¡Opiatas Del Púlpito De Carne-complaciendo!
http://www.gracegems.org/05/09/opiates.html
Traducido por Lasaro Flores
(J. A. James,
"Dislike to
Ministerial Faithfulness Stated and Explained")
"Este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oir
la ley de Jehová;que dicen á los videntes: No
veáis; y á los profetas: No nos profeticéis lo
recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras;
dejad el camino, apartaos de la senda, haced cesar de nuestra presencia
al Santo de Israel" Isaías 30:9-11.
¡Es un hecho llamativo, que Aquél quien era el amor
encarnado; que era el mensajero
de misericordia a nuestro mundo perdido; quien era llamado
Jesús, porque Él sería el Salvador de Su pueblo;
quien era la manifestación del amor de Dios al hombre—entregado,
durante Su ministerio personal, las descripciones más temerosas
de la
justicia Divina y del castigo del malvado, que son de ser encontrados
en
cualquier otra parte de a Palabra de Dios! ¿Qué
puede exceder la escena solemne de la parábola del hombre rico
en tormentos? El infierno y la destrucción allí son
puestos abiertamente antes de nosotros.
Por lo tanto, ningún hombre puede cumplir su ministerio, sin
aludir con frecuencia a la justicia
de Dios en el castigo del
pecado. Él debe procurar alarmar los temores del
inconverso por
una representación de las consecuencias que seguirán un
estado de la
impenitencia final
¡Tal tema llama con frecuencia toda la enemistad de la mente
carnal.
Ser dicho, no sólo que ellos son pecadores—lo cual todos
admitirán en términos generales—pero que sus pecados son
tales como merecer la ira de Dios, tales como exponérlos a los
tormentos del infierno, y tales como traerlos infaliblemente al
hoyo insondable—a menos que ellos se arrepientan verdaderamente; ser
dicho una y otra vez que ellos aceleran a la perdición; tener la
vara de la venganza Divina sacudida sobre sus cabezas; tener todas las
maldiciones espantosas de
la ley violada analizada, acertada y anunciada; tener esto hecho en su
oír, y hecho con frecuencia; en ser hechos sentarse y oír
su
destino eterno futuro, y así ser atormentados antes de su
tiempo—no
es lo que ellos pueden, y no aguantarán! Incapaces de soportar
de
más tiempo sus direcciones señaladas a la conciencia,
ellos dejan su
ministerio—para las opiatas del
púlpito de carne-complaciendo de
algún lisonjero de las almas de los hombres, quien es demasiado
cobarde
para molestar las mentes, o de alarmar las conciencias de los que aman
la predicación
suave, lisonjera y engañosa.
En ser denunciados públicamente como mereciendo la ira Divina;
en ser dichos que ellos son pecadores a tal grado como merecer el
castigo eterno de un Dios santo; en ser recordados que, en vez de un
corazón imaginado bueno, de una naturaleza pura, y de una vida
inocente—ellos son, en la vista de Dios, depravados en cada facultad y
contaminados en cada parte; en ser representados como ineptos para la
comunión con Dios aquí, y Su presencia de ahora en
adelante—todo esto es tan opuesto a todas sus nociones, tal
mortificando a su orgullo vano, tal degradando a su dignidad,
que ellos no pueden sino tener una aversión a ello. A tal
degradación ellos no descenderían con gusto; y de
ahí su demanda para la enseñanza del engaño, y del
discurso liso de la mentira. Lo que ellos quieren es de ser
halagados a una opinión buena de sí mismos. ¡Ellos
odian la doctrina que perturba su auto-delicia, y injurian al
hombre que procura decirles la realidad solemne de cuán vil
ellos son!