¿Te acuerdas cuando de primero distes
tu vida al
Señor? ¿Qué era la primera cosa que querías
hacer? Querías decirle á alquien, ¿verdad?
Tenías un
deseo ardiente de decirle á alguien...á quien
sea...acercas de Jesús. El Espíritu del Señor
dentro de ti creo un anhelo profundo de ser un testigo á la
verdad de la muerta, y de la sepultura, y de la resurrección del
Señor Jesucristo. Estabas dispuesto de decirle á
cualquiera quien se deteniera suficiente tiempo para escucharte,
¿verdad?
Luego, si tu eres como la mayoría de la
gente, se te dijo que la
primera cosa que necesitabas que hacer era unirte a una buena iglesia.
Así que, como una buena ovejita te fuistes a esa buena iglesia.
En esa iglesia te encontraste á otras gentes salvadas, gentes
amistosas, gentes como tu quienes habían hallado á
Jesús. Probablemente te envolviste con el coro, o quizás
te diste por voluntario para repartir los programas en los domingos por
la mañana. Quizás eras un ujier. Algunas eran escogidos
por el pastor para enseñar una clase de la escuela dominical.
Pronto te encontraste ocupado en la obra del Señor. Y
lentamente, sobre un periodo de tiempo esa buena iglesia con todos sus
programas y tradiciones del hombre tomaron tu deseo.....ese deseo de
decirle á alguien acercas de Jesús.....ese deseo sembrado
en ti por el Espíritu Santo.....ellos tomaron ese deseo y lo
despachurraron de ti.
Con el tiempo fuiste
condicionado á creer que siendo envuelto en la iglesia era lo
mismo en ser un discípulo de Cristo. Pasar el tiempo empezaste
á entender que el rol del cristiano era de asistir á la
iglesia una o dos veces por semana, dar tus diezmos y ofrendas,
quizás ser voluntario para ayudar con la cena de comida
ordinaria el domingo por la noche y dejar el trabajo verdadero del
ministerio á los profesionales.
Mi Dios en el cielo, ¿cómo venimos
llegar á esto?
La iglesia como Dios la estableció ha sido
pervertida más
allá de reconocimiento. Poco gente ve esto porque la iglesia en
su forma presente es todo lo que han conocido.
"Sus
sacerdotes violentaron mi ley, y contaminaron mis santuarios: entre lo
santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre
inmundo y limpio; y de mis sábados escondieron sus ojos, y yo
era profanado en medio de ellos" (Ezequiel 22:26).
¿Cómo puede el ciego comprender la
majestad de millones
de estrellas alumbrando en la noche? ¿Cómo puede uno
dibujar una cordillera de montañas arbolada sin nunca haberlo
visto? ¿Cómo puede uno conocer el poder y la fortaleza
del Cuerpo verdadero de Cristo en la tierra cuando todo lo que han
conocido es esta imitación hecha del hombre enfermo,
frágil y débil que reclama el nombre pero niega el poder
de ese nombre?
Tengo que admitir que físicamente
nunca he visto la iglesia verdadera. Sólo he tenido vislumbres
de ella en el espíritu. Sólo he conocido el diseño
mas simple de su forma como contenido en la Escrituras. Pero el
Más Altísimo ha avivado algo en mi espíritu. Tengo
un anhelo, un deseo vivo de ver la iglesia verdadera formada en la
tierra. Deseo con todo mi corazón de atestiguar de la
construcción del Templo verdadero de Dios. Un edificio no hecha
con manos. Un edificio no hecha de ladrillos muertos y mezcla sino un
edificio de piedras vivas, cada una formada por la mano de Dios mismo y
perfectamente acomodadas. Una entidad que respira y vive moviendose en
perfecta harmonía sobre la tierra, mostrando el poder y
fortaleza del Dios del universo.
Cada creyente nacido de nuevo es un ministro del
evangelio. Cada persona quien es lleno con el Espíritu Santo es
llamado un rey y sacerdote sobre la tierra. Tienes un lugar. Tienes un
posición dentro del Templo de Dios. Tú eres llamado no ir
á la iglesia sino ser la iglesia.
Tú no eres llamado para servir al pastor.
Él es llamado para servirte á ti. Es su trabajo para
prepararte, para hacerte apto para el servicio en el reino. Es el
trabajo del apóstol, del profeta, del evangelista, del pastor y
del maestro para hacer a los creyentes preparados y capaces para ser
testigos á la muerte, y sepultura y resurrección del
Señor Jesucristo. Todo el endoctrinar, la predicación, la
exhortación, y profetizar ha de ser para el propósito
expresado de hallar tu don del ministerio y para afilar ese don
á perfección.
Cuando nos unimos como un cuerpo nunca ha de ser
solo para escuchar á un hombre adelantado. Todos han de ser
animados para compartir. Todos han de ser animados para traer un canto,
una enseñanza, un testimonio de lo que Dios esta haciendo en sus
vidas. Cuando oramos ha de ser ambos corporalmente e individualmente.
Cada creyente tiene el poder de Dios para poner las manos sobre los
enfermos. Cada uno ha de poder de orar la oración de fe y
esperar que Dios conteste.
Cuando en nuestras vidas diarias salimos al mundo ha de ser por el
propósito único de glorificar al Señor Jesucristo.
Cada día debemos de buscar oportunidades para ser un testigo
á un mundo moribundo. Cada día debemos de pedir a Dios
que abra las puertas, de traer a gente que cruzan nuestra vereda, para
que puedanos mostrara el poder de Dios en nuestras propias vidas.
Debemos de aprender de hablar como un oráculo de Dios en cada
situación, en cada lugar.
¿Tienes un deseo ardiente de ser un ministro del evangelio?
¿Por lo qué estas esperando? No estés solo
sentando, viviendo para ti mismo, esperando que los profesionales hagan
la obra del ministerio. Tú hazlo.