LA
REDENCIÓN DEFINIDA
JESUCRISTO
MURIÓ POR LOS ELEGIDOS DE
DIOS
Por J.I. Packer (De Concise
Theology)
Yo soy el
buen pastor; y conozco mis
ovejas, y las mías me conocen. Como el
Padre me conoce, así también yo conozco al
Padre; y pongo mi vida por las ovejas (Juan
10:14-15).
Traducido
por Lasaro Flores
La
redención definida, a veces llamada la “redención
particular," o la
"expiación efectiva," y la "expiación limitada" es una
doctrina Reformada histórica acercas de la intención del
Dios trino en la
muerte de Jesucristo. Sin dudar el valor infinito del sacrificio de
Cristo o la
autenticidad de la invitación "quienquiera que quiera" de Dios a
todos los que oyen el evangelio (Apocalipsis 22:17), la doctrina
declara que la
muerte de Cristo realmente quita los pecados de todos de los elegidos
de Dios y
asegura que ellos serán traídos a la fe por la
regeneración y guardados en la
fe para la gloria, y que esto es lo que fue intentado lograr. De esta
claridad
y la eficacia sigue su limitadez: Cristo no murió en este
sentido eficaz por
todos. La prueba de eso, como la Escritura y la experiencia se unen
para
enseñarnos, es que no todos son salvos.
Las
únicas alternativas posibles son (a) el universalismo actual,
sosteniendo que
la muerte de Cristo garantizó la salvación para cada
miembro de la raza humana,
del pasado, del presente, y del futuro, o (b) el universalismo
hipotético,
sosteniendo que la muerte de Cristo hizo la salvación posible
para todos pero sólo
en verdad para los que añaden a ello una respuesta de fe y
arrepentimiento que
no fue asegurado por ello. Por lo tanto, los escogimientos son de una
expiación
de eficacia ilimitada pero de extensión limitada (el
particularismo Reformada),
o de uno de extensión ilimitada pero de eficacia limitada (el
universalismo
hipotético), o uno de eficacia ilimitada y extensión
ilimitada (el universalismo
verdadero). La escritura debe ser la guía en escoger entre estas
posibilidades.
La
Escritura habla de Dios habiendo escogido para la salvación un
gran número de
nuestra raza caída y habiendo enviado a Cristo al mundo para
salvarlos (Juan 6:37-40;
10:27-29; 11:51-52; Romanos 8:28-39;
Efesios 1:3-14; 1 Pedro 1:20). Es dicho regularmente de haber muerto
Cristo por
grupos o personas particulares, con la implicación clara que su
muerte aseguró
la salvación de ellos (Juan
10:15-18, 27-29; Romanos 5:8-10; 8:32; Gálatas 2:20, 3:13-14;
4:4-5; 1 Juan 4:9-10;
Apocalipsis 1:4-6; 5:9-10). Enfrentando
su padecimiento, él oró sólo por esos que el Padre
le había dado, no por el “mundo” (es
decir, el resto de la
humanidad, Juan 17:9, 20).
¿Es
concebible que Él disminuiría orar por cualquiera quien
Él intentaba de morir?
La redención definida es el único de los tres puntos de
vista que armoniza con estos
datos.
No
hay contradicción ni incoherencia en la enseñanza del
Nuevo Testamento acerca
de, por una parte, la oferta de Cristo en el evangelio, que cristianos
son
dichos de hacer conocido por todas partes, y, por el otro lado, el
hecho que
Cristo logró una redención totalmente eficaz para los
elegidos de Dios en la
cruz. Es una cierta verdad que todos los que vienen a Cristo en fe
encontrarán
misericordia (Juan 6:35,
47-51,
54-57; Romanos 1:16; 10:8-13). Los elegidos oyen la oferta de Cristo, y
en
oírla son llamados eficazmente por el Espíritu Santo. La
invitación y el
llamamiento eficaz fluyen de la muerte expiadora de Cristo. Los que
rechazan la
oferta de Cristo lo hacen por su voluntad propia (es decir, porque
ellos
escogen de hacerlo, Mateo 22:1-7; Juan
3:18), de modo que la perdición final de ellos es la propia
culpa de ellos. Los
que reciben a Cristo aprenden a darle gracias por la cruz como el
centro del
plan de Dios de la gracia soberana salvadora.