¿POR QUE YO?

“Pero Noé halló gracia en los ojos de Jehová” (Génesis 6:8)

Por Lasaro Flores

Es una palabra de gran esperanza para un pecador que se encuentra luchando y se halla condenado que a pesar de toda la corrupción y maldad en, y alrededor, de él, o ella, puede ser dicho de ellos como fue dicho de Noe que él “halló gracia en los ojos de Jehová”. Mas cuando así es con nosotros, será tan maravilloso que haremos la pregunta, "¿Por qué yo?" Tenemos que recordar que Noe no era diferente de cualquier otro pecador: Puede ser dicho de él como de cualquiera de nosotros: “No hay justo, ni aun uno. No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios” (Romanos 3:10, 11). Nunca falta, amados, que siempre que cualquiera de nosotros experimente la gracia de Dios, y nos sea revelado por el Espíritu Santo lo que éramos y lo que somos a causa del pecado, ¡nos hará preguntarnos por qué Dios aún nos consideraría en hallar gracia de Él! Como miramos los tiempos y la generación de Noe, él fue el único de quien es dicho que él “halló gracia en los ojos de Jehová”.

¿Qué nos dice esto? Que a pesar de que “vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5), (y Noe no fue exento de ello), todavía es dicho que “Noe halló gracia en los ojos de Jehová". ¿No es esto también verdad de todos nosotros? ¡Sí, así es! En cuanto a Dios, no hay ninguna diferencia entre nosotros y cualquier otro. “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque" (Eclesiastés 7:20). Así que, ahora que podemos decir con el apóstol Pablo, “Mas por la gracia de Dios soy lo que soy” (1 Corintios 15:10), fue simplemente porque Dios se complació ponernos en el lugar y momento oportunos para “hallar gracia en los ojos de Jehová”. Pero no fue porque nosotros lo buscábamos. ¡No! ¡Ni aún lo deseábamos!”

Ahora que vemos que esta gracia nos “es dada en Jesucristo” (1 Corintios 1:4); “la cual nos fue dada en (él) desde antes del principio de los siglos” (2 Timoteo 1:9), tenemos que doblar la rodilla humildemente ante Él con un corazón roto y agradecido y preguntar, "¿Por qué yo?” Tenemos que confesar que merecemos el infierno más profundo por nuestros pecados, que Dios tiene todo derecho de descartarnos de Su presencia, y que Su ira debe estar sobre nosotros y no Su amor eterno; no obstante, encontramos que multitudes de la raza humana que no tienen derecho a la Gracia de Dios han entrado a este mundo “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12), oyeron “el evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) y vieron la luz gloriosa de Su Gracia resplandeciendo de Su amado Hijo, el Señor Jesucristo; porque es sólo en Él que podemos recibir “gracia por gracia” (Juan 1:16). Verdaderamente, entonces, la respuesta a "¿Por qué yo?” es encontrado únicamente en que Dios “nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:6); o por decirlo de otra manera, nosotros hemos hallado gracia en los ojos del Señor porque Él nos ve en Jesucristo del principio y para siempre. ¡Aleluya!!!