LOS PECADOS DE UN CRISTIANO

“Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, á Jesucristo el justo; Y él es la propiciación por nuestros pecados”

(1 Juan 2:1, 2).

Es verdad, amados, que los cristianos no han de pecar; y tenemos la Palabra de Dios para mostrarnos por qué no debemos: “Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis”. No obstante, sabemos que los cristianos si pecan; y tenemos al apóstol Pablo que nos dice acerca de esto y por qué es que pecamos como cristianos. “De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí (es á saber, en mi carne) no mora el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo. Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago. Y si hago lo que no quiero, ya no obro yo, sino el mal que mora en mí” (Romanos 7:17-20). Por lo tanto, vemos que aunque no debemos de pecar, y no querer de pecar; más encontramos que a causa de la naturaleza pecadora que todavía tenemos debido al pecado que mora en nosotros, mientras estamos en nuestro cuerpo carnal, ¡vamos a pecar! Es ridículo creer que podemos obtener la santificación completa en nuestras vidas al punto que nunca pecaremos mientras estamos en nuestro cuerpo de muerte (versículo 24). 

Ahora, hay aquellos que creen que una vez un cristiano peca ellos pierden su salvación. Por supuesto, en hacer esto ellos niegan la suficiencia de la sangre del Señor Jesucristo de limpiarnos “de todo pecado” (1 Juan 1:7) y que Él nos ha salvado “con salvación eterna” (Isaías 45:17), lo cual significa que nunca podemos ser apartados “del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39). Esto es verdad, aún cuando el creyente en Cristo peca; por el motivo que sea. Esto no quiere decir que el cristiano tiene licencia para continuar en el pecado simplemente porque no puede perder su salvación; al contrario, ellos tienen todo motivo, todo estímulo, inclusive las advertencias del peligro de hacerlo; y por supuesto, la gracia de Dios y el Espíritu Santo que mora en nosotros para huir del pecado y de toda tentación a pecar. Pero oh, cuántas veces fallamos de hacerlo; sí, cuántas veces cedemos a la tentación y desobedecemos a nuestro Padre celestial. ¡Me atrevo decir que lo hacemos muchas veces! ¿Amén?

Pero ¿qué de Los Pecados De Un Cristiano? ¿Por qué puede pecar un cristiano y todavía no recibir “la paga del pecado”, lo cuál “es muerte” (Romanos 6:23); y aquí muerte es de ser separado de Dios por toda la eternidad en “el lago de fuego” (Apocalipsis 20:15)? Bueno, el apóstol Juan nos da la respuesta: “Y (o, Pero) si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, á Jesucristo el justo; y él es la propiciación por nuestros pecados”. En otras palabras, amados, nosotros, es a saber, todo cristiano verdadero tiene a un abogado delante del Padre quien apela su causa de haber pecado; y no es nadie más sino el mismo Señor Jesucristo quien murió y pagó por todos sus pecados; y porque Él es “el Justo”, Él apela Su sangre y justicia por los cuales ellos han sido perdonados y han sido declarados justos por la fe en Él. No sólo eso, ya que “él es la propiciación por nuestros pecados”, Él ha quitado la ira de Dios de sobre nosotros tomándola en Él mismo en la cruz del Calvario. Como nuestro Abogado, Él intercede por nosotros de modo que no podemos perder jamás nuestra salvación. Pablo lo pone de esta manera: ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien además está á la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros (Romanos 8:34); “por lo cual puede también salvar eternamente á los que por él se allegan á Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).

Así que, hijo de Dios, si te encuentras bajo la culpa y la condenación del pecado en tu vida porque HAZ PECADO, id con una fe y confianza humilde delante del Padre apelando la Sangre y la Justicia de tu Salvador precioso con la promesa de Su Palabra: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad” (1 Juan 1:9). Si haces esto, amado, mirando sólo a Jesús, hallarás que Él te recibirá y te perdona. No demores otro momento… ¡hazlo AHORA! Que esto pruebe en mostrar que verdaderamente tú eres uno de los Suyos en Jesucristo. Amén.