LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR JESUCRISTO
Por Lasaro
“Y el primer día de la semana, muy de
mañana, vinieron al sepulcro,
trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y
algunas otras mujeres
con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro. Y entrando, no
hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Y
aconteció, que estando ellas
perplejas de esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones
con vestiduras
resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra,
ellos
les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los
muertos al que vive? No está aquí, mas ha resucitado. Acordaos de
lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo:
Es necesario que el
Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea
crucificado, y resucite al tercer día” (
Años
atrás al estar enseñando en una clase adulta de
la Escuela Dominical, yo hice la pregunta, "¿Cómo fue el
Señor Jesús
resucitado"? Decir tristemente, una de la clase que había sido
miembro de
esta iglesia particular ya por muchos años; y por supuesto,
había sido
considerada ser una cristiana verdadera por todos que la
conocían contestó
reclamando que ella creía que Cristo fue resucitado como
espíritu. Después de
unos pocos minutos de discusión para clarificar lo que ella
significó
realmente, ella insistió todavía que tenía que ser
un espíritu. Así que yo le
dije que ella entonces creía como los Testigos de Jehová,
que niegan la
resurrección corporal del Señor Jesucristo. Naturalmente,
¡ella no le gusto oír
eso! Pero alabado sea el Señor, la próxima vez que la vi
(que fue una semana
después ya que venía de fuera el pueblo para suministrar
el púlpito), ella me
dijo que fue traída a ver (y de cierto, por la gracia de Dios)
que la
resurrección del Señor fue corporal; y ella lo
creía con todo el corazón que era
de acuerdo con la Palabra de Dios. ¡Aleluya!
Además, tuve que decirle que creer en la
resurrección
corporal era absolutamente esencial para uno tener una fe que salva en
el Señor
Jesucristo. En otras palabras, no es creer simplemente que Cristo fue
"resucitado", como los Testigos de Jehová y otros tales como
ellos
creen, sino que en el mismo cuerpo que nuestro Señor fue
crucificado y fue
sepultado, ¡Él fue resucitado también! Esto es
hecho muy claro por nuestro
Señor cuando Él se apareció a Sus
discípulos más tarde en ese día. Note que
cuando los dos discípulos que se encontraron al Señor
resucitado en el camino a
Emaús (vv.13-32) volvieron a Jerusalén y le dijeron a los
demás (vv.33-35), el
Señor Jesús se apareció a ellos: “Y
estando ellos hablando estas cosas, Jesús mismo se puso en medio
de ellos, y
les dijo: Paz a vosotros” (v.36). Pero note cómo los
discípulos
reaccionaron: “Entonces ellos espantados
y atemorizados, pensaban que veían un espíritu” (v.37).
La palabra “espíritu” puede ser
traducido
"fantasma". En otras palabras, ¡ellos pensaron que veían a
un
"fantasma"! Temo que para muchos "cristianos" profesos nuestro
Señor resucitado es todavía un "fantasma" para ellos; y
¡la cosa
triste acerca de esto es que ellos están en la iglesia!
No obstante, nuestro Señor compasivo
apresuradamente
les dice de otro modo diciéndoles “¿Por
qué estáis turbados, y suben pensamientos en vuestros
corazones? Mirad mis
manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; que un
espíritu no tiene
carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y habiendo
dicho esto, les mostró
las manos y los pies” (vv.38-40).
En otras palabras,
"¿Por qué están pensando de esa manera?
Míreme, y tócame; y podrán sentir
que soy carne y huesos. ¡Si fuera un espíritu ustedes no
podrían hacer eso!"
Además de eso, para probar que Él estaba allí con
ellos en un cuerpo de carne y
huesos, Él les preguntó, “¿Tenéis
aquí
algo de comer?”; es decir, alimentos (v.41). “Entonces
ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de
miel. Y
Él lo tomó, y comió delante de ellos” (vv.42,
43). ¡Qué confirmación más grande hay que la
resurrección del Señor fue
corporal que Él comiera alimento físico sólido!
Cualquier otro argumento para
probar de otro modo es insensato; y sería el paradigma de la
incredulidad de
negar la resurrección corporal de nuestro Salvador.
A más de esto, en ningún lugar en las
Sagradas Escrituras
es la doctrina de la Resurrección jamás considerada ser
del
"espíritu"; al contrario, siempre tiene la referencia a una
resurrección corporal, no sólo del Señor
Jesús mismo, pero también de los
santos y de los perdidos. Note primero que las mujeres que vinieron al
sepulcro
“no hallaron el cuerpo del Señor
Jesús”
(v.3); y la razón fue porque Él ahora estaba VIVO y no
era de ser encontrado “entre los muertos”
(v.5); pero Él “no está aquí,
mas ha resucitado” (v.6)
se les dijo. Otra vez, esto lo hace muy claro que Su
resurrección fue corporal;
y así que esto será verdad de cada persona, o sea si son
creyentes o no, pero
con una diferencia muy distinta según al Señor
Jesús mismo cuando Él dijo: “No os
maravilléis de esto; porque viene la
hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su
voz; y los que
hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; y los que
hicieron mal, a
resurrección de condenación” (
Pero note que el Señor Jesús hace claro que
la esperanza
de la “resurrección de vida”
depende
de lo que uno cree AHORA con respecto a ÉL: “Jesús
le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en
mí, aunque esté
muerto, vivirá.
Y todo aquel
que vive y cree en mí, no morirá eternamente.
¿Crees esto?”
(25, 26). ¿Qué fue la respuesta de la fe verdadera que
salva de Marta? “Ella le dijo: Sí,
Señor, yo he creído que
tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que había de venir al
mundo” (v.27). Como
pueden ver, amados, la fe verdadera que salva es conectada, no
sólo creyendo
que Jesús es “la resurrección y la
vida”,
pero ¡que Él es “el Cristo, el Hijo de
Dios”! Esto es lo que el apóstol
Pablo declara en Romanos 1 que “Jesucristo,
nuestro Señor, que fue hecho de la simiente de David
según la carne…fue
declarado ser el Hijo de Dios con poder, según el
Espíritu de santidad, por la
resurrección de entre los muertos” (vv.3, 4). Luego en
1 Corintios 15 él
declaro que “si Cristo no resucitó, vana
es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra
fe… Y si Cristo
no resucitó, vana es vuestra fe; aún estáis en
vuestros pecados"
(vv.14, 17). Pero, ¡gloria sea a Dios, porque nuestro Salvador
precioso está
VIVO! Sí, Él tomó nuestros pecados sobre Él
mismo en la Cruz y pagó por ellos
por el derramamiento de Su sangre preciosa, y los llevó a la
tumba cuando Él
fue sepultado; pero ¡oh! ¡Aleluya! A resucitar, todos
permanecieron atrás, idos
para siempre; porque Él echó “en lo
profundo del mar todos nuestros pecados” (Miqueas 7:19).
Ahora,
vamos hacer algunas observaciones breves con
respecto a la Resurrección de nuestro Salvador precioso, el
Señor Jesucristo.
Ellos necesariamente no serán cronológicos y ni
exhaustivos, sino que nos dará
la base sobre la cual al fe salvadora es establecida para nuestra
esperanza de
la gloria eterna con nuestro Señor resucitado, “quienes
por Él creéis en Dios, el cual le resucitó de los
muertos, y
le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios”
(1 Pedro
1:21), “sabiendo que el que resucitó al
Señor Jesús, a nosotros también nos
resucitará por Jesús” (2 Corintios
4:14), “para alcanzar la gloria de
nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 2:14).
¡Aleluya! ¡Amén!
Pero
primero,
la resurrección corporal del Señor Jesucristo confirma la
veracidad de la Palabra
de Dios. Ya que nuestro texto (
En
segundo
lugar, si la resurrección corporal de Cristo no es verdad,
entonces nuestra fe
es vana; y si nuestra fe es vana, entonces todavía estamos en
nuestros pecados;
y si todavía estamos en nuestros pecados, eso significa que
todavía estamos
perdidos, “sin esperanza y sin Dios en el
mundo” (Efesios 2:12). Ya ven, amados, hay tal cosa como
creer “en vano”, como el apóstol
Pablo indica
en 1 Corintios 15:2, cuál capítulo tiene que ver con la
resurrección del Señor
Jesucristo y la esperanza que tenemos por causa de ella (vv.12-18). En
otras
palabras, nuestra fe sería una fe “fútil”,
es decir “sin razón, o sin efecto”
(Diccionario Griego de Strong) si la resurrección del
Señor no fue corporal;
porque entonces nuestra fe sería "vacía" en vez de “la sustancia de las cosas que se esperan,
la demostración de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).
¡Eso significaría
también que Su muerte por nuestros pecados sería sin
cualquier efecto en que Su
cuerpo estaría todavía en la tumba! Pero porque “Dios (lo) resucitó, habiendo soltado los
dolores de la muerte, por
cuanto era imposible ser retenido de ella” (Hechos 2:24);
por lo tanto, “si confesamos con (nuestra) boca al
Señor
Jesús, y creemos en (nuestro) corazón que Dios le
levantó de los muertos,
seremos salvos” (Romanos 10:9) porque
¡¡¡ÉL ESTA VIVO!!!
¡¡¡Aleluya!!!
Luego, terceramente,
la resurrección de nuestro Salvador glorioso, no sólo
tiene que ver con el
perdón de nuestros pecados, pero también con nuestra
justificación. Ya ven,
amados, no sólo necesitamos la purificación de nuestros
pecados por Su sangre
pero también necesitamos una justicia para poder entrar en la
presencia de
Dios; porque “ésta es la puerta de
Jehová, por ella entrarán los justos” (Salmo
118:20, 19). Por lo tanto, leemos
que nuestro Salvador “fue entregado por
nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra
justificación” (Romanos
4:25). Si Cristo no hubiera resucitado eso significaría que
nuestros pecados no
han sido perdonados, pero en Su resurrección como lo pone el
Comentario de
Mathew Henry, fue 'para el perfeccionar y completar nuestra
justificación. Por
el mérito de su muerte él pagó nuestra deuda, en
su resurrección él cumplió
nuestro descargo. Cuándo él fue sepultado él era
como un preso en la ejecución
de nuestra deuda, que como un fiador él había emprendido
a pagar; en el tercer
día un ángel fue enviado a quitar la piedra, y así
en descargar al preso, fue
la certeza más grande posible que la justicia divina fue
satisfecha, la deuda
pagada, si no él nunca habría liberado al preso: y por lo
tanto el apóstol pone
un énfasis especial en la resurrección de Cristo'. Por lo
tanto, la
resurrección de Cristo garantiza que seremos declarados justos
por la fe en el
Señor Jesucristo (Romanos 5:1), cuya Justicia es imputada a
nosotros al momento
que creemos en Él para nuestra salvación. Amén.
En el cuarto
lugar, a causa de la resurrección corporal de nuestro
Señor, quien es nuestra “esperanza de
gloria” (Colosenses 1:27),
ahora tenemos la promesa de un cuerpo glorioso en la
resurrección. No, amados,
nosotros no atravesaremos la eternidad como espíritus
incorpóreos, ni somos
aniquilados como algunos creen, sino seremos dados cuerpos gloriosos
como el de
nuestro Salvador precioso para que puédanos estar en la gloria
con Él; “mas nuestra ciudadanía
está en el cielo, de
donde también esperamos al Salvador, el Señor Jesucristo; el cual
transformará nuestro cuerpo vil, para que sea semejante a su
cuerpo glorioso,
según el poder con el cual puede
también sujetar a sí todas las cosas” (Filipenses
3:20, 21). Además, el apóstol
Finalmente, nos recordaremos que estas verdades con
respecto a la resurrección de nuestro Señor no es solo
algún conocimiento
teológico que mantenemos en nuestras cabezas para ayudarnos
entender las
doctrinas “del evangelio de la gracia de
Dios” (Hechos 20:24); al contrario, amados, ellas son
verdades prácticas que
deben ser evidentes en nuestras vidas. En otras palabras, amados, estas
verdades maravillosas han de afectar la manera que vivimos como
discípulos del
Señor Jesucristo. El apóstol Pablo lo pone de esta
manera: “¿O no sabéis que todos los
que hemos sido bautizados en Cristo Jesús,
hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos
sepultados con Él en la
muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los
muertos por la
gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad
de vida”
(Romanos 6:3, 4). “Y cualquiera que tiene
esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así
como Él es puro” (1