así lo hacen. Por
lo
tanto, ellos se oponen diciendo que no puede haber tal doctrina de la
gracia irresistible de Dios. Nosotros creemos que hombres y mujeres no
sólo pueden resistir el Evangelio de Dios, como de hecho
lo hacen; sino que también, debido a su naturaleza caída,
deben
resistir el Evangelio de Dios. Por lo tanto, es necesaria la existencia
de una doctrina como la doctrina de la gracia irresistible. En otras
palabras, nuestras almas deben ser puestas bajo una influencia
más
grande que nuestra propia naturaleza, más grande que nuestra
resistencia, o de lo contrario estamos destinados a ser condenados para
siempre, puesto que "el hombre natural no percibe las cosas que son del
Espíritu de Dios." (1 Corintios 2:14). Hay tres grandes fuerzas
que
trabajan en la obra de la salvación del hombre:
1.- La voluntad del hombre.
2.- La voluntad del Diablo.
3.- La voluntad de Dios.
¿Cuál de estas tres fuerzas tendrá la victoria? Si
la voluntad de Dios
no resulta victoriosa en este asunto de la salvación, entonces,
resultará victoriosa la voluntad del Diablo, porque él es
más fuerte
que nosotros. Thomas Watson, un antiguo puritano del siglo XVII,
describió el asunto, vívidamente, en las siguientes
palabras: "Dios
cabalga con fuerza, conquistando en el carro de Su Evangelio. . .
Él
conquista el orgullo del corazón y hace que la voluntad,
la cual se resistía como una fortaleza real contra Él, se
rinda y
doblegue ante Su gracia; y hace sangrar al corazón de piedra.
¡Oh, este
es un poderoso llamamiento! ¿Por qué, entonces, algunos
hombres parecen
hablar de una persuasión moral? ¿Por qué dicen que
en la conversión de
un pecador, Dios sólo persuade moralmente y nada más? Si
en la
conversión, Dios sólo pudiera persuadir moralmente y nada
más, entonces
Él no pondría mucho más poder en la
salvación de los pecadores, de lo
que el Diablo hace para su destrucción."
¿Cuál voluntad obtendrá la victoria? ¿La
nuestra? Pero, ¿acaso no se
resistía, de hecho, como una fortaleza real en contra del
Señor? "Y no
queréis venir a mí para que tengáis vida." (Juan
5:40). ¿Acaso la
victoria será de la voluntad del Diablo? Entonces, quién
podría ser
salvado jamás, puesto que la voluntad suya será siempre
más fuerte que
la nuestra. Pero, ciertamente, este es el Evangelio, que "uno
más
fuerte que el fuerte" aparece conquistando y para conquistar, en el
carro de Su Evangelio; y Él, efectivamente, conquista a
Satanás, como
también al hombre débil, todo para la alabanza de Su
irresistible
gracia. (Vea Lucas 11:21-23).
5. LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS (Los verdaderos creyentes)
Ahora, como punto final, la doctrina de la perseverancia de los santos.
Con el fin de resumir, vamos a referirnos otra vez a la
Confesión
Bautista, la cual está de acuerdo en este punto con las otras
confesiones históricas de fe. "Aquellos a quienes Dios ha
aceptado en
el Amado, y ha llamado eficazmente y santificado por Su
Espíritu, y a
quienes ha dado la preciosa fe de Sus elegidos, no pueden caer ni total
ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente
perseverarán en él hasta el fin, y serán salvos
por toda la eternidad,
puesto que los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables. . ."
(Confesión Bautista de 1689, Capítulo 17; párrafo
1). Nuevamente vamos
a demostrar que esto es exactamente lo que las Escrituras nos
enseñan.
"Porque a los que antes conoció, también los
predestinó para que fuesen
hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el
primogénito
entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos
también llamó; y
a los que llamó, a éstos también justificó;
y a los que justificó, a
éstos también glorificó.
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros,
¿quién contra
nosotros?. . . Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la
vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente,
ni lo
por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos
podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús
Señor nuestro."
(Romanos 8:29-31; 38-39).
Otra vez, tenemos que reconocer el hecho de que, todo lo que los
hombres del Sínodo de Dort (y todos aquellos que enseñan
de la misma
manera), estaban haciendo, era poner dentro de un pequeño
esquema, en
una forma sistemática, las enseñanzas del Evangelio de la
libre y
soberana gracia de Dios. Si el hombre no puede salvarse a sí
mismo,
entonces Dios debe salvarle. Si no todos los hombres son salvos,
entonces Dios no ha salvado a todos. Si Cristo ha hecho la
satisfacción
por pecados, entonces, esta expiación es por los pecados de
aquellos
que son salvados. Y si Dios se propuso revelar esta salvación en
Cristo
a los corazones de todos aquellos a quienes Él escogió
salvar,
entonces, Dios proveerá los medios necesarios y eficaces para
realizarlo así. Por lo tanto, si habiendo decretado
salvar, habiendo muerto para salvar, y habiendo llamado
a la salvación a aquellos que jamás se salvarían
por sí mismos;
entonces, Él también preservará a aquellos
salvados hasta la vida
eterna, para la gloria de Su Nombre.
De este modo, siguiendo la depravación total, la elección
incondicional, la expiación limitada, y el llamamiento eficaz,
llegamos
a la perseverancia de los santos.
"Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la
buena
obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo."
(Filipenses 1:6).
La Palabra de Dios contiene múltiples referencias acerca de esta
bendita verdad. "Y esta es la voluntad del Padre, el que me
envió: Que
de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el
día postrero." (Juan 6:39). "Y yo les doy vida eterna; y no
perecerán
jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano." (Juan 10:28).
"Porque si
siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su
Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su
vida."
(Romanos 5:10). "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los
que
están en Cristo Jesús. . ." (Romanos 8:1).
Este es el sello del creyente, que él pertenece a Cristo; que
él está
perseverando en las cosas de Cristo; que él está
procurando tanto más
hacer firme su vocación y elección. (Vea 2 Pedro 1:10).
El creyente en
Cristo puede caer en la tentación, pero el Señor "no os
dejará ser
tentados más de lo que podéis resistir, sino que
dará también
juntamente con la tentación la salida, para que podáis
soportar." (1
Corintios 10:13). Así que el creyente se fortalecerá y
seguirá
fortaleciéndose cada vez más, en las cosas relacionadas
con su
salvación, para la gloria de Cristo.
Los versículos incomparables de Romanos 8:28-29, muestran la
lógica en
la salvación eterna de Dios; la lógica que el Calvinismo
afirma. La
salvación que comienza en la mente y el propósito de
Dios, debe
terminar en el completo cumplimiento de Su inquebrantable
propósito de
que "aquellos que antes conoció," sean unidos eternamente con su
Salvador.
CONCLUSIÓN
Entonces, en una forma general, esta es la enseñanza que algunas
veces
es llamada Calvinismo. Lejos de ser una innovación del hombre,
esta es
la doctrina de la Palabra de Dios, claramente formulada y expuesta.
Sin embargo, seguramente surgirá la pregunta: pero, ¿no
estorba la obra
evangelística, esta doctrina del Calvinismo? Una rápida
mirada a la
historia de la Iglesia de Cristo en este mundo, será suficiente
para
invalidar tal opinión. Porque encontraremos que el Evangelio ha
florecido más en los lugares y en los tiempos en que el pueblo
de Dios
ha sostenido estas doctrinas de gracia cerca de sus corazones. Pensemos
en el celo de William Carey, que le condujo desde su taller de zapatos
hasta hacer la obra evangelística por Cristo en la India.
William Carey
era un sólido calvinista, como también lo fue Andrew
Fuller, otro
bautista que ayudó a formar la Sociedad Bautista Misionera.
Considere
las siguientes palabras del piadoso David Brainerd, aquel hombre que
creyó que los indios pieles rojas, al igual que los hombres
blancos,
tenían también un alma: "Y entonces tuve dos deseos,"
escribe Brainerd
en su diario, "mi propia santificación, y la
salvación de los elegidos de Dios."
Uno de los más grandes evangelistas de los tiempos modernos fue
el
también calvinista George Whitfield; no obstante, su calvinismo
nunca
frustró o impidió su predicación del Evangelio de
Cristo: "Con cuánta
pasión divina," se dijo de él, "exhortó a los
pecadores a volverse a
Cristo."
El Calvinismo, si podemos usar esta palabra sin que seamos
malentendidos, fue también el Evangelio de Robert Murray
M'Cheyne, como
también lo fue de Andrew Bonar, y William Burns, aquel gran
líder del
avivamiento y misionero en China. Mártires, Reformadores,
líderes de la
Iglesia de Cristo en la tierra, cuando hablan del Evangelio que ellos
predicaron y por el cual murieron, hablan del Evangelio de la gracia
salvadora de Dios para su rebaño elegido. ¿Cómo
podría comenzar uno a
enumerarlos? Lutero, Calvino, Tyndale, Latimer, Knox, Wishart, Perkins,
Rutherford, Bunyan, Owen, Charnock, Goodwin, Clavel, Watson, Henry,
Watts, Edwards, Whitefield, Newton, Spurgeon,
todos ellos son sólo un puñado del noble ejército
de testigos de la
verdad de la gracia soberana. ¿Acaso su labor para el
Señor sufrió
tropiezos por lo que creían? Y, ¿qué es lo que
creían? Ellos creían que
Dios es el Soberano Señor. Ellos se atrevieron a creer que
adoraban y
servían a un Rey que hace "todas las cosas según el
designio de su
voluntad." (Efesios 1:11). Bien dijo el príncipe de los
predicadores, Charles Haddon Spurgeon:
"He conocido hombres que muerden sus labios y rechinan sus dientes
llenos de ira, cuando predico la soberanía de Dios. . . los
doctrinarios de hoy admitirán un Dios, pero claro, Él no
debe ser un
Rey." ¿Acaso podemos decir que Spurgeon estorbó
al Evangelio? Y
sin embargo, ¡cuántos se han levantado en lucha contra
él, a causa de
su doctrina! Él diría: "somos menospreciados como
'sectarios'
(hipercalvinistas), escasamente algún ministro voltea a vernos o
habla
favorablemente de nosotros; debido a que sostenemos fuertes
convicciones acerca de la soberanía de Dios, y Su
elección divina y
amor especial hacia Su pueblo."
Quizás una palabra del mismo
gigante de la iglesia servirá como una exhortación final,
para que nos
aferremos con firmeza a estas benditas verdades de la Palabra de Dios y
las proclamemos con denuedo, para la alabanza de Su nombre. "La antigua
verdad que Calvino predicó, que Agustín predicó,
que Pablo predicó, es
la verdad que yo debo predicar hoy o de lo contrario sería falso
a mi
conciencia y a mi Dios. Yo no puedo darle forma
a la verdad, y no sé cómo limar las asperezas de una
doctrina. El
Evangelio de John Knox es mi Evangelio; aquel Evangelio que
tronó a
través de toda Escocia, debe tronar otra vez a través de
toda
Inglaterra." Amén y Amén.